Flaqueza

1277 Words
 La miré a fondo, no fui nada discreto, caminé hacia el armario quitando mi camisa y dejando mi pecho al descubierto. -Está ocupado ¿No vez?- dijo señalándose semi vestida -Si quisieras que estuviera ocupado habrías cerrado la puerta- argumenté, deja de comportarte como una cría -No soy ninguna cría-se acercó a mí demasiado- sabes que puedo ser seria y objetiva cuando es necesario, simplemente tu…- se detuvo y me miró el abdomen- me sacas de mis casillas- evadió la mirada- soy una mujer después de todo una mujer con necesidades como dicen ustedes los hombres. Verla allí en ropa interior con detalles en encaje de color n***o, con sus pechos moviéndose de aquí allá cada vez que manoteaba para quejarse me hicieron llegar al límite, necesitaba callarla y parar esto, la besé haciendo un profundo silencio en la habitación, aquel que ocupaba en esos instantes, había tenido un día de la mierda y ella estaba dando la estocada final. Tomé su rostro entre mis manos, metí la lengua a su boca, la besé con pasión, aquella que se me cortó cuando la otra Amanda dijo su nombre, ella se quedó estática por un momento para después abrazarme de la cintura y recorrer la piel de mi espalda con sus manos, me beso espléndidamente, pasé mis manos a sus glúteos, eran tan firmes por naturaleza porque no la veo ejercitarse o algo parecido, sus piernas eran perfectas, ella mordía mi labio inferior con picardía y mientras tanto yo besaba su cuello bajando hacia sus pechos, se sentía tan bien, la levanté haciendo que mis piernas rodearan mi cintura, me deshice de mis pantalones quedando ambos en ropa interior, la llevé hacia la cama y nos besamos apasionadamente, justo cuando íbamos a consumar el acto ella me detuvo -Lo siento,  esto no está bien, es extraño- se levantó, tomó su ropa y se fue a su habitación dejándome plenamente jodido. Maldije una y otra vez, estaba perdiendo la conciencia, meterme con Amanda es lo último que debo hacer y ahí estaba buscando problemas en este momento por simple desesperación; realmente no era así, algo en ella me atraía, su belleza seguramente pues siempre he sido vulnerable a ello. Afortunadamente no había pasado a mayores pero si había generado un cierto grado de incomodidad entre nosotros. Me di una ducha con agua muy fría y me fui a la cama. El siguiente día sería muy largo pues iríamos a la degustación y tendríamos que actuar como un par de enamorados. Amanda despertó muy temprano, pasó a mi habitación para tomar la ducha y arreglarse, me incorporé rápidamente entró al baño, fui al armario y comencé a elegir mi atuendo, un pantalón de vestir azul marino, camisa blanca y saco a juego con el pantalón, zapatos cafés y un reloj en el mismo tono, no usaría corbata para darle un toque más casual, el día era un poco frío y eso me agradaba, eran los días ideales para mí. Al salir del baño Amanda se dirigió al vestidor también, ahí nos topamos después de tan bochornoso incidente nocturno -Lo de anoche- dudó- no era correcto, si queremos lograr tus objetivos debemos de mantener una relación profesional, luego puede ser incómodo y realmente tú no eres mi tipo- añadió Sus palabras aunque herían un poco mi orgullo de hombre eran verdad, no debía inmiscuirme con ella puesto que no busco una relación seria con nadie, ella no es la diferencia, ciertamente sería alguien más que pasa en visaje por mi vida. -Estoy de acuerdo- dije sin más, ponte algo abrigador hay frío afuera. Entré al cuarto de baño, me sumergí en la tina y tomé un relajante baño caliente. Cuando estuve listo Amanda ya se encontraba desayunando, ocupé mi asiento y la miré discretamente; se colocó un vestido azul cielo de algodón por debajo de la rodilla, con unas medias en azul marino y botines del mismo tono, accesorios en azul marino, noté que coordinó su vestuario con el mío, era muy minuciosa en algunos aspectos. -Solo come fruta- comentó- tendremos mucho que comer hoy- afirmó -Es cierto- reí Salimos de casa, el chofer nos llevó en esta ocasión, el anillo de compromiso deslumbraba con esa combinación y sus azules ojos no se quedaban atrás, quizás era el hecho de que no podía obtenerla lo que estaba causando que me obsesionara con ella, con cada detalle y con cada movimiento. Llegamos hasta el restaurant donde un reconocido chef nos elaboró diversos platillos para degustar, desde cortes de carne hasta aves y pescados acompañados de verduras y diversas guarniciones. Después de probar y probar se eligió el menú de la recepción y el tipo de pan para el pastel de boda. Realmente el día no fue incómodo como lo imaginaba, el haber aclarado las cosas en casa rompió el hielo. Juntos éramos sinergia al momento de tomar decisiones, eso era bueno, pues al trabajar en la presidencia mínimo debíamos tener eso, la capacidad para trabajar en equipo. La tomé de la mano y salimos del lugar hasta llegar al auto donde volvimos a ser punto y aparte. Nos dirigíamos a la casa cuando recordé que debía encontrarme con el secretario de Estado, el tiempo era poco por lo cual decidí que Amanda me acompañara, además era oportuno que la conociera en persona. Al bajar del auto la tomé por la cintura y caminamos al unísono, las personas alrededor nos miraban atentas, quizá incrédulos por mi fama o por la belleza de Amanda. Talia caminaba por el pasillo charlando con otra persona, al verla nuevamente quise demostrar que era feliz y restregárselo pese a que fuera una mentira -¿Te he dicho ya que luces hermosa?- me acerqué más a Amanda y besé su cuello, ella se estremeció y me miró extrañada. -Ohh Terrence, desbordando amor ¿Quién lo diría?- dijo Talia- sabía que podías dar más pero simplemente no querías. Eres afortunada- se dirigió a Amanda la cual se limitó a sonreír cortésmente. -Digamos que sólo necesitaba a la mujer indicada- contrataqué. Su semblante se volvió rígido y continuó su camino cerrando con un seco “nos veremos después”, en el fondo seguía albergando sentimientos por ella, no sé si odio o amor pero cuando estaba cerca quería demostrarle lo bien que estoy sin ella. Continuamos el camino hasta que Amanda habló -¿Quién es ella y por qué te cabrea tanto? -Alguien del pasado de quién no te interesaría saber- contesté cortante. Llegamos a la oficina del secretario y nos recibió de inmediato -Terrence, que gusto verte de nuevo- mencionó -Hola, gracias, ella es Amanda mi prometida pero eso ya lo sabe -Pero que bella eres jovencita, este hombre no sabe lo que ha logrado al hacerse llamar tu esposo- bromeó- cuidado que podrías terminar decidiendo no darle el divorcio- se refirió a mí -Ja, patrañas, dime rápido lo que tenías que decir porque debo ir a la oficina a firmar algunos documentos y seguir planificando mi boda falsa -Pero que sensible y jamás vuelvas a repetir eso, las paredes tienen oídos- miró a todos lados. -Te olvidas que tengo excelentes sentidos- repliqué -¿Se han olvidado que sigo aquí?-dijo Amanda poniéndose de pie y hablando al secretario- Mucho gusto, quiero aprovechar la ocasión para pedirle que me dé una agenda de obligaciones como primera dama, quisiera estudiarlas un poco. Creo que ambos nos quedamos anonadados, nunca imaginamos que fuera una joven tan capaz, con la aspiración de ser una buena primera dama, cuando lo más que esperábamos era una muñeca que pusiera su rostro para las fotografías y adornara mi presencia, la estábamos subestimando aparentemente.
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