Kenny Dickson.

2302 Words
PVO Kenny. —¿Quieres callarte, por el amor de Dios, Nicol? Me desesperas —gruñí en voz baja, caminando de un lado a otro—. Cassidy no puede estar embarazada, al menos no de mí. No sé por qué, pero solo imaginarla con otro hacía que me hirviera la sangre. No, Cassidy jamás me engañaría. Nunca. Ella es dulce, íntegra y me ama ciegamente. —Entonces, tú crees que ella se acostó con… Apreté mi mano en un puño y me tragué mi coraje, fingiendo tranquilidad. Eso era imposible, nunca la he tocado pero en caso de que fuera cierto, yo mismo la mataría a ella, a su amante y a ese bebé. Aunque Cassidy solo fuera un objeto para cumplir mis metas y ambiciones, ella seguía siendo mía. —Mi amor… La voz de la Sra. Sterling me hizo retroceder antes de soltar esa tontería. —¿Pero qué fue lo que pasó, hija? Me dijeron que trajeron a Cassidy enferma. —N-nada, madre, o bueno, ella no se sintió bien en la reunión que tuvimos, así que Kenny, en su amor y preocupación, la trajo rápidamente. —¡¿Enferma?! —exclama asustada—. ¡Pero debieron llevarla al hospital, no traerla aquí! —Ella no quiso, madre, ya la conoces. Por eso pedimos al doctor que viniera —se apresura a decir Nicol—. Pero ya no debe tardar en salir y confirmarnos qué tiene. Tranquila, no es nada grave. El rostro de mi suegra se llena de preocupación, incrementando mi ansiedad y nervios. Camina de un lado a otro, sin dejar de mirar al suelo. Es raro, Marena jamás se ha preocupado tanto por su hijastra. Nunca. ¿Por qué ahora? —¿Mami, a dónde vas? —A mi habitación, querida, pero no tardo. Quiero saber qué tiene tu hermana. Ambos asentimos y vemos perderse a Marena, pero no va hacia su habitación, lo que es raro. Además, esa mirada sospechosa de hace un segundo, no me dejaba en paz. —¿A dónde vas, Kenny? —indaga Nicol—. En cualquier momento va a salir el doctor y decirnos qué tiene mi hermana. A menos que sea eso que pienso y no quieras admitir tu culpa. Y de nuevo con eso. Todo el maldito camino no me ha dejado en paz, ya me tiene jodido. —Ya te he dicho por milésima vez que no es eso, que es imposible, Nicol, nunca la he tocado. Pero allá tú si no quieres creerme. Me aparto, molesto por su insistencia, pero antes de que pueda alejarme, me toma del brazo. —Lo siento, lo siento tanto, Kenny, pero sabes que soy una mujer muy celosa, y odiaría que la hubieses tocado —me jala hacia un cuarto de servicio—. Pero voy a creer en ti, sé que tú no me decepcionarías, porque soy el amor de tu vida. —Lo eres, Nicol —afirmo con ímpetu, estremeciéndome cuando sus manos recorren mi erección y sus labios rojos buscan los míos, despertando en mí una excitación imposible de ocultar. En cuestión de segundos, estábamos desnudos, y nos dejamos llevar para saciar esas ganas contenidas. No fue mucho tiempo, apenas unos quince minutos, los suficientes para reafirmar la confianza entre nosotros. Aun así, la idea de que Cassidy estuviera embarazada no dejaba de atormentarme. Lo admito. Mi joven y ya experimentada amante —porque sí, Nicol era mucho más que la mojigata de Cassidy— regresó satisfecha al pasillo del segundo piso, mientras yo me dirigía a la habitación principal de los Sterling. Para mi sorpresa, la puerta estaba entreabierta, y allí, dentro estaba Marena. —¡Hasta que por fin me contestas, Harold! —exclamó ansiosa, tal parecía que estaba en una llamada—. ¿Sabes el problema en el que podemos meternos si ese hombre se entera de que Cassidy enfermó? ¡¿Tienes idea acaso?! ¿Hombre? ¿De qué demonios hablan? —¿Qué? No, no, ni lo digas. Si está embarazada de Kenny, es el fin —dice con una desesperación que no logro comprender—.No, ya sé, si lo está, pues la haré abortar. Sí, eso sería lo mejor. Me quedé petrificado, incrédulo por lo que estaba escuchando. ¡¿Abortar?! ¿Y quién es ese hombre del que hablan con tanto fervor? —¿Que me calme? ¡¿Cómo quieres que me calme cuando podemos perderlo todo, Harold?! ¡¿Cómo?! ¿Perderlo todo? Espera, eso significa… —Bien, bien, iré a ver qué es lo que tiene tu hija —replica—Solo espero que no sea eso, Harold, porque, si lo es, ese hombre no la aceptará “sucia” y cancelará el compromiso. Retrocedí, incapaz de aceptar lo que escuchaba. ¿Los Sterling habían comprometido a mi novia sabiendo que yo era su novio, que nos amábamos? Pero, espera ¿Cassidy lo sabrá? —No, ella no puede saberlo —me digo, con el corazón acelerado—. Ya habría enfrentado a sus padres para detener esa locura. Me ama, ella me ama. Cambiando de semblante, aceleré el paso antes de que Marena descubriera que escuché su conversación. No iba a decir nada, pero tampoco me iba a quedar de brazos cruzados. Cassidy Sterling es mía, mi mujer, y yo iba a dejarles claro a todos, incluyendo a ese hombre desconocido, del que no quedaría nada cuando supiera quién es. —Así que es eso, pero qué susto —logré escuchar decir a Nicol con una sonrisa en los labios. A su lado, el doctor. —¿Y? ¿Qué es lo que tiene?.—Pregunté. —Bueno… —¡Dr. González! —el grito de mi suegra lo detuvo—. ¡¿Qué es lo que tiene mi hija?! Por favor, dígamelo. —Tranquila, Sra. Sterling, no es nada grave, aunque pudo haberlo sido si no me llamaban —parece bromear, pero nadie sonríe—. Solo fue una intoxicación por comer alimentos en exceso, por eso las náuseas y leves dolores de cabeza. Reprimí una sonrisa, satisfecho por el efecto que aquella noticia provocaba en mí. “Menos mal sigue siendo virgen y mía”, me dije, mientras observaba cómo Marena también suspiraba aliviada. Maldita sea, esa conversación a escondidas también me tenía al borde del colapso. Si creían que me alejarían de Cassidy, estaban muy equivocados. Y yo sabía cómo calmar las ansias que me azotaban. Lástima por Nicol, pero bueno, no es que la esté engañando. Cassidy, después de todo, es mi novia y ya es hora que me lo demuestre. El doctor terminó de darnos la receta y varios consejos para que mi novia se recuperara sin complicaciones, no sin antes ordenar un día completo de descanso, lo que me hizo fruncir el ceño. No podía dejar a Cassidy cerca de sus padres. No con ese maldito compromiso rondando. Algo tenía que hacer. ¿Pero qué? —Kenny, ¿podemos hablar un segundo? —me detiene Marena—. Solo quiero hacerte una pregunta. Nicol se adelanta, ignorando la petición de su madre. —Dime, ¿qué pasa? —sospecho que tiene que ver con ese estúpido compromiso. —Seré directa en la pregunta, y aunque Cassidy me lo haya dicho, quiero confirmarlo contigo. —Finjo una falsa sonrisa—. ¿Ya te has llevado a mi hijastra a la cama? ¿Han tenido relaciones? Demasiado directo, y justo lo que quiero. —Bueno… —suspiro mostrando culpa—. Sabes que somos jóvenes, Marena, y Cass es una linda mujer, que cualquiera, con solo verla, soñaría tenerla en su cama y bueno… El rostro de mi suegra va cambiando de expresión hasta que explota. —Y sí, Marena —afirmo—. Yo y Cassidy estamos muy enamorados y ya nos hemos acostado muchas veces. Marena se sostiene de la pared, fingiendo tranquilidad, pero claramente se le nota afectada. —Por eso creí que ella podía estar embarazada, pero descuida. Si lo hubiese estado, yo me hubiese hecho cargo del bebé desde un principio. Sabes que amo a tu hijastra y siempre la respetaré. —E-entiendo, solo asegúrate de cuidarla. Marena se va, pero al menos con eso sé que ella y su esposo ya no van a insistir con comprometerla, al menos no por ahora. He oído de operaciones donde puedes recuperar tu virginidad, o algo así, y no me costaría que los Sterling pudieran obligarla a someterse a eso. No, debo hacer que Cassidy se entregue a mí, cueste lo que me cueste. Pero hoy lo dudo, está enferma y con Nicol a cuestas, será imposible. Pero no tanto, mañana, por supuesto, ¡Mañana! con el fallido San Valentín donde no pude darle lo que quería y al final la pasé con su hermana. ¡Sí! mañana voy a llevarla a un hotel y terminar con esta maldita obsesión que tengo por ella. —Y por fin sabré el sabor de su cuerpo —solté una risita de satisfacción—. Nadie que no fuera yo, tendría a Cassidy Sterling. Nadie. —¿Kenny? —la voz de Nicol me regresa—. ¿Pasa algo? Te escuché riéndote. —No —contesté con una ligera sonrisa—. Es solo que recordé un chiste, eso es todo, Nicol. Entré con satisfacción, ignorando sus palabras, quizás porque una extraña felicidad me explotaba en el pecho, pero cuando vi a Cassidy con un short corto mostrando esas piernas largas, lo entendí. —¡Ahhh! ¡Kenny, fuera! —me grita—. ¡Me estoy cambiando! ¡Nicol, qué te dije! Antes de darme cuenta, Nicol ya me había sacado de la habitación. —¡Te dije que se estaba cambiando, Kenny! —ahora es Nicol quien me grita—. ¿Qué te pasa, eh? Estás feliz de un momento a otro, no entiendo. Me acerco y la tomo por la cintura. Estoy feliz, y con una excitación que Cassidy no podrá calmar en estos momentos apesar de ser la culpable, pero alguien sí puede. —¿Kenny, qué pasa? Estás… —Vayamos a otro lugar Niki, a terminar lo de hace un momento. —Alza una ceja dudosa.—Es solo que he tenido un día cargado, y con lo de tu hermana, un gran susto. —¿Susto? No será que estás feliz de que ella no esté embarazada de otro. —Sonrío—. Kenny, si es eso… —Cassidy no me importa, Nicol. Creo habértelo demostrado al elegirte a ti en vez de ella en San Valentín, ¿no? Se muerde el labio, y la tensión s****l es inevitable. Con unos besos y palabras bonitas, logro convencer a Nicol de salir de la casa, aprovechando que su madre debe estar en crisis pensando en cómo alejarme de mi prometida, y con Cassidy enferma, tenemos toda la noche para nosotros. Pero algo no estaba bien. No se sentía agradable. A pesar de que, mirando el hermoso cuerpo de Nicol —y del que ya había disfrutado tantas veces—, no dejaba de pensar en el cuerpo semidesnudo de Cassidy. ¿Por qué demonios no podía sacármela de la cabeza? ¡Porque! No, sí sabes por qué Kenny, y eso es porque, aunque desees a Nicol, no puedes negar que Cassidy tenía un hermoso cuerpo, además de un intelecto superior al de su engreída hermana, que ahora satisfacía mi excitación con su boca. Pero, de nuevo, el nombre de Cassidy bordaba mis labios y pensamientos. Mierda, debía hacer algo, y debía hacerlo ya. A la mañana, dejé temprano a Nicol en su casa, entrando por la puerta trasera, por supuesto, para que nadie notara que no durmió en casa. Cuando su padrastro no estaba, las cosas eran más fáciles, pero igual debía actuar con discreción. —Kenny, qué bueno que llegaste temprano —me dice Mathias, mi superior y a quien pronto voy a suceder—. Necesito que vayas a gerencia, el nuevo dueño acaba de llegar y quiere conocerte. —¿Qué? ¿El nuevo dueño? —asiente, y maldigo al ver que tengo lo menos presentable de mi clóset puesto. —Sí, y ve rápido, él odia que lo hagan esperar. —Mierda—. Por cierto, escuché que Sterling estuvo mal ayer, ¿está bien? —Descuida, Mathias, solo fue una mala combinación de alimentos, ya la conoces. Mi superior, siempre serio e inexpresivo, asintió y se retiró sin decir una palabra. Yo, en cambio, me arreglé lo mejor que podía para presentarme ante el nuevo dueño para causarle una buena impresión y ganarme puntos, pero del que ni siquiera había tenido tiempo de averiguar quién era. “Seguro es otro viejo igual que el anterior dueño, que no era muy exigente porque lo tenía todo servido”, pensé para mis adentros con rabia, pero apenas toqué la puerta y la abrí, me llevé una inesperada sorpresa. Detrás del escritorio había un hombre de espaldas, observando cómo el sol se alzaba en el cielo. Vestía un traje elegante; su cabello rubio y su espalda ancha reflejaban un porte que imponía admiración, hasta que se giró y lo vi por primera vez. —Buenos días —saludó, recorriéndome con la mirada apenas me vio, provocándome una extraña incomodidad—Así que tú eres Kenny Dickson, el encargado del grupo Beta. Tragué saliva. No sabía por qué, pero su sonrisa indescriptible me dio la impresión de que quería quemarme vivo. ¿Por qué? —S-sí, soy, señor… —maldición, Mathias no me había dicho su apellido. —Kingston —susurró con una seguridad que hizo que el despacho pareciera bajar diez grados—. Bienvenido, Sr. Dickson. Bienvenido a tu peor pesadilla.
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