De una Amanda a otra

1168 Words
Rompiendo mis pensamientos Amanda respondió a mi pregunta sin inmutarse de mi cercanía -La planificadora ha enviado los catálogos, ¿Quieres verlos?- la verdad no deseaba hacerlo pero tenía que estar al tanto de todos los detalles, por eso había despejado mi agenda por orden del secretario de estado- veamos que propone- dije Sobre los arreglos de flores elegimos dos arcos florales con orquídeas blancas y crisantemos, uno de ellos se colocaría en la entrada del pasillo por el cual accederían los invitados y nosotros, el segundo justo en el altar donde nos pararíamos debajo de él. Procedimos con las sillas, las cuales tendrían pequeños ramos de flores en el costado haