2. Vivir ahí...

1587 Words
Kyra Asentí y me senté, procurando que mis manos no traicionaran mi nerviosismo. Sentía su mirada clavada en mí, y yo evitaba verlo directamente a los ojos. Saqué con cuidado el sobre que contenía mi currículum y algunas cartas de referencia, y lo deslicé sobre el escritorio de roble con ambas manos. —Traje mi hoja de vida, junto con referencias anteriores —dije, intentando que mi voz sonara firme. Él tomó el sobre sin apuro, hojeó algunos papeles, asintiendo apenas. —Veamos… —murmuró, leyendo—. Tienes experiencia con los niños —Sí, he trabajado como niñera en varias ocasiones. Me llevo bien con los niños, suelo conectar fácilmente con ellos. Como puede ver tengo muy buenas referencias. —Ya las veo aquí —respondió sin expresión—. Eso está bien. ¿Está enterada de que este no es un trabajo común? Parpadeé. —¿Perdón? —No es un niño cualquiera. Es mi hijo. Tiene casi cinco años. Y no le agradan los extraños. Mi corazón dio un vuelco. —Comprendo… —susurré. —Y espero absoluta discreción. No me interesa su vida privada, señorita Laurent, pero sí me interesa que la mía no se vea afectada. ¿Lo entiende? —Sí, claro —afirmé. Él cerró la carpeta y se apoyó ligeramente en el respaldo. —¿Está dispuesta a vivir en la propiedad? El trabajo requiere disponibilidad total. En la casa tendría su propia habitación privada, quiero que mi hijo tenga la mejor atención. Vivir ahí… ¿Eso qué significaba para mis estudios? ¿Y el club? —¿Podría… conocer el horario con exactitud? Estoy cursando una carrera y no quisiera abandonarla. Sus ojos se estrecharon apenas. —Eso se puede conversar, si demuestra ser responsable. La educación es importante. Pero primero, necesito saber si puede en verdad cuidar de mi hijo. Guardamos silencio. Él me observaba, como si intentara leer mi alma. —¿Por qué desea este trabajo? —preguntó repentinamente. No esperé esa pregunta. Mi voz salió sin pensarlo: —Porque… necesito que algo en mi vida funcione —murmuré. “Y porque sé cuidar, incluso cuando yo misma estoy rota” —fue algo que no me atreví a decir. —Creo que lo principal es el dinero. No soy una interesada, pero necesito el trabajo para cubrir mis estudios. Amo a los niños, y sé que cuidaría muy bien de su pequeño. —Bien. La evaluaré. Como imaginará, no es la única candidata. Pero si queda seleccionada, la llamarán antes del final de la semana. ¿Tiene alguna pregunta? Negué con la cabeza, incapaz de decir más sin delatar la emoción en mi voz. —Puede retirarse, señorita Laurent. Me puse de pie. —Gracias por su tiempo, señor Leroy. Él no respondió, solo asintió una vez. Salí de la oficina sintiendo que había cruzado una línea invisible. Algo me decía que este trabajo cambiaría todo. Para bien… o para mal. … Una hora después estaba en casa, esperaba en verdad quedar seleccionada, pero se que habían personas más aptas para ese puesto, aunque no se si el trabajo en verdad sea para mi. Aceptarlo implicaría dejar a mamá y a Camille, yo necesito estar pendiente de ellas no puedo dejarlas solas. —¿Cómo te fue hija? —pregunta mamá al verme. —Pues creo que bien —respondí tomando asiento. —¿Por qué no estas emocionada si te fue bien?. —No creo que vaya a aceptar ese trabajo mamá, el padre del niño quiere que vaya a vivir a su casa, no puedo dejarte a ti y a Cami solas. —Por favor Kyra deja de pensar en eso, lo importante es que tu te sientas bien ¿Crees que es un buen trabajo?. —Posiblemente si, pero… —Pero nada, quizas esta sea tu oportunidad, quizas en ese trabajo puedas ganar mas y ya no necesites trabajar de noche, no me guste que andes por la calle sola en horas de la madrugada —mamá tomo mi mano con delicadeza— Llevas una carga que no te corresponde y lo que más desearía es librarte de ella. —Ustedes me necesitan mamá. —Tambien debes de pensar en ti Kyra ¿Qué es lo que haces por ti? Yo solo soy una carga para ti y Camille… —Mamá no, ustedes no son una carga, hago todo por ustedes y por mi, para que un día podemos vivir tranquilas. —Los intereses crecen cada vez mas Kyra y esos hombres… —Lo lograremos mamá, lo haré… —Pues si tu sigues así yo también buscaré trabajo y te ayudare, juntas seria más fácil. —No. Tú debes descansar y solo preocuparte por Camille, lo demás lo resuelvo yo ¿de acuerdo?. —Pero prométeme que si te dan el trabajo lo aceptaras, creo que será mejor para ti. —Hablaremos de eso luego, iré a hacer unos trabajos de la universidad. —Esta bien anda, te llevare algo de comer —asentí. Me fui a la habitación, me quite los zapatos y me vi en el espejo un par de horas más y debía convertirme en Afrodita. Ella demostraba fuera y valentía al bailar parecía que nada la derrumbaba y yo… Kyra, era una chica con miedo a todo lo que había allá afuera, con miedo a no poder lograr nunca lo que una vez quise. No solo tengo en mis manos mi futuro, sino también el de Camille. …. El reloj marcaba las 20:12 cuando cerré la cremallera de la mochila negra. Me até el cabello en una coleta baja y me puse el uniforme de camarera: pantalones negros, camisa blanca, una chaqueta encima. Nadie sospechaba con esa ropa. Nadie imaginaba la otra versión de mí. —¿Ya te vas, hija? —preguntó mamá desde la mesa del comedor, donde aún estaba doblando ropa. Camille ya estaba en la cama, habíamos cenado las tres juntas como siempre. —Sí, mamá. Esta noche me toca cerrar en el bar. Volveré tarde —dije mientras me ponía las zapatillas deportivas. No mentía del todo. El bar existía. Solo que no era camarera, ni mesera. Era la atracción principal. Y mamá nunca preguntaba mucho más. —¿Tienes para el metro? —Sí. No te preocupes —me acerqué, le di un beso en la mejilla. —Lleva abrigo. El aire de París está húmedo hoy —me advirtió. —Lo sé. Cuida a Cami por mí. —Siempre —respondió. Su voz sonó débil. Estaba teniendo otra de sus semanas difíciles. Salí de casa y avance a pasos rapidos. Tomé el metro en la estación, como cada martes. Bajé la mirada en todo el trayecto. No quería hablar con nadie. No quería mirar a nadie. Quería desaparecer… para convertirme en otra. …. A las 21:01 entré por la puerta lateral. Alicia ya me esperaba. Llegaba un minuto tarde, pero cuando ella estaba de mal humor, ese minuto era una eternidad. —Llegas justo. Vas en segundo turno. Tenemos público fino hoy, así que sin inventar con la coreografía —dijo mientras revisaba el orden. —Entendido —respondí. Ya sabía cómo funcionaba esto. Fui al vestidor. En ese lugar estaba todo mi vestuario. No lo llevo a casa porque mamá podría encontrarlo… y entonces descubriría mi mentira. Al entrar, veo que Nath aún no llega. La luz del vestidor es tenue. El foco sobre el espejo parpadea una vez antes de estabilizarse. Las demás chicas hablan entre ellas, se maquillan, ríen con nerviosismo. Yo estoy sentada sola, frente al espejo, con la peluca sobre las piernas y el antifaz entre los dedos. Respiro hondo. El maquillaje cubre mis ojeras, pero no el cansancio que llevo en el alma. Coloco con cuidado la peluca sobre mi cabeza. Me observo. La imagen que me devuelve el espejo es la de Afrodita: labios rojos, ojos delineados con intensidad, la melena rojiza cayendo sobre los hombros. Pero yo no veo eso. Yo veo a mi padre. A él, tomándome de la mano cuando tenía apenas seis años. A él, haciendo malabares con las cuentas para pagar mis clases en la academia. A él, aplaudiendo con orgullo desde el fondo del salón durante mi primera presentación escolar. Cierro los ojos. —No es esto lo que querías para mí… lo sé —susurro—. Pero es lo que tengo. Me inclino hacia adelante, saco de la mochila una pequeña cadena. La medalla que me regaló él. Paso el dedo por encima. —Sigo bailando, papá. A mi manera. Aunque el escenario no sea un teatro. Aunque el público no sepa mi nombre. Sigo bailando… porque cuando dejo de hacerlo, me olvido de quién soy. Afuera, la música cambia. Me están llamando. Abro los ojos. Me pongo de pie. Ajusto el body y la falda, me coloco el antifaz y los tacones. Afrodita ya está lista. Pero en lo profundo, soy Kyra. Y esta noche, como todas las noches, no bailo para ellos. Y antes de salir, recuerdo las palabras de papá: "Si vas a luchar por algo… que sea por lo que te haga brillar." Y aunque ahora brille entre sombras… Sigo intentando. Me acerco a la cortina del escenario. Las luces se encienden. El presentador murmura mi nombre escénico. Aplausos. Murmullos. Expectación. Yo doy el primer paso. Y empiezo a bailar. Algún día seré más que esto… Yo amo bailar… mis sueño era hacerlo en un escenario pero no en este, no así…
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