¿Puede una estupenda noche nunca terminar?.
La noche puede terminar pero la diversión en ella puede seguir y nunca parar.
Creo que una parte de mi sentía que se derretía y gozaba con cada sonrisa que veía de los niños y niñas, incluso de las personas adultas después que recibían un regalo.
Aún seguía sin entender muchas cosas, una de ellas era el porqué me sentía tan feliz y sonreía como boba cuando mi mirada se topaba con la de Leo.
Pero no hice ninguna pregunta. Al menos no a él.
¿Como pude por tanto tiempo haberlo olvidado?. Fue exactamente cuando me dijo su nombre que lo recordé. Ahora solo puedo pensar en lo que fue de él, si tiene hermanos ya que recuerdo que era hijo único, también me preguntó si está estudiando o en qué trabaja. Pero nada de eso es tan importante como el hecho de pensar que pasaría el día de hoy sola buscando algo que sentía que había perdido, y que por magia o el destino encontré a mi amigo de la infancia. Ahora estoy pasando Año Nuevo rodeada de mucha más gente que lo que usualmente pasó con mi familia, pero hay algo nuevo, hay una sensación especial que siento al estar rodeada de gente nueva.
- ¡Gracias!, ¡Gracias!. Estaba esperando este día todo mi vida - grita con emoción una niña después de darle su regalo.
Leo hizo que todos hicieran una fila para que yo sacara los regalos de él enorme trineo, al principio pensé que no alcanzarían, pero mientras yo daba alguien se encargaba de poner más regalos, también dude de aquí en pertenecían pero Vania me explicó que los rosados eran de niña los verdes de Niño los azules de hombre y los rojos de mujer. Y mientras yo daba los regalos Leo cantaba y los niños imitaban la canción mientras otros bailaban con sus regalos.
- De nada preciosa. Te mereces esto siempre - le digo y me sorprendo cuando ella se abalanza y me abraza, casi haciéndome caer, este traje es grande y pesado.
- Gracias a ti tenemos regalos, gracias - dice y se va feliz a mostrar su regalo a otros niños.
¿Por qué no abren sus regalos y los muestran?. ¿No tendrán curiosidad de saber qué hay dentro?.
Si fuera yo, ya me habría ido a esconder para destapar el regalo.
- Aun sigo sin creer que tengo el placer de conocerte, de verdad que siempre eras el centro de atención en una platica, incluso cuando no estabas y ni te conocíamos - dijo Vania mientras dejaba más regalos y se ponía al lado mío.
- Y yo sigo sin entender eso. Créeme cuando te digo que nunca había escuchado de algo como esto, o que se debía a mi, o como es que esto es posible - le conteste mientras daba regalos y sonreía, veía a todos darme una sonrisa de vuelta, pero una sonrisa que decía lo mucho que estaban felices no esas sonrisas que das cuando te dan un regalo y ya sabes que no será algo que quieres ya sea por el tamaño o por quien te lo dio.
Ellos sonreían con agradecimiento total.
- Bueno, será mejor que te lo diga Leo, se podría decir que siempre fue su sueño verte y hablarte de esto. Decía que te haría sentir como nunca antes. - voltee a verla y ella me sonrió.
- Los panqueques de tu mamá estaban deliciosos- dije y ella empezó a reír - pensé que pasaría el día en la calle comiendo hasta gastarme todo el dinero, pero me doy cuenta que solo he gastado para comprar panqueques y que desde entonces no he tocado ni un quetzal.
- ¿Quiere eso decir que solo tenías planeado salir comer y ya? Perdona, pero eso no suena divertido.
- Lo sé. Y lo peor es que pensé que con ese dinero era suficiente para pasarla bien, pero me doy cuenta que no he necesitado el dinero para estar feliz. Claro que tus panqueques me hicieron feliz, pero no como este momento. - y seguí dando regalos.
- Es más divertido dar a otros que solo pensar gastar en ti - dijo y yo asentí estando de acuerdo.
Ahora que lo pienso, nada había salido como había querido. Pero lo que había querido no creo que hubiera sido tan divertido como esto. Jamás pensé encontrarme con Leo y mucho menos estás rodeada de gente que no conozco, pero hay algo en el lugar que te hace sonreír y verlos a todos. Quizá es la sinceridad con la que están vestidos, de alguna forma ellos no se preparan para presumir a otros o llamar la atención, simplemente vienen con la intención de pasar una noche con más personas y disfrutar de un bello momento.
Todos están felices de estar aquí, no muestran sonrisas falsas cuando se saludan. Así como esas sonrisas que en mi familia se dan cuando te saluda tu familiar menos querido. Odiaba eso, se reunían solo para mostrar sus ropas o para que otros vieran las cosas que habían comprado.
Creo que no volveré a mi casa.
Que tonterías pienso.
Media hora más tarde todos tenían un regalo. Y yo ya no sentía mis brazos de tanto entregar regalos, ya que algunos están realmente pesados.
Quien sea que done todo esto debe estar envuelto en dinero.
Porque esa es la única explicación que le encuentro a esto. Puede que el dinero no importa, pero viendo el lugar si fue necesario para hacer todo esto.
- Jamás pensé que existiera tanta paciencia - dije a vania.
- ¿Por qué? - preguntó con una sonrisa.
- Di como doscientos regalos, y no he visto a nadie abrir ni siquiera una esquina del envoltorio. - caminé con ella a la cocina, que no sabía que estaba detrás del polideportivo. Era enorme, del tamaño de una casa pequeña, y tenía comida como para un ejército.
Escuche la estruendosa risa de Vania, y la imite riendo, claro que con una risa menos ruidosa.
- Es que eso es parte de la sorpresa. A media noche es que todos los abren. Después de comer, ahora todos juegan y platican, y mientras se sirve la comida ellos esperan para sentarse todos juntos y comer.
Y yo que trato de comer antes o después de mi familia así no tengo que escuchar alguna crítica o que me pidan un favor.
Creo que a mi familia le vendría pasar tiempo con estas personas, y a mi también.
- Oye, ¿Tendremos que repartir la comida? - no quería sonar asustada, pero lo hice. Solo pensar en servir a ganaras personas me agobia. No es que no pueda, pero más paciencia no creo tener. Me aburre servir el almuerzo a toda mi familia, ya que por eso al final me toca comer cuando no hay nada de comida, porque hay quienes se sirven dos veces.
Solo imágenes a qué hora comería si sirvo a tantas personas. Si hay diez personas más, quizá me anime.
- No es que no me gustaría servirles pero ... - iba a decir la razón pero Vania me interrumpió.
- No, ninguna de las dos tienes que hacer eso. Hay otras personas, yo iré a jugar con los niños, tú quizá irás con ...
- Conmigo - interrumpió Leo.
- Hola - dije como boba. Me di un golpe mental por tonta, cada vez que veía una película romántica y la chica le decía "hola" como tonta, me daban ganas de matarla. Ahora me dan ganas de matarme.
- Hola Cariño - y ese apelativo me hizo sonreír como tonta.
¿Como puede ser posible sentirme así cuando hace unas horas es que lo he vuelto a ver?.
- Bueno, yo cumplí con traerla aquí. Ahora me voy - dijo Vania.
- ¿Qué? - pregunte sin entender.
- Véte Vani, yo le explico. - le pidió Leo.
- Okay. Pero fíjate que tu lengua esté en tu boca y no es la suya porque de lo contrario no entenderá lo que dices - y salió corriendo riendo como niña que hace travesuras.
Me quede viendo como se iba y me puse nerviosa. Nerviosa porque una parte de mi si quería la lengua de Leo en mi boca, y eso me hace sentir extraña.
- No te preocupes. Primero té explicaré y después tendré mi lengua en ti, y no solo tú boca.
Sentí como mi cara ardió cuando él dijo eso y tapé mi cara con mi mano.
- ¿Como puedes decirme eso?, se supone que eres un buen chico, además de mi amigo.
Sentí su presencia más cerca, para después sentir mis manos ser retiradas de mi cara porque él las estaba jalando. Vi como más puse sobre su pecho y las cubrió con las suyas.
- Escucha bien porque solo lo diré una vez; primero que nada no somos amigos y segundo, lo digo porque es lo que quiero, porque es lo que siempre he deseado.
No sabía que sentir al respecto. Me tensé un poco cuando dijo que no éramos amigos. Pero me compense cuando dijo que era lo que quería. Eso quería decir que no me veía como una amiga.
- ¿Si no somos amigos, qué somos? - preguntó esperando que conteste rápido.
- Lo que tú quieras, pero después de la cena. Hay unas cosas que hablar.
