PVO Cassidy.
A pesar del shock que estaba sufriendo, tomé mis zapatos y me cubrí con la sábana que tenía. ¿Mi ropa? Vaya Dios a saber dónde quedaron regadas y no, no quiero ni recordar.
—Carajo, no. —Solté al darme cuenta de que la puerta tenía seguro—. Por favor, ábrete ya, ábrete ya, por lo que más quieras, no me dejes en manos del lobo feroz.
Pero fue inútil. Ni Dios ni el diablo me escucharon. Lo que sí pude oír fue el crujido de la puerta del baño al abrirse. Y yo maldije mi mala suerte.
—¿Pensabas irte sin despedirte? —bufó con un toque de burla en su voz —. Eso es de muy mala educación, Cassidy. ¿Acaso eso le enseñaron sus padres?
¿Y a este quién le ha dado la confianza de llamarme por mi nombre?
—Óigame, Sr. que no recuerdo, ni quiero recordar, usted a mí no me llama no me...
Pero todos los insultos que tenía preparados en mi mente, se evaporaron en el acto cuando, como sacado de un cliché de novela de Dreame, el Brad Pitt de mis sueños apareció casi desnudo, con una sola toalla aferrada a sus caderas, mirándome como si supiera exactamente el efecto que causaba en mí.
¿Esto es un sueño?
—¿Vas a decir algo o vas a seguir mirándome de la cintura para abajo, Cassidy?
De nuevo con esa confianza.
—A-abra la puerta, maldito abusador, o juro que llamo a la policía. ¡Y lo denuncio por violín!
—¿Violín? ¿Y eso qué es?
—¡Ay, no se haga el loco, que sabe bien de qué trato de decirle, desgraciado!
Pero el hombre me ignoró por completo y siguió su paso, mientras se secaba el cabello con otra pequeña toalla, dándole ese aspecto sexy y seductor que solo creí ver en las novelas.
—¡Oiga! —reclamé sacudiendo mi cabeza—. Abra la puerta. Hablo en serio con lo de llamar a la policía y enviarlo a la cárcel por violador.
—¿Violador? —giró a verme con una sonrisa ladeada, poco común—. ¿En serio cree que pasaría algo entre nosotros?
—¿Y-y por qué no? —me defendí, inflando un poco el pecho—. Lo siento, pero yo sé lo que valgo. Soy bonita, y ya cualquiera quisiera pasar una noche conmigo.
No sabía de dónde me nacía ese valor repentino, pero la situación lo exigía. O me hacía fuerte ahora, o me derrumbaba.
—¿No cree que tienes el ego muy alto, Cassidy?.—Y dale con esa confianza.
—Oiga, no me tutee, yo no le he dado esa confianza, y menos se la daría a un desconocido, por más bueno que esté.
El desconocido —rubio y más guapo que el mismísimo Brad Pitt, lo admito— se echó a reír con una suavidad que me revolvió algo por dentro, mientras el calor subía sin permiso a mis mejillas, delatando un sonrojo imposible de ocultar.
Cassidy, sí, estás dolida por lo que te hicieron Kenny y Nicol, pero ¡¿esto?!
—No pasó nada de lo que piensas, y si te llamo así es porque ayer me contaste toda tu vida, y hasta me dijiste que podía llamarte como se me diera la gana.
Mis ojos y mi cabeza se abrieron de golpe. Sí, ¡mi cabeza! ¿En serio yo le dije eso a un desconocido? Espera, ¿cómo que le conté mi vida?
—U-usted miente, yo jamás haría algo así, y menos con alguien que no conozco. —Me defendí, tratando de sonar segura, pero la seguridad en su rostro pudo más.
—Que seas poco resistente al alcohol y que no recuerdes no es mi problema, Cassidy. —Se encogió de hombros—. Pero eso de que abusé de ti, ¿no es exagerado?
¡Este imbécil!
—¿Y qué quieres que piense cuando despierto y me encuentro d-desnuda, eh? —Me cubrí con la sábana, que apenas me cubría—. ¡Pues lo obvio, maldito desgraciado! Yo no estaba en mis cabales, no estaba consciente, y usted… usted…
Me quedé paralizada al verlo quitarse la única toalla que lo cubría y exhibir sin pudor ese trasero perfecto. Por unos segundos eternos, me quedé mirándolo con la boca entreabierta, incapaz de reaccionar.
No. No, no. Giré el rostro de inmediato, sintiendo cómo mi cara ardía hasta estar a punto de explotar. Pero no era vergüenza, era rabia. Rabia pura. Ese hombre no estaba tomando en serio lo que me había hecho. Al contrario, parecía burlarse de mí, como si todo esto fuera un juego para él.
—E-en serio voy a llamar a la policía y lo voy a denunciar descarado—amenacé, titubeando.
—Hágalo, no tengo nada que perder. Después de todo, fuiste tú quien se lanzó a mis brazos y vomitó todo lo que había ingerido.
