— No, pero que pereza... Sol vuelve a esconderte —me quejo cuando un rayo de sol se cola por las cortinas y me despierta. Me giro y veo la hora. Son las once y cuarenta y siete de la mañana. — Qué horror, quiero dormir —grito y me tapo nuevamente con las mantas. Pero poco me duran las ganas de dormir cuando recuerdo todo lo que hice anoche. Mierda, soy la peor, ¡soy la reina de las fáciles! Me siento mal, me duele la cabeza y tengo sed. Tengo que dejar de beber, y es enserio, un día voy a terminar en Las Vegas, acostada con un hombre desconocido y con un anillo en el dedo. Tengo que parar con las juntas con Hannah. Me destapo y de malas ganas me levanto. Es como si un camión me hubiera pasado por encima. Me voy al baño y me doy una relajante ducha. Alexander se me viene a la mente

