PVO Cassidy.
Obviamente no estaba embarazada. Mi instinto me lo decía, pero no por eso podía evitar sentirme nerviosa mientras el Dr. González me hacía varios estudios.
Pero si lo estaba, ya pensaba en cómo matar a ese Brad Pitt rubio del demonio por haberme mentido. Gracias al cielo, no fue así.
¡¿Pero darme descanso médico por un problema estomacal?!
—Cass, ¿pero qué estás haciendo aquí? —me reclamó Oriana, sorprendida—. Pensé que…
—¿Qué? ¿Que estaba embarazada? —ruedo los ojos—. Sería la cereza del pastel, después de lo que hizo ayer el imbécil de Kenny con mi puesto.
Ori soltó risitas, pero la fulminé con la mirada. Para mí no era nada gracioso.
—Era obvio que no estarías embarazada, Cass, pero hubieses visto la cara de Kenny cuando lo dije. ¡Se le salió hasta el alma! Y Nicol… —suelta una carcajada—. Le hubieses visto la cara, hasta se le notaban las venitas. ¡Parecía que se le iba a reventar, Cass!
Oriana sigue riéndose de las caras de mis peores enemigos, mientras yo, en mi mente, busco la manera de destrozarlos. Si creen que no vi que Nicol llegó como la zorra que es en la mañana, están muy equivocados.
No amo a Kenny, de eso estoy muy segura, pero no pienso ser la cornuda del año mientras sea oficialmente mi novio, mucho menos perder mi trabajo por su amante.
—En fin, fue una buena anécdota anoche, pero volvamos a la realidad. Tenemos trabajo.
Me enseña un fólder y sospecho lo que es.
—¿Entrevista a los miembros de la cumbre de inversores?
—¿Qué? —me quita el fólder y lo observa detenidamente. Está tan sorprendida como yo—. ¿Pero este no era el trabajo que le había dado Kenny a la palomita inteligente de su… “amante”? —susurra, con clara intención de burla.
—Eso mismo pensé yo, aunque me lo temía —alzo una ceja y Ori lo entiende—. ¿Crees que una jovencita sin experiencia podría hacer una importante entrevista a tiburones en los negocios?
—¿Y que tiene cero cerebro y anda perdida en términos que no entendería?
Ambas comprendemos que Kenny, tan tonto de poner en riesgo su trabajo, no es. Y por eso me utiliza a mí.
No me sorprendería que después me quite mi trabajo y le dé el mérito a ella. Después de lo de ayer, ya nada me sorprende.
—¡Chicas! ¡Chicas! —los gritos de Zoey, una colega de mi grupo, llegaron acompañados de pasos apresurados y una respiración agitada.
—¿Y a ti qué te pasa, mujer? —se acercan las otras dos colegas curiosas, o mejor dicho, chismosas—. Parece que hubieses visto un fantasma.
—No —suspira con una sonrisa misteriosa—Lo que vi fue al nuevo dueño de la empresa, y está buenísimo el papito, listo para comérselo.
—¡¿Qué?! —gritaron al unísono, menos yo—. ¿Y dónde está?
—Pues ¿dónde creen? —repliqué con sorna, cruzándome de brazos. No podía creer que ahora fantasearan con un jefe nuevo y viejo.
—En su despacho no —susurra Zoey—. Acaba de irse en su lujoso auto, y con unos guardaespaldas que están potentes, pero no tanto como el nuevo rubio que tenemos por jefe.
—¿Rubio? ¿Es rubio?
—Y de ojos verdes profundos —volvió a suspirar como una fan enamorada—. Ah, y sonrisa de los ángeles. Ese hombre es el pecado andante.
Rodé los ojos al ver que todas las demás seguían la corriente. Aunque no voy a negar que tenía curiosidad por conocerlo.
—¿Qué está pasando aquí?
Pero una fastidiosa voz las bajó de su nube.
—¿Cass, mi amor? ¿Pero qué estás haciendo aquí?
—¿Qué? ¿Por qué no vendría? Si estoy perfectamente bien.
—¡Es cierto! —gritó Oriana—. Estabas a punto de darnos la buena noticia, Cass, no me digas que en serio…
—¡¿Estás embarazada?! —completó la frase Zoey, y me sentí de nuevo utilizada.
Pero no vi venir lo que sucedería enseguida.
—¡No! —Kenny me jaló como un costal y miró a todas con ojos fulminantes —. Ella no está embarazada de nadie, y ya. ¡Todos a trabajar! Tenemos la cumbre a cuestas y ustedes parecen viejas chismosas que cuchichean a mis espaldas.
—Kenny —gruñí al sentir la presión en mi brazo—. Suéltame, me lastimas.
—No, así estás bien —replicó con rabia, alejándome del grupo a la fuerza.
En serio, ahora si no sé que le pasa.
—¡Kenny, ya! —me zafé de su agarre—. ¿Qué demonios te pasa, eh? ¿Por qué te estás comportando así?
Y entonces lo recordé.
El idiota de mi todavía novio entró ayer a mi habitación y me vio todo, por detrás y casualmente, claro está. Porque ni loca lo hubiese dejado verme completa, eso solo se lo reservo al que será mi esposo.
Espera ¿esposo? ¿Viejo?
—¿Q-qué haces, Kenny? —antes de que me diera cuenta, estaba demasiado cerca—. Kenny, por favor, estamos en el trabajo, aquí no.
Y menos con tu amante paseando por los pasillos.
—T-tienes razón, Cass. —Su mano se desliza por mis mejillas, y me mira de una forma que me hace sonrojar—Lo siento, es solo que ayer me diste un susto con eso del embarazo y hoy no he tenido el mejor día, que digamos.
—Apenas está empezando el día —me burlo.
—Lo sé, pero ¿cómo puedo estar si me topé con el nuevo dueño?.—Gruñe.— Un maldito que cree que mi trabajo no vale nada.
“Ah, el nuevo jefe, por eso está irritante”.
—Pero le voy a callar la boca cuando tenga las entrevistas de los CEOs más importantes del mundo, ya lo verá. Va a tener que tragarse sus palabras y subirme el sueldo.
Ajá, eso explica por qué me cambió con Nicol, que, para mi sorpresa, no aparecía por ningún lado. Quizás se quedó dormida porque no durmió en toda la noche.
—Y bueno, dejemos eso de lado, porque te tengo una sorpresa —me dice sacando dos tickets.
—¿Y eso? —de nuevo su mano y esa mirada tan tierna que rara vez me mostraba.
—Sé que te fallé en San Valentín, Cass, y quiero remediarlo. —Ya entendía por dónde iba esto—. Así que pensé en ir a un exclusivo bar de la ciudad hoy, solos tú y yo.
¡¿Qué?! ¡No! No me estaba gustando por dónde iba esto.
—¿Qué dices, preciosa? Tengamos nuestro día juntos. —Está por besarme, pero el repentino sonido de una sirena lo detiene—. ¿Qué demonios?
—Y-yo no sé. —Tomo la oportunidad y lo aparto—.Creo que mejor debemos ir a trabajar, Kenny. De seguro algo ocurrió.
Avanzo a paso acelerado, pero su mano me detiene.
—No me has dado una respuesta, Cass —insiste con una intensidad que me asusta—. Cassidy, mi amor, solo será una salida, no es nada de lo que estás pensando. Sabes que yo te respeto.
“Sí, tanto que me pones los cuernos con mi media hermana”, pienso para mis adentros. Aunque esta podría ser la oportunidad para terminar y decirle la verdad a medias.
—De acuerdo, le diré a Nicol para que…
—No —gruñe—. Sin tu hermana, solo nosotros dos, Cass. Solo una velada romántica entre los dos.
Paso saliva y mis nervios salen a flote. Esto en serio me estaba poniendo muy nerviosa.
—D-de acuerdo.
Se acerca y, antes de que me diera cuenta, Kenny me roba un beso. Rayos.
—Estoy feliz, Cass, no sabes cuán ansioso estoy porque llegue la noche.
Y yo ruego que haya un terremoto antes.
—¡¿QUÉ?! ¡¿En el Butrick Club?! ¿Y de dónde consiguió entradas ese hijo de… su madre, eh? —gruñe Oriana apenas le cuento mi calvario.
—Oye, no me estás escuchando, ¿cierto?
Mi amiga se echa a reír. Sí, hoy no está plantada, ni ella ni las demás que siguen hablando del nuevo jefe.
—Lo siento, es que estoy uffff con lo del nuevo jefe —se da aire con su mano—. He descubierto que es joven y está para chuparse los dedos.
—O-oye, ¿y cómo sabes eso? ¿Ya lo viste? ¿Acaso regresó?
—No —me susurra en voz bajita—. Lo que pasó fue que fuimos al salón de las cámaras de vigilancia, y ahí lo vimos todas, claro, aprovechando que tu futuro exnovio te llevó, jiji.
Así que lo vio por cámaras.
—¡Ay, ya! Deja esa obsesión por nuestro nuevo jefe, Ori. Ahora estoy en un problema grave y no sé cómo quitármelo de encima. ¿Qué hago? —la sacudo—. ¿Qué hago, Oriana?
—¡¿Y yo qué sé?! Ese es un club súper exclusivo al que solo van los ricos. Lo que me sorprende es que Kenny las tenga.
—¿Acaso olvidas que él también viene de una familia promedio?
—Tú lo has dicho, promedio. Aunque podría ser que el antiguo jefe se las haya dado, tú sabes…
Esa sí sería una buena excusa.
—Solo ve, Cassidy, y dile que terminas con él porque no lo amas y ya. A menos que quieras exhibirlo como el maldito sucio que se revuelca con la hermana.
No es mala idea, sería una buena despedida de mi parte.
—O quizás le digas que te has enamorado de un viejito millonario y por eso lo dejas. —De nuevo esas carcajadas—. Imagínatelo, se va a querer morir cuando lo sepa.
Con Oriana todo es chiste, y eso no me ayuda mucho, que digamos.
La tarde la pasamos trabajando, ideando y sustentando planes para convencer a los líderes más poderosos del mundo en los negocios de darnos una entrevista exclusiva. Algo que parece difícil, pero no imposible.
Llegada la noche y con la aparición de Kenny, mis nervios explotan.
Lo único bueno es que Nicol no se apareció y mis padres no me enviaron ningún mensaje recordándome cada minuto que estoy comprometida con un viejito millonario. Raro, muy raro.
—¿Lista, mi amor?
No, pero es el momento de terminar.
—Sí, vámonos.
Ni siquiera pude despedirme de Oriana, ya que su “crush” Mathias, la llamó de manera intempestiva y ella, ni corta ni perezosa, saltó a su oficina.
Ya en el lugar exclusivo, no pude evitar sentirme nerviosa. No es que no haya venido a estos lugares antes —quizás sí, antes de mi accidente y de que me diera amnesia— o quizás nunca, pero en estos momentos la intensa mirada de Kenny era lo que me ponía los pelos de punta.
Si está pensando en sexo, más vale que se olvide. Y esto, vamos a terminarlo hoy.
—Kenny, hay algo que debemos hablar.
—Sí, yo también. —Solo espero que no sea eso—Y estoy seguro de que te va a gustar, Cass.
El mozo nos trae nuestras bebidas, ambas con poco alcohol. No quiero pasar de nuevo por lo que pasé aquella vez con ese rubio malcriado.
—Sabes, Cass, quiero que en nuestras próximas vacaciones, que serán después de la cumbre de líderes, nos demos un viaje para reforzar nuestro amor y, quién sabe, poder dar un paso importante en nuestra relación.
“Suena tan lindo, si tan solo no hubiera descubierto tus planes, sucio troglodita”.
—Kenny, yo…
Apenas levanto el rostro, el de Kenny ya estaba lo suficientemente cerca al mío, con clara intención de besarme, y lo logra. Pero sus labios ya no provocaban en mí, ese amor tierno que le tenía. Nada. Al contrario, es como si me sintiera sucia, como si estuviera traicionando a alguien.
¿Pero porque ahora? ¿Y a quién?
De la nada, la imagen de ese Brad Pitt semidesnudo y de sonrisa perfecta aparece en mi cabeza, y por un segundo lo imagino a él besándome con furia, de una forma intensa y descarada.
—¿Cass?
—D-debo ir a los servicios, a-a tomar mi pastilla —me excuso y acelero el paso hacia el baño, donde por fin puedo soltar el aire y mirar mi reflejo en el espejo.
Estoy roja, pero de molestia. No quería que me besara y, para colmo, ese desvergonzado rubio volvió a aparecer en mi cabeza.
—¿Por qué tengo que pensar en él? —me reclamo—. ¿Qué tiene de especial ese rubio que aún no sale de mi cabeza?!
Golpeé la baldosa, pero antes de que pudiera lanzar otro dardo hacia mí, unas manos rodearon mi cintura y algo se apoyó en mi hombro, dejándome congelada en mi lugar.
—¿Ese rubio soy yo, por si acaso, Cassidy?
Ante mis ojos —o el reflejo en el espejo—, de nuevo, como si mi mente jugara conmigo, apareció él, mi Brad Pitt precioso, solo que con ropa casual que le daba un aspecto mas sexy, y su ya típica sonrisa aduladora.
—No, juro que solo tomé una copita, solo una Diosito —susurré, y solo una razón de verlo frente al espejo, cruzó mi cabeza.
“Es un espejismo, no es real”.
Pero ese apretón en mi cintura y su mentón en mi hombro parecían tan reales.
—Responde, Cassidy, ¿hablabas de mí?
—Sí, ¿y qué? Tú no eres real.
Enseguida me giré y, antes de que pudiera tan solo pensar si era correcto o no, lo besé. Quería saber a que sabían esos labios, y esta —Apesar de no ser una persona real—Era mi oportunidad.
Después de todo, esto, está solo en mi cabeza.