SIENNA RINALDI Me quedé sin palabras al ver como ese policía le temía a Dima. Una vez que se cerró la puerta solo escuché sus pasos alejándose para volver a su despacho. Aunque la mirada de Nikita me advertía que no lo siguiera, mis pies no me obedecieron. Corrí detrás de Dima y detuve la puerta antes de que la cerrara, encontrándome con sus ojos turquesa. —¿Podemos hablar? —pregunté con timidez. No parecía tener ganas de acceder. Después de un resoplido apenas notorio, Dima se apartó de la puerta dejándome entrar. El lugar representaba muy bien su esencia. Oscuridad y misterio. —No puedes seguir metiéndote en problemas —dijo con calma acercándose a la botella de cristal cortado, sirviéndose un trago. —No soy yo, es la gente estúpida allá fuera llevando mi paciencia al extremo —solt