Y me jalo frente a una estufa. Había comida en todas partes. Pero algo llamo mi atención.
- ¿Eso es pastel de carne? - pregunte mientras mi boca se hacía agua. Esa platillo era mi favorito, pero mi mamá casi no lo hacía, decía que me haría mal o que no tenía tiempo. Y yo lo hacía porque nunca aprendí como.
- Sí. ¿Sigue siendo tu favorito?.
- ¡Sí! - respondí eufórica.
Solté para abrazarlo y darles gracias pero él traje no me dejaba estar muy cerca de él.
- Creo que si quiero abrazarte tengo que quitarme el traje primero. - dije alejándome.
- Es la primera vez odio estos trajes. Si se interponen entre tus abrazos de panda, hay que sacarlos fuera - dijo divertido.
Asentí pero me quede con la boca abierta cuando él empezó a quitarse el traje frente a mi.
¿Otra vez?.
- Que esperas es tu turno- dijo sonriendo pícaramente.
Esta vez no puse pretexto. No había porque hacerlo.
Levante la enorme blusa pero una voz masculina me detuvo de seguir haciéndolo. Baje rápido lo que había subido y voltee a ver a quien había hablado.
- ¡El v******r! - grité fuerte. Tome lo primero que tocaron mis manos y lo lancé a él.
- ¿¡Qué diablos?! - gritó cuando un pedazo tamal cayó en su cara.
- -¡Me has seguido! - volví a gritar y esta vez lance una olla pequeña.
Escuche como se quejó y maldijo.
- ¡Alto!, ¡Alto!, ¿Que pasa aquí!. - Leo de interpuso justo cuando pensaba lanzarle algo más grande como una sartén.
- ¡Ese tipo me acosó!, ¡me trato de prostituta!, ¡y ahora me ha seguido! - seguía gritando. No tenía que hacerlo pero igual lo hacía.
- ¡Joseph!, ¿Qué hiciste qué? - gritó Leo furioso.
- ¡Eso no es cierto Leo!, ¡No es cierto! - gritó el tal Joseph - ¡Ella está loca!, no se que dice.
Leo se separó un poco de mi y vi como lo apuntaba y lo veía serio.
- No te atrevas a decirle loca a Nini - hasta a mi me dio escalofríos cuando lo dijo, su voz se tornó seria y hasta fría.
- ¿Nini?, ¿La Nini, Nini? - preguntó el tipo como recordando algo - ¡Diablos!, ¡Esa Nini! - gritó como si se le hubiera prendido el coco. - ¡Como lo siento, en serio! - dijo ahora viéndome y tratando de dar un paso, yo retrocedí y Leo lo detuvo.
- Ni un pasó más - dije.
- Lo siento, en serio. Lo siento tanto. No era mi intención confundirte, pero pensé que porque estaba separaba allí eras...
Pero Leo no lo dejo terminar.
- Acabas de decir que no era cierto. Ahora lo admites, eres un tonto - lo acusó Leo.
- ¡Oye, que no era mi culpa!. Sabes que no le haría nada a tu chica.
Tú chica, vaya, sí que me gusto eso.
- No entiendo nada - dije y ambos voltearon a verme.
- Creo que Joseph solo fue tonto, pero no es mala persona. Dime qué pasó - le dije lo que había pasado y solo asintió comprendiendo.
- Lo siento tanto - volvió a decir Joseph mientras se rascaba la cabeza - perdóname ¿si?, no quiero perder mi cabeza ni ningún otro m*****o.
- No perderías nada, simplemente no podrías usarlo por un tiempo indefinido - dijo Leo y el pobre chico abrió los ojos como platos.
- Está bien, te perdono. Pero no deberías seguir haciendo, eso qué haces - le dije con una leve sonrisa.
- Puedo partirle la cata por el susto que te dio - propuso Leo y yo sonreí.
- ¡Ay, santo cielo, No! - exclamo Joseph.
- Tranquiló, solo está bromeando.
- Nunca bromearía cuando se trata de ti. Haría lo que fuera para protegerte.
Esas palabras llegaron hasta mi corazón. Por primera vez siento lo que leía en los libros y veía en las películas románticas.
- Me gusta eso. Pero ya pasó, ahora no puedes hacer nada. Pero gracias - me acerque a él y hice lo posible para darle un beso en la mejilla.