—¿V-vomité? —¡No! Está mintiendo. Eso sería lo último, porque significaría que…
—Y no, no te vi desnuda, si es lo que te está atormentando. No tendría por qué. He visto mejores cuerpos, con más curvas, más pechos y mejores traseros… y tú…
—¡Ay, ya!
No sé de dónde saqué fuerzas, pero la rabia me explotó de golpe. Sin pensarlo, comencé a lanzarle todo lo que encontraba a mi paso.
—¡No me compares! —le arrojé un zapato directo a esa perfecta espalda—. ¡Yo soy bonita, muy bonita! ¡Solo que aún no termino de desarrollarme, Sr. idiota!
Mis manos temblaban, el pecho me subía y bajaba con fuerza. Estaba furiosa y, peor aún, herida.
—O-oye, ya, detente, yo solo…
—¡Váyase al diablo! —grité enfadada, volviendo a lanzarle otra pequeña lámpara de mesa, hasta que una llave a un lado me detuvo.
¿Será acaso…?
Sin pensarlo dos veces, la tomé y, apresurada, la metí en la puerta. Para mi buena suerte, era la correcta, así que salí disparada con la idea de nunca más volverlo a ver y olvidar de raíz lo que pasó ayer y hoy.
Pero me topé en el pasillo con una mujer que parecía de limpieza y que iba a la habitación.
Es cierto, hay algo que debo saber, y si no lo sé, creo que no voy a poder seguir con mi vida.
—Sí, se lo aseguro, yo fui quien le cambió de ropa, Srta.—Afirma despues de mi pregunta.— Estaba completamente sucia, creo que por vómito —susurró con vergüenza—. Pero le aseguro que el Sr. fue muy caballero. Él salió de la habitación y me dejó hacerlo a mí, se lo juro.
Suspiré aliviada.—Aunque también un poco decepcionada porque ese degenerado no vió lo que se perdió, mi hermoso cuerpo caribeño.
¡¿Pero que demonios estas pensando Cass?!
Sacudo la cabeza con fuerza, tratando de borrar ese pensamiento, pero entonces una pequeña duda se instala en mi mente.
¿Y si de verdad me vio?
¿Y si esta señora recibió algo a cambio como pago por su silencio?
—¿Jura por lo más sagrado que no está mintiendo, Sra.? —le dediqué mi mirada amenazante—. Mire que tengo mis contactos y no quiero emplearlos para destruirle la vida.
La mujer tembló un poco y volvió a negarlo categóricamente. Esta vez sí le creí, porque sus ojos se llenaron de lágrimas que me conmovieron el alma.
—De acuerdo, le creo. Confiaré en que mi integridad y hermoso cuerpo no fue visto por ese… —No puedo decir desconocido, se vería horrible— por ese degenerado.
Furiosa, pero agradecida de que me diera ropa limpia, subí a un taxi y regresé a casa, donde estoy segura de que nadie preguntaría por mí, más que María, que era como una madre para mí.
—¡Srta. Cassidy! ¡Ha pasado algo terrible! —me anuncia apenas llego.
—Sí, vulneraron mis derechos. —Y mi cuerpo, pero lo peor es que no fue el imbécil de Kenny, al que odio con toda mi alma.
—¿Cómo dijo? ¿Le pasó algo malo, Srta.?
—No, no. —Moví mis manos negando. Lo que menos quería era preocuparla.—Solo tomé un poco de más, pero no pasó nada malo. Más bien, ¿qué es lo terrible que ha pasado?
Sin contenerse, soltó la peor noticia de mi vida, papá había sufrido un desmayo en la escalera y, al parecer, era algo grave. Sin pensarlo dos veces, me dirigí al hospital, donde Marena esperaba fuera de la habitación de papá, con el rostro pálido y los ojos llenos de preocupación, pero sin rastro de Nicol por ningún lado.
“Es más que obvio dónde y con quién durmió”, pensé, pero no me dolió tanto como creí que dolería.
Dejé ese pensamiento a un lado y me enfoqué de nuevo en mi madrastra, que caminaba de un lado a otro.
—¿Marena? ¿Cómo está mi papá? ¿E-está bien, verdad? —indagué preocupada apenas llegué a ella.
—Calma, Cass. Él, menos mal, está vivo, llegamos a tiempo, pero me temo que vuelva a recaer por culpa de la preocupación.
—¿De qué hablas? ¿Qué preocupación?
Marena suspiró, como dudando si decírmelo, pero no iba a ocultármelo por mucho tiempo.
—¡Marena, por Dios! —insistí, haciendo que soltara un bufido.
—Debería habértelo dicho tu padre ayer, pero saliste de casa sin decir a dónde, Cass. —Eso sí, sonó a un jalón de orejas, y uno muy fuerte—. Tu padre ya está despierto, y creo que él debería hacerlo, pero viendo las circunstancias, lo haré yo.
