DIMITRI SOKOLOV —Pensé que estabas embarazada —continué la conversación una vez que el cantinero le sirvió su trago. —No, aún no… —respondió torciendo los ojos, estaba demasiado borracha como para importarle decir la verdad—, pero pronto lo estaré. Aún tengo tiempo. —Supongo que le mentiste a tu prometido para acelerar la boda —dije con calma, encogiéndome de hombros. Entonces sus ojos giraron hacia mí y noté ese brillo de lujuria. —Tal vez quieras ayudarme con eso —susurró acercándose de manera provocativa—. Aún deseo que veas cada uno de mis lunares. —¿Qué diría Leonardo de este comportamiento? —pregunté con media sonrisa, fingiendo que no me molestaba del todo su acercamiento. —No tiene por qué saberlo —agregó y posó su dedo en mis labios, revolviéndome el estómago—, pero… si