- Creo que si hay algo que puedo hacer - dijo y sonrió - Joseph, ve a comprar el regalo más caro que haya y se lo traes.
Abrí mis ojos como platos y vi como Joseph asentía frenéticamente.
- No es necesario. - intervine.
- Si, si lo es. Así muestro que estoy arrepentido - y vi como se retiraba. Algo en mi cabeza me recordó que tenía dinero, y que había prometido a Carlitos un regalo.
- Espera- le dije y él volteo. - Quisiera que me compres un auto control remoto rojo. Mira, aquí está el dinero - y subí la falda para sacar dentro de las calcetas el dinero. Lo extendí y lo tomo con cara de intriga.
- Okay. Pero puedo cómpralo yo y no me tienes que dar dinero.
- No, si hago es, el regalo que daré no lo daría yo realmente.
- Bien. Entonces ame voy, tendré que abrir el negocio.
Y se fue.
Me di la vuelta para quedar frente a Leo que me veía con una sonrisa y ojos centelleantes.
- Así que no era mentira lo que Carlitos dijo, estaba seguro que le darías un regalo; según él,el mejor.
Me atreví por primera vez en la noche, y creo también en mi vida, me acerque y tome su mano para llevarla a mis labios y darle un beso en los nudillos.
- Es mi turno de dar algo, además que creo y no necesitaré ese dinero ya que según yo era lo que necesitaba para tener un día genial - dije sincera.
Él acortó la distancia.
- Entonces es mi turno de darte una de las mejores noches de tu vida - dijo y esta vez fue él quien llevó mi mano a su boca - ¿Sientes lo mismo que yo al tocarte?
Si se refiere a la electricidad y como mi corazón brinca como loco, si, seguro que si.
Pero no se lo digo con palabras, más bien levanto más mi cabeza y me pongo de puntillas. Él sonríe y amo cuando une sus labios a los míos.
- ¿Cómo es que hemos llegado aquí, en tan poco tiempo? - preguntó haciendo referencia al beso y a lo que siento.
- Para mi siempre ha sido así, el tiempo solo nos ha separado y vuelto a juntar, pero este sentimiento siempre ha estado allí.
- ¿Como es eso posible?, éramos buenos amigos, y un día a otro te fuiste.
Quería recordar como fue ese día, pero no puedo. Solo recuerdo como nos solíamos divertir jugando en su casita de madera que había en el patio de su casa, era una casa de hombre según él además había dicho que él la había hecho.
- De eso hablemos. Pero primero hay que llevar este delicioso pastel, y un poco de jugo de Limón.
Era increíble. También sabía cual era mi bebida favorita. Pero me sentía mal porque yo no recordaba mucho. Lo que más puedo llegar a recordar es que era fan del Hombre Araña.
- Tú me sorprendes.
- Eso es bueno. Esperaba recordar lo suficiente de ti para hacer esta noche la mejor de nuestra vida. Pero menos charla y más acción.
Y eso hicimos. Yo solo lo seguí con unos platos y vasos, subimos por unas escaleras al fondo de la cocina las cuales nos llevaban a un balcón a lo más alto del lugar. Era hermoso, se veía casi todo el lugar desde acá y un poco más también, podía ver niños jugando con estrellitas y unos que otros bebiendo ponche.
- Ya podemos ir a cambiarnos, no le pasará nada a la comida, está tapada. Además así se enfría, recuerdo también que odias la comida caliente.
Me giro y lo veo con ojos abiertos.
- ¿Como es que puedes recordar todo de mi, y yo ni siquiera te recordaba? - pregunte. Pero me golpe mentalmente al darme cuenta de lo que dije. - Lo siento, yo...
- Vamos a cambiarnos - me dijo. Vi como su rostro cambió. Me sonrió, pero no como lo había estado haciendo antes.
¿Cómo puede decirle algo así?. Que insensibilidad la mía. También que estábamos, y tenía que meter la pata. Pero al menos dije la verdad.
Lo seguí a donde nos habíamos vestido. No me soltó la mano mientras caminábamos, pero tampoco me hablo y ni me sonrió. Solo me guío a donde debíamos ir.
Yo tampoco dije nada. Me merecía esto. Él me estaba dando un día increíble y yo tenía que decir lo que pienso.
Cuando entramos, tenía la intención de pedirle disculpas, pero él habló antes.
