DIMITRI SOKOLOV Sienna parecía un bello ángel, con sus cabellos rojos esponjados y rebeldes, con sus ojos negros brillando como un par de obsidianas y esa piel tersa. Levantó a la pequeña Mía, quien arrugó su nariz y apretó sus ojitos al sonreír. Parecía un hábito heredado de su propia madre, así como su belleza. Mía sería tan bonita como Sienna y ya podía imaginarme amenazando a cualquier imbécil que se atreviera a pretenderla. Me levanté y caminé hacia ellas, con cautela, no quería romper con esa burbuja, quería… guardarme esa imagen en mi memoria. Entonces ambas voltearon al mismo tiempo, con una atención inocente y natural. Ojos negros y azules, tan bellos, pero los negros eran los que más me ponían nervioso. —Qué bueno que regresaste… —susurró Sienna con una sonrisa gentil. —Me