—¿Q-qué pasa?
Pero lo que me dijo fue lo más estúpido del mundo, peor de lo que viví anoche con ese rubio desconocido.
—Estamos en la ruina, Cass. Lo que nos mantiene no es más que nuestro buen apellido, pero tu padre tiene un sinfín de deudas que lo han llevado al colapso, y por eso casi se nos muere.
—No, no ¡eso no puede ser!
Por eso a veces papá caminaba como un zombi y se quedaba hasta altas horas de la noche. Por la preocupación.
—Pero hay una salida —continuó—, y tu padre ya la aceptó. Es la única forma de salvarnos de la ruina y darle la tranquilidad que necesita, hija.
Que me llame hija, no me gusta. Cuando lo hace, es porque desea algo de mí, y no creo que sea algo bueno.
—¿Y-y qué es?.—Pregunté nerviosa.—¿Qué nos puede sacar de la ruina?
—Una boda, un contrato matrimonial con el que se acabarían todos nuestros problemas Cassidy.
—¿B-boda? —Mi cuerpo se estremeció con esa palabra, pero lo peor fue su mirada.
—Sí, hija, una boda con uno de los hombres ricos de EE. UU. de una familia influyente y con negocios en todo el mundo.
—E-espera, Marena, no pensarás que yo…
—Sí, Cassidy. —Dijo tomándome los hombros—. Debes ser tú. ¿No pensarás que Nicol lo haga siendo apenas una universitaria brillante, la mejor de su clase, verdad?
A pesar de que quise refutar, ni una sola palabra salía de mi boca.
—P-pero no es justo, yo tengo…
No, no tengo novio. Ese desgraciado me engañó, me robó mis sueños y, encima, se acuesta con la zorrini de Nicol.
—Solo termina con Kenny y ya, Cass. ¿O acaso quieres ver morir a tu padre por la preocupación, eh? —solloza—. ¿Cómo puedes ser tan egoísta?
Me suelta y comienza a llorar. Yo estoy en shock y aún no puedo asimilar lo que me está proponiendo.
—Y-yo necesito pensarlo —dije al fin, después de un rato—. Es mi vida, Marena, no la tuya.
—Y lo entiendo, cielo, pero debes pensar en tu padre también. Él te cuidó y dio las mejores atenciones después de tu terrible accidente, en donde casi mueres.¿O acaso lo has olvidado?
No, jamás. Ella tiene razón. Papá siempre se ha preocupado por mí. ¿Pero casarme con un desconocido?
—¿No crees que esto es una manera de devolverle como agradecimiento? —insistió Marena al verme pensativa.
—Yo… —pero el sonido de mi celular me volvió al presente, y el estómago se me revolvió al ver el nombre.
Kenny.
—¿Hola?.—Pregunté alejándome de mi madrastra.
—Mi amor, lo siento —fue lo primero que dijo—, pero hoy no vamos a poder salir. Mathias me acaba de dar otro trabajo inesperado, y voy a tener que viajar hoy, pero regreso mañana en la noche.
Mathias era nuestro jefe inmediato, nuestro superior y un empedernido del trabajo, pero dudaba que le hubiese dado un trabajo. ¡¿Un domingo?! ¿Me cree idiota?
—Feliz San Valentín, mi amor, y lo siento, pero te prometo que cuando regrese voy a llevarte a donde quieras, y espero que esta vez sí no me niegues lo que tanto deseo.
“Sí, te daré lo que tanto deseas”, pensé, llena de rabia.
—Ok, cuídate.
Colgué y enseguida llamé a Mathias, solo por si acaso, y me confirmó lo que ya sospechaba. Nunca le dio un trabajo de viaje, solo uno de reportaje que no implicaba viajar.
—¿Cielo, todo bien?
Asentí, pero con una decepción y un nudo en la garganta. Quizás un matrimonio con alguien como mi Brad Pitt rubio de la mañana no fuese tan malo.
Espera, ¿por qué tienes que pensar en ese tipo desvergonzado? No, no, sacudí la cabeza.
—¿Cassidy?
—Ya lo decidí, Marena —dije segura—. Voy a casarme con ese hombre para salvar la empresa de la familia. Y bien, ¿quién es? Tengo derecho a saber al menos eso, ¿no?
Marena sonrió como si se hubiese sacado la lotería y me abrazó emocionada.
—Descuida, como te dije, es de una familia millonaria, aunque es un poco viejo, pero creo que sigue siendo un buen prospecto para ti.
—¿V-viejo? Espera...
—Kingston —dijo de pronto, causándome un estremecimiento, como si ya hubiese escuchado ese apellido en algún lugar—. Y es el dueño de uno de los conglomerados más importante del mundo, y una vez que te cases, todo eso será tuyo.
Me miró fijamente, pero yo seguía en shock.¿Casarme con un viejo?
—Sí, Cassidy, tú serás la esposa, de uno de los hombres mas poderosos del mundo.