¿Embarazada?

2466 Words
PVO Cassidy. Desde la noticia de mi repentina boda con el Sr. Kingston, mi vida se volvió vacía, oscura y caótica. Ni siquiera cuando papá regresó a casa y, con Nicol presente, celebramos su recuperación, nada volvió a ser normal. Al contrario, mi infierno apenas comenzaba. —¿Q-qué dijiste? —gritó Oriana una vez que terminé de contarle la infidelidad de mi novio—. ¿Kenny te engaña con la desabrida de Nicol? ¡Lo sabía! —¿Lo sabías? —pregunto sin entender. —No, no, no, no es que supiera que te engaña, digo que sabía que esa quita novios no podía ser la santa que todos creen. Desde que Kenny la trajo a la empresa, se hace la pobrecita para que le tengan lástima. ¡Ay! ¡Y eso es irritante! Y yo también caí. Siempre creí que Nicol era inocente, pura hasta Marena estuvo diciendo que, por la pureza de su hijita, estaba dispuesta a conseguirle un buen marido. Irónico, yo soy la pura, ella la sucia. Espera, ¿lo seré? —Y supongo que lo mandaste al diablo, ¿cierto? —Mmm—¿Cómo lo hiciste? ¿Los grabaste? ¿Los expusiste en redes? Esa no sería una mala idea. —Bueno, no exactamente. —¡¿Entonces cómo?! —insistió con los ojos bien abiertos—. Cuéntamelo, necesito saber tus tips para cuando yo tenga novio y se atreva a hacerme lo mismo. Pero antes de que pudiera responder, Kenny apareció con un fólder y su típica sonrisa de “adulador”. —Buen día a mis mejores reporteras. ¿Cómo han pasado su fin de semana? —saludó como de costumbre, y con una ceja alzada por parte de Ori, que no entendía la situación. —Yo bien. ¿Y tú, Kenny? —Perfectamente —porque estuvo con la zorrini de Nicol—. ¿Pasa algo? Niego. No puedo levantar sospechas, al menos aún no. Oriana me ha dado una estupenda idea. —Nada, cielo, es solo que estoy cansada por lo que ocurrió con papá. Oriana frunce el ceño. Ya entendió, y para ocultar su rabia, hace ruiditos con su sorbete. —Es cierto, Nicol ya me contó lo que pasó con Harold, pero me dijo que fue por culpa del estrés del trabajo, nada de que preocuparse ¿Acaso ocurrió algo más? “Sí, me propuso casarme con un viejo millonario para salvar de la quiebra a nuestra empresa, y descubrí que me eres infiel”. —No, es solo cansancio. —Miro el fólder que sostiene—. ¿Y eso qué es? —Adivina. —De seguro son las tareas asignadas al personal a su cargo—. Son las tareas mensuales. Lo sabía. Kenny me entrega el fólder y, para mi sorpresa, hay un cambio. Uno inesperado. —¿Qué es esto, Kenny? ¿Por qué Nicol está tomando mi lugar dentro de la toma de decisiones de los proyectos? Ori me quita el fólder y lo lee con los ojos casi saliéndose. Está tan furiosa cómo yo. —De eso te quería hablar. —Calma, no explotes—Como sabes, Nicol está empezando su carrera y necesita del apoyo del grupo para poder destacar en su aula, y pueda ser recomendada para proyectos futuros y… —¡Es mi puesto, Kenny! —me quejo furiosa—. ¡¿Cómo pudiste hacerme esto sabiendo que yo había avanzado con la presentación del próximo proyecto?! ¡Incluso te di las ideas! —Cass… Ori intenta detenerme, y se lo agradezco, porque juro que estoy a punto de gritar su infidelidad frente a todos y romperle la cabeza. —Cassidy, por favor, no grites, estás llamando la atención de todos —dice, buscando una excusa, como siempre—. Nicol es tu hermana y necesita apoyo para sobresalir entre sus compañeros. Tú eres la mayor, deberías ser más comprensiva y no actuar de forma egoísta. ¿Comprensiva con esa traidora y contigo? —Cass, cielo, ¿estás molesta porque no salimos juntos en San Valentín, verdad? ¡¿Molesta?! ¿Es en serio? Inesperadamente, Kenny tomó mis manos e intentó acercarse con claras intenciones de besarme, pero lo esquivé. —Sí, estás molesta —imbécil—Pero sé cómo compensarte. Por eso he preparado una cena grupal para celebrar los buenos resultados del mes pasado con los de nuestro grupo, y también para… bueno, es una sorpresa. Una que sé que te va a gustar. ¿Por qué tengo un mal presentimiento? —Y, por favor, lo de Nicol es solo un puesto. Apenas termine su semestre, te prometo devolverte el puesto, ¿de acuerdo? Intenta darme un beso, pero de nuevo lo esquivo. —Ya se te pasará, gruñoncita, y estoy seguro de que después de la sorpresa, frente a todos nuestros amigos, vas a cambiar de opinión. Kenny nos informa el lugar y la hora de la cena y se va. —¿Quieres que le pida la pistola a mi padre y lo remate? —¡Me encantaría!, pero no. —Tomo el fólder y reviso mi nueva tarea, una relegada a ser solo corresponsal—. Desgraciado. —¿Y entonces? ¿Vas a dejar que esa zorrini se salga con la suya? —Obvio no. —¡¿Y?! —vuelve a gruñir— Porque es obvio que esa arrastrada ha tenido que ver con este repentino cambio, y sabes muy bien por qué. “Porque quiere complacerla, y a mí utilizarme a su conveniencia, aunque con este cambio no sé qué pretende ahora” Sin pensarlo y con el estómago vacío, me metí todo lo que pude a la boca. —Maldita zorra, y todos la ayudan aquí solo porque es la más pequeña del grupo. —Se muerde la uña, se jala los cabellos y comienza a caminar de un lado a otro—. Sabes, esa cena en forma de disculpas no me gusta nada. —¿Crees que sea acaso que…? —Si piensas que te va a proponer matrimonio para compensarte por no pasar contigo en San Valentín, pues sí. —Mierda. —Sigo tragando, pensando en el sucio recuerdo de Nicol y Kenny en su apartamento, sus palabras, su traición. —Si es así, ¿vas a aceptar? —¿Debería? —Bueno, la idea de llegar al altar, decir que no frente a todos y luego proyectar su infidelidad delante de todos, no suena nada mal, ¿verdad? Lo pienso y estoy de acuerdo, hasta que el recuerdo de la proposición de papá, que acepté, me golpea como un salvavidas. —¿Entonces eso vamos a hacer? Jijí. —Conozco esa mirada maliciosa— Vas a ser el boom del siglo: la heredera de los Sterling humillando al engreído de Kenny Dickson el día de su boda. ¡Eso va a ser épico! ¡Ya no puedo esperar! —No, eso no va a suceder —susurro con desgano. —¿Ah, no? Tienes un mejor plan en mente, supongo. Muevo mi copa y dudo si decirle mi cruel destino. —Cassidy Sterling, ¿qué plan malévolo tienes en mente? Hago un puchero y la miro a los ojos. —Casarme por despecho con un viejito millonario porque mi familia está en la ruina, algo así. Mi amiga y colega se queda petrificada, con la boca a medio abrir. —¿E-es una broma, cierto, Cass? —se echa a reír nerviosa—. Ja, ya me la estaba creyendo. —Toma una ciruela. —No, hablo en serio, Oriana. Me voy a casar con un billonario norteamericano que no conozco, y todo para salvarlos de la ruina. De nuevo, esa expresión graciosa, con la boca abierta y la ciruela cayendo al piso. —Sí, esa es la misma expresión que tuve cuando Marena me dio la noticia. —¡¿Y aceptaste?! Hincho mis cachetes y agacho la cabeza. —¡Rayos, no! ¡No te puedes casar con un viejito millonario! —refuta, pero luego parece apagarse—. Aunque, pensándolo bien, eso es mejor que el idiota de Kenny. —¿Entonces debo arruinar mi vida casándome con un viejito millonario desconocido para darle una lección a Kenny? —ruedo los ojos—. Por favor, así les daría pase a él y a Nicol para que sean felices. Incluso quedaría como la mala, como la traidora. Ori parece pensarlo. —Tienes razón, no se vería bien. Pero eso de casarse con un desconocido tampoco es algo bueno, Cass. —Pero ya no hay nada que hacer, Ori, ya acepté. Solo que Nicol no sabe, menos Kenny. —Con razón. —Sabes, olvidemos esto por hoy y sigamos con nuestro trabajo, antes de que llegue Mathias y vea que solo tragamos. —Tienes razón, no quiero que piense que solo como y no trabajo. Al menos quiero tener una oportunidad y vea lo eficiente que soy. Prefiero no decir nada. Oriana siempre ha estado enamorada en silencio de nuestro jefe superior, pero él no solo es nuestro jefe, sino también el heredero de una familia rica. Si trabaja en esta empresa es por vocación, porque le gusta y quiere salir adelante por su cuenta. Además, está guapísimo. El día se me va entre trabajo, miradas incómodas, insultos en susurros dirigidos a Nicol y Kenny, risitas curiosas y más trabajo del que puedo soportar, hasta que, llena de dudas, termino aceptando ir a la cena organizada por Kenny. —Sé que no quieres venir —me dice Ori mientras subimos hacia la sala privada más lujosa del restaurante que está para mi no tanta sorpresa, al frente de la empresa—, pero al menos hazlo pasar vergüenza. Si te pide matrimonio, dile que no y caso cerrado. Hasta podemos ir a celebrar tu nueva soltería. Y de inmediato, se echa a reír a carcajadas. Si fuera tan fácil, le haría pasar vergüenza rechazando su propuesta, pero quizás no sea necesario. Tengo el estómago revuelto, creo que esa combinación de mariscos, yogurt y chocolate me cayó mal. —¿Estás bien, Cassidy? Desde el almuerzo has estado rara. —Me duele un poco el estómago —me quejo, llevándome una mano al vientre—. P-pero creo que con una pastilla se me pasará. —Claro —responde Ori sin darle mucha importancia. Pero no. Ni con eso, aún así, me aguanté. Al llegar a la mesa, ya nos esperaban nuestros colegas, unos cinco de nuestro grupo, y, para colmo de males, también estaba Nicol, vestida de blanco. —Se está burlando —me susurra con cautela Oriana apenas nos sentamos en nuestras sillas. «Supongo, a menos que sea ella a la que van a pedir matrimonio, por mí estaría perfecto» —Bien, ya que mi novia llegó, podemos comenzar, pero antes debo darles una noticia que mi superior me informó. Nos miramos entre todos. —Nuestra prestigiosa empresa, Telekom Comunicaciones, tendrá nuevo dueño. La noticia nos cae como un balde de agua helada. Todos nos miramos en silencio, sin saber qué pensar. Un cambio así siempre trae incertidumbre y miedo. ¿Habrá recorte de personal acaso? —Pero tranquilos —continúa—, solo es algo administrativo. Todo seguirá tal como está planeado. Incluso escuché que el nuevo dueño piensa darnos un bono a todos, al parecer, va a casarse y está muy feliz. —¿Un bono? —Ori sonríe emocionada. Creo que todos, el dinero hoy en día es difícil de conseguir. —¡Por fin voy a pagar mis deudas! Bendito sea nuestro nuevo dueño. Sí, bendito. —¿Y quién es, Kenny? —la dulce pero falsa voz de Nicol borra la sonrisa de mi amiga. —Aún nadie lo sabe —responde con esa sonrisa hipócrita que recién ahora empiezo a notar— Pero debe venir a tomar posesión la próxima semana, así que recibámoslo como se debe. —Uy, entonces toca hacer una juntadita para darle, al menos, un buen regalo de bodas a nuestro jefecito, ¿no creen, chicos? Todos asienten emocionados, menos yo. El dolor en mi estómago ya no es solo molestia, ahora se ha convertido en náuseas. Y, para colmo, justo en ese momento nos traen la comida. En serio, nunca más voy a mezclar mariscos con leche, lo juro. —Mi amor, ¿estás bien? —pregunta de pronto Kenny, que se ha sentado a mi lado, y, como era de esperarse, Nicol al otro. —Sí, solo estoy un poco cansada —miento, evitando mirarlo. En ese momento, una moza se acerca con una bandeja de bebidas. Tomo una casi sin pensarlo y le doy un largo sorbo, esperando que me ayude a sentirme mejor. Pero, como lo sospechaba, no ayudó. Al contrario. —Oh, diablos… —me quejo en voz baja. —Hermana, no te ves bien —dice Nicol de pronto, fingiendo preocupación. Pero qué hipócrita. —En serio, Cass, estás pálida —insiste Kenny—. ¿Qué te pasa? —El refresco está… agrio —murmuro, llevándome una mano a la boca. Kenny toma mi vaso y le da un sorbo. —Para mí está normal. Nicol hace lo mismo. —Sí, sabe perfecto. —Pues a mí me sabe horrible —insisto, tapándome la boca con más fuerza, sintiendo cómo las náuseas regresan con intensidad. En serio, no estaba nada bien, y eso que yo había venido preparada para rechazarlo con ganas, pero no estaba preparada para lo que Oriana iba a soltar en plena mesa. —Espera, ¿no será que nuestra querida Cassidy está...embarazada?!! Me tensé, deseando taparle la boca y negarlo todo. Ella sabía perfectamente que yo soy virgen, y… espera, ¿y si lo estoy? ¿Y si ese desgraciado, la copia barata de Brad Pitt, me mintió y sí pasó algo entre nosotros? El pánico me recorrió el cuerpo de solo pensarlo. No, no, no.... ¡Ese rubio me hizo suya sin mi permiso! Pero entonces cambié de pensamiento al ver el rostro de Nicol palidecer y cómo apretaba los puños con rabia contenida. Y mejor aún, al ver la expresión de Kenny. Él sabía que nunca me había tocado, y la sola idea de ser un cornudo, le debía estar golpeando el ego. Ahí lo entendí. ¡Esto era incluso mejor que rechazar una propuesta de matrimonio frente a todos! Por primera vez desde que descubrí su traición, sentí una pequeña victoria. Pero esa satisfacción duró apenas unos segundos, porque de pronto, la idea de un bebé rubio dentro de mí, volvió a golpearme con fuerza. Mientras todos me observaban, esperando una respuesta, yo solo podía pensar una cosa. ¡¡¡¿Y ahora qué demonios voy a hacer?!!!!
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