Raffael.
Era una gran semana.
Los negocios marchaban en el éxito acostumbrado. Había logrado firmar un acuerdo con el gobierno, para publicitar la marca de turismo del país. Y mi venganza contra la mujer loca de la cafetería había sido un momento de rotundo placer.
Nadie puede meterse conmigo sin salir ileso. Esa era una de mis insignias de vida. Fue fácil destruirla sin siquiera demandarla, solo encontré su punto débil: El negocio familiar. Quitarle lo que más quería era mi venganza por tratarme en la forma en la que lo había hecho.
Su error había sido, creerse una heroína y equivocarse de acosador. Yo no era de esos que se sobrepasaban con una mujer. Eso era una vileza que le dejaba a los cobardes. Por ello debía darle un escarmiento a Lena Doyle. Para que aprendiese a no ir por la vida siendo una justiciera sin antes cerciorarse de castigar a los correctos.
En fin, dejaría atrás ese asunto, excepto que en ese lugar tenía pensado construir una nueva sucursal de RED. Decisión que debía presentarla a papá para su aprobación. RED no me pertenecía aún, sin embargo mi padre no dejaría en otras manos la empresa o al menos eso creía.
Papá había regresado al país proveniente de Tailandia. Visitar países asiáticos era su pasatiempo desde la muerte de mamá. Un día decidió marcharse y dejar la compañía en mis manos temporalmente.
Habían pasado años desde ese entonces. y ahora con su regreso, nos había citado a George mi hermano mayor y a mí en un restaurante.
George era un hijo de puta.
George era mi peor enemigo.
George me había traicionado de la manera más vil. Lo odiaba y él a mí.
Los tres comíamos una cena tradicional coreana. La comida favorita de papá. George me había ignorado toda la velada y yo estaba bien de esa manera, sin dirigirle la palabra a un traidor como él.
— Regresé al país para conocer cómo están ustedes dos y ni siquiera se ha dirigido la palabra. Me estoy volviendo más viejo y no quiero morir sabiendo que ustedes dos se odian.
Papá nos vio a ambos con tristeza. y nosotros no fuimos capaces de vernos el uno al otro.
— Así que si quieren pelear de verdad... van a tener que competir por la empresa.
No creí que las palabras de mi padre fueran en serio. George bebió de su copa con una sonrisa de lado. Sabía que había estado esperando ese momento en el que papá tomaría la decisión de heredar la empresa.
— ¿Competir?
Pregunté aún anonadado.
— ¿Eres sordo o estupido?
George me preguntó.
— La pregunta era para mi padre.
Nuestro padre asintió.
— Creí que estabas satisfecho con mi trabajo como presidente y los logros que he obtenido.
— En eso no te equivocas. Pero tu hermano también tiene derecho a demostrar su capacidad dentro de la empresa. ¿Has olvidado el motivo por el cual la dejé a tu cargo?
Negué.
— Entonces sabrás que ese es un tema del pasado y que espero ya hayas superado. Además deberías aprender de George, está casado, tiene una familia estable y nunca ha estado involucrado en escándalos mediáticos cómo tú con todas esas modelos que contratas para los comerciales.
George reía en mi cara. Claramente él había informado a mi padre de todos mis actos.
— Están empatados por el momento. Tú por el buen desempeño como presidente y él ha demostrado ser un hombre centrado y responsable.
— La familia no tiene que ver con los negocios.
— Te equivocas sin familia no hay negocio. Que eso nunca se te olvide es mi última palabra.
— Pero yo estoy comprometido.
Mentí.
George pareció sorprenderse así, también papá.
— Estoy enamorado de una mujer maravillosa.
Había mentido otra vez. Los sentimentalismos le agradaban a papá.
— Quiero conocerla. Debes presentarla cuanto antes para comprobar que al fin estás asentando cabeza.
— Esa es otra de sus mentiras improvisadas.
Dijo George alterado al notar que estaba ganando.
— Eso está por verse. Programaré una cena la próxima semana para que la presentes ante la familia y allí comprobaré si estás mintiendo.
Un punto a mi favor. George me había quitado lo que más quería y por ello le dejaría sin nada.
No terminé mi cena.
— Debo irme padre, justo voy a verme con mi prometida.
— Me parece bien que le des de tu tiempo.
Mi padre me dio un abrazo.
— Recuerda, quiero conocer a mi nuera.
Salí del restaurante a prisa. Ahora tenía un problema por solucionar. En ese instante debía buscar a alguien para que se convirtiese en mi prometida aunque fuese solo una mentira. Lo importante era no perder mi posición y menos en manos de George.
Llamé a la única persona de confianza que tenía. Necesitaría su ayuda.
— Alo, Raffael. ¿Qué haces llamando a esta hora?
— Tengo problemas.
— Me necesitas como tu mejor amigo o como tu abogado.
Philipp Guil. preguntó.
— Cómo ambos. Te veo en mi apartamento.
Al llegar a mi apartamento, Philippe me esperaba fuera.
— Creí que estabas aquí.
— Olvidé mencionarte que la cena con mi padre era hoy.
Entramos al apartamento, encendí las luces y le ofrecí algo de beber a Philipp.
— ¿Ha ocurrido algo malo?
— Las cosas han cambiado, con mi padre en el país puedo quedarme sin la agencia. Nos ha puesto a competir a George y a mí por la presencia.
Philipp entendió la delicadeza del asunto.
— Entonces sí es algo malo. Tu hermano no juega limpio, ya lo ha demostrado antes.
Philipp se detuvo a tiempo. No quería escuchar sobre la traición de George.
— Debo presentarle a mi prometida la próxima semana para comprobarle que estoy sentando cabeza y en realidad deseo seguir al frente de la empresa.
— Pero no estás comprometido.
— Es el asunto por el que te llamé. Debemos buscar una mujer que se haga pasar por prometida, mientras papá me hereda la compañía.
— Samantha Bridge es una buena opción. Ya se conocen demasiado bien y...
Philipp no lo pensó dos veces al decir su propuesta.
— No, Samantha no. No quiero que sea del medio, papá está al tanto de mis deslices.
— ¿Entonces un requisito es que no sea famosa?
Asentí y el quedó levitando en sus pensamientos.
— ¿Qué mujer firmaría un contrato para ser mi prometida por cierto tiempo? Alguien que tenga algo que perder y yo pueda ofrecerle una salvación a cambio. Alguien que sea perfecta para el papel. Una mujer que pueda dominar y sea agradable ante los ojos de mi padre.
— La única que reúne esas cualidades es la señorita Lena Doyle.
La propuesta me pareció descabellada. Jamás me había imaginado al lado de una mujer como Lena Doyle. Era un rotundo.
— ¿La loca de la cafetería?
Philipp asintió.
— Ella tiene algo que perder y tú puedes devolvérselo. No creo que se niege a esa oferta. Además es una mujer hermosa y no puedes negarlo.
Philipp tenía razón en que ella no rechazaría la oferta de un contrato, porque quería devuelta el local para su cafetería y también tenía razón en que era una mujer hermosa
Sin embargo, ella no entraba en mis estándares. Yo quería una mujer a quien pudiese dominar y ella no parecía de ese tipo. Más aún cuando solo se trataría de una mentira.
— Ya sé que estás pensando en que es una mujer difícil pero para ello redactaremos un contrato con los términos necesarios de lo que podrá hacer y lo que no. Así podrás tener el mando siempre.
— ¿Crees que sea lo correcto?
— No lo sé, pero es la única, escucha bien, es la única opción que tenemos.
Era cierto, no tenía más alternativas y tampoco tenía tiempo.
Philipp hizo una pausa y me vio a los ojos. Pensé que diría una broma pero, lo que dijo no era un broma, sino una advertencia.
— Solo no te enamores.
Me reí.
— Bien, llamemos a Lena Doyle para que sea mi prometida por contrato.
¿Enamorame de esa loca?
"Jamás" pensé...