- ¿Sabes?, es normal que no me hayas recordado - me soltó la mano y se puse frente a mi, vi miedo e inseguridad en sus ojos pero no comprendía porque - muchas personas borran de sus mentes cosas, objetos, momentos e incluso personas cuando estos han estado relacionado con algo traumático.
Quería entender, pero como hace raro, tampoco entiendo.
- No entiendo a qué te refieres.
- Pensaba hacerlo mientras comíamos, pero creo que mejor lo hago ahora, no puedo más con esto.
Y eso me hizo estremecer, me sentí ansiosa y hasta preocupada.
Él pudo verlo y trató de sonreírme, poniendo sus manos a cada lado de mi rostro hablo:
- Te amo, siempre lo he hecho, desde que era un niño. Y no fue casualidad que hoy decidieras pasar lejos de tu casa tu cumpleaños.
- ¿Ah! - fue lo único que pude articular.
Me jalo y me sentó frente a él.
Exhalo profundo y yo solo estaba lista para escucharlo.
- Hace catorce años éramos los mejores amigos del mundo, tú venías a mi casa o yo iba a la tuya, claro que siempre estamos frente a nuestros padres ya que ellos no sabían cómo llevar que tuviéramos un mejor amigo del sexo opuesto, más tus padres obvio... hacíamos de todo juntos, aunque yo era mayor siempre encontrábamos que hacer para divertirnos incluso tu hermanita siempre estaba presente. Yo te veía como un reina, te veía como si fueras lo mejor del mundo, la forma que hablabas con otros y la forma de querer siempre ayudar y de recordarme que es mejor dar que recibir me hacía sentir que tú eras la mayor y que me enseñabas a ser buen niño. - hablo y sonrió como recordando algo - recuerdo nuestra última navidad juntos, no querías abrir tus regalos y yo no sabía porqué. Imagino que quieres saber porque dije que tú eres la responsable de todo esto - y estiro sus brazos haciendo énfasis a lo que me he estado preguntado.
- Sí - asentí.
- Bueno, esa navidad me enseñaste qué hay personas que no tienen nada y que nosotros podríamos darle todo, en ese entonces tú "todo" eran los sentimientos y tus regalos junto con tu sonrisa. Yo seguía sin entender, hasta que me rogaste ir a donde según tú habías visto a unos niños que estaban solos - exhalo y bajo un poco el rostro - tú solo tenías nueve y yo doce, sabía que estaba mal salir tan noche y a un lugar lejos, pero lo hice, porque sabía que haría cualquier cosa por ti. Cuando llegamos, tenías razón, habían dos chicos menores que nosotros pidiendo dinero o limpiando el vidrio de uno que otro auto. Tú te acercaste a ellos y con una sonrisa tan enorme les diste los regalos y les deseaste una feliz navidad. Yo te veía sonreír y ese instante supe que me gustabas, me gustabas porque eres tierna, dulce, altruista y hermosa. No tardamos mucho tiempo allí, quizá media hora, ya que después querías ir a otro lugar porque tenías un regalo más. Yo quería convencerte de volver, éramos dos niños solos en la calle a unas horas no muy buenas, pero tus ganas de compartir y hacer feliz a otros nublo mi mente.
- ¿Nos pasó algo? - pregunte con intriga. No recordaba nada de lo que contaba, pero sentía que era verdad.Pero él no contestó, siguió narrando la historia.
- Llegamos a una calle donde casi no había mucha gente, solo autos venían e iban, tú tomaste mi mano y me llevaste a donde estaba una joven tirada en el suelo con un bebé en brazos. Ya sabía porque estabas allí, te encantan los bebés, así que te arrodillaste y le diste el regalo a ella. La joven te vio con resentimiento pero lo acepto, y cuando iba abrirlo le dijiste que no, le hiciste prometer que lo abriría a media noche para así comenzar el año muy feliz, aún recuerdo tus palabras y la sonrisa de la joven. Todo iba bien, hasta que... - y vi como trago saliva y sobaba sus manos en el traje enorme rojo. Sabía que lo que vendría no sería bueno - decidimos volver a casa, yo tenía tu mano bien agarrada mientras dabas saltos y cantabas feliz luego me preguntaste : "¿Sientes eso, Leo?. ¿Sientes esa cosa hermosa en la panza?. Siento que mi cuerpo vibra y mi cara duele de tanto reír". - ahora ya sabía porque me decía que sienta y dejara de preguntar. - y claro que me hiciste sentir, me hiciste sentir algo muy hermoso y quería que tú también lo sintieras, así que me paré y te jalé para darte un abrazo, lo aceptaste pero yo quería algo más así que bueno, eh, yo te bese, te di un beso en los labios y tú te quedaste quieta. Cuando me aparte tenías los ojos abiertos de par en par, sabía que había hecho mal en besarte, pero no lo que no sabía era que tu reacción no fuera lo que esperaba - se detuvo y casi podía ver como transpiraba, me miro y vi en sus ojos miedo, terror y también que me amaba - de repente saliste corriendo gritando que los amigos no hacen eso, que fui malo en hacerlo, y lo comprendía porque tu eras un niña y yo un pendejo - dijo riendo sin gracia, una risa seca - cuando corriste no te diste cuenta que venía un auto y...
Me levante de mi lugar, estaba en shock. Él no había terminado de hablar pero sabía lo que iba a decir. Sentí mis ojos llenarse de lagrimas. Por eso no lo recordaba, hasta hoy.
- Después de eso, todo fue rápido, la ambulancia, mis padres, los tuyos, no despertaste sino un día después de tu cumpleaños. No recordabas nada, así que todos dijeron que sería mejor, tus padres decidieron que sería mejor que me fuera, porque cada vez que me veías llorabas. Mis padres lo hicieron, ya que vieron la oportunidad de hacer algo diferente en la vida. Un mes después no fuimos, nos mudamos a Estados Unidos y todo allá fue mejor. Cada año qué pasó yo solo pensaba en ti, y tú abuela como buena abuela, me enviaba fotos de ti y me contaba de ti.
Llore cuando menciono a mi abuela. Ella había muerto cinco meses atrás. Siempre me decía que el amor de mi vida llegaría cuando menos lo pensara. Y ya tenía una idea vaga del porque de mi decisión al irme hoy de casa.
- ¿Todos estos años? - pregunte conteniendo el llanto.
- Desde el día que me fui...Siempre me mataba pensar en ti y la situación en la que habías terminado Gracias a mi. Si yo no te hubiera besado, seguro ahora todo fuera diferente, seguro ahora seríamos una pareja muy feliz y enamorada.
Sus palabras hicieron que mis lagrimas aumentaran y hasta hipara. Sentí un puntazo en mi cabeza y como si de película fuera recordé ese momento en que él me beso, lo vi nítido, vi su rostro de niño y sus ojos centelleantes. Pude recordar lo que pensé ese mismo instante.
Yo también lo sentía.
- Lamentó tanto lo que hice. Pero no podía olvidarme de ti, nunca ha habido alguien mejor o igual que tú, solo tú. Y por eso tu abuela me dio la idea de hacerte pensar en que deberías buscar tu felicidad este día, y que debías salir de casa. Cada día un anuncio pasaba en ti tv sobre el verdadero sentido de este día, cada día tu abuela te decía algo que te hiciera querer salir, y el último día de su vida ella me dijo que si no lo hacía bien ella vendría del más allá a darme unos buenos nalgazos.
Reír por lo que dijo. Me imaginaba a mi abuela rezar un plan para que me volviera a ver con él.
- No fue tan fácil, incluso creí que no te vería, pero al verte en el comedor todo mi cuerpo vibro con ansias. Perdóname. Pero quería tenerte.
Me acerque a él, aún llorando y creo que hasta moqueando. Pero no me importo.
- Leo, yo también lo sentía. Yo también lo siento - le dije entre hipos. - reaccioné así porque estaba asustada, no sabía que fue lo qué panza, en ese entonces, sintió cuando me diste el beso. Pero ese sentimiento siempre ha estado ahí, esperando por ti.
Vi su sonrisa, la sonrisa hermosa que me hace querer verlo así todo el tiempo. Sus ojos dentellaron y se llenaron de lagrimas, todo su rostro representaba la felicidad pura.
- ¡Oh, Nini!. ¡Cuánto te amo! - gritó con euforia y hizo todo lo posible para acercarse y tomar mis labios en los suyos.
Yo le respondí besándolo con todo mi ser. Tome su rostro entre mis manos y limpie las lagrimas que caían, así hizo lo mismo él.
No sé cuánto paso, y ni siquiera me importa. Lo único que quería era seguir así, y sentir esa cosa hermosa en todo el cuerpo.