Capítulo 3: Demuestra tu inocencia

1199 Words
SIENNA RINALDI —¡Sienna! ¡¿Cómo estás?! —exclamó Marlene abrazándome con fuerza, tanta que sentía que cada pedazo roto en mí volvía a pegarse—. Lamento tanto todo lo que está pasando. Sus palabras de aliento ablandaron mi corazón y lograron hacerme llorar. No estaba lista para ser fuerte, levantar la frente y seguir. El mundo se caía sobre mí y mis brazos no eran lo suficientemente fuertes para sostenerlo. —Todo estará bien, ya verás. Las cosas se arreglarán —agregó frotando mis brazos cuando de pronto su mirada se desvió hacia la entrada de la cocina, donde mi vecino veía en silencio. Hasta ahí llegó la preocupación de mi amiga. Mientras me limpiaba las lágrimas de las mejillas, ella se acercó a él, haciendo que cambiara su peso de un pie a otro, notándose presumiblemente incómodo. —¡Gracias por ayudar a mi amiga! —soltó con gratitud fingida mientras lucía el escote pronunciado de su blusa—. Ella es muy importante para mí y… me encantaría invitarte un café para agradecerte como se debe. Metió sus manos en los bolsillos traseros de su pantalón, mientras se mecía, haciendo que su escote se abriera más y sus pechos fueran más visibles. Era una técnica que nunca fallaba, había visto a muchos hombres caer en sus encantos y al principio pensé que mi vecino también lo haría, sus ojos estaban atentos a sus pechos, pero no había deseo en su mirada, más bien curiosidad. —Es mi marca de nacimiento —soltó Marlene mordiéndose los labios con deseo. Se refería a ese «lunar» en forma de corazón que tenía en su seno izquierdo. Solo yo sabía que era un tatuaje—. Cuando quieras puedes descubrir el resto de mis lunares. Mi vecino torció los ojos con fastidio y la rodeó, directo hacia la mesa donde estaba el recipiente con comida aún caliente que me había preparado. —No te metas en más problemas —dijo con esa voz gruesa que a veces sonaba más como un gruñido—, y si lo haces, no te me acerques. ¿Entendido? Le ofrecí una sonrisa apenada y asentí. Entonces mi bebé comenzó a moverse y por inercia tomé su mano y la posé en mi abdomen con emoción. —¡¿Lo sientes?! —pregunté viéndolo a los ojos. Su cuerpo se tensó y parecía querer alejarse, pero mantuvo su mano que casi cubría la mitad de mi barriga. El bebé se frotó contra su palma como si quisiera rascarse la espalda y mi vecino se empezó a relajar, incluso noté una sutil sonrisa, apenas levantaba la comisura de su boca, pero estaba ahí—. Creo que también quería agradecerte. Nos vimos por largo tiempo a los ojos, sin ninguna expresión, sin ninguna palabra, solo dejando que los segundos pasaran, que nuestras respiraciones fueran lo único que se escuchara. Una clase de tregua a su mal genio y a mis lágrimas. —Bueno, espero no estar interrumpiendo, pero… creo que es hora de que nos vayamos —agregó Marlene encogiéndose de hombros, entendiendo que había fallado en su plan, pero sin hacer notoria su frustración. Entonces quité mi mano de la de mi vecino y él despegó la suya de mi vientre. —Cuídate, Sienna. —Retrocedió con paso pesado y asintió, como si eso fuera lo que necesitaba para por fin dejarme salir de su casa. —Cuídate… tú también. —Apreté el recipiente con comida contra mi pecho antes de salir de ahí. Volver a ver la casa que un día fue mi hogar dolió, pero por suerte terminaba buscando a mi vecino con la mirada, encontrándolo plantado en su puerta, viéndome con los ojos entornados y las manos escondidas en los bolsillos de sus pantalones. Era como una manera de distraerme del dolor, de recordarme que no estaba sola, que siempre había alguien allá afuera dispuesto a ayudar. *** El departamento de Marlene no era grande, pero si acogedor y olía a ella, a su perfume. Se dejó caer en el sofá y con unas palmaditas me invitó a sentarme a su lado. —Hay un video… —susurré queriendo empezar por algún lado la conversación. —Lo sé —contestó encogiéndose de hombros y el estómago se me revolvió—. Me lo envió Leonardo pidiéndome explicaciones. —No soy yo. —Cada vez que lo decía sonaba más hueco, como si ese video fuera más real que la verdad. —Lo sé, te conozco, eres incapaz de algo así —contestó Marlene abriendo los ojos con esa mezcla de sorpresa y horror—. ¡Dios! ¿Quién hizo algo así? —Leo no me cree… ni siquiera quiso hablar. Solo… me sacó de su vida sin buscar explicaciones —dije con la mirada perdida, recordando el odio con el que me habló y esa voz cargada de desprecio. —Mañana será otro día —contestó Marlene abrazándome con fuerza—. Encontraremos la manera de arreglar esto. Esa noche dormí en su cama, sintiéndome ajena, sin poder creer lo que había pasado. No supe cuánto tiempo me quedé viendo el techo hasta que por fin el sueño me venció, pero solo me trajo pesadillas. *** —¡Buenos días, estrellita! —exclamó Marlene en cuanto me vio entrar a la cocina y me ofreció una taza de café—. Descafeinado para ti, no quiero que el bebé sufra de insomnio. Sonreí y tomé la taza, pero me encontraba sin apetito y viéndome como perro apaleado. —¿Mala noche? —preguntó con preocupación, acariciando mi brazo intentando reconfortarme. —No puedo quejarme… —susurré—. Tu dormiste en el sillón. Lo siento. —Sienna, eso no importa. Sé que duele, pero el bebé te necesita. —Intentó consolarme hasta que escuchamos que alguien tocaba la puerta con insistencia. ¿Quién podía ser tan temprano? En el fondo guardaba la esperanza de que fuera Leonardo queriendo arreglar las cosas. —Espera aquí —dijo Marlene antes de caminar hasta la puerta. Pude escuchar como quitaba la cadena antes de abrirla—. ¡Oigan! ¡Este es mi hogar! ¡No pueden entrar así! Exclamó furiosa ante la invasión. Cuando me asomé vi a los padres de Leonardo, buscándome como perros de cacería, olfateando mi miedo y presumiendo su arrogancia. —Siempre supe que eras una interesada, que solo buscabas lo que mi hijo te podía ofrecer, pero… ¿una zorra tan vulgar? Eso fue nuevo —dijo mi suegra con burla, sintiéndose victoriosa. —No voy a perder mi tiempo queriendo convencerlos de que ese video es falso, no lo valen —sentencié con molestia, encarándolos con ferocidad, aunque me quería caer a pedazos—. ¿Por qué no disfrutan que su hijo me sacó de su vida en otro lado? —Estamos aquí para la prueba de paternidad —dijo mi suegro con firmeza y calma, aunque sabía que también estaba feliz de verme caer—. Esta es tu oportunidad, Sienna. Si ese niño es de Leonardo, puede que reconsideremos la veracidad de ese video. »¿Para qué seguir dándole vueltas?
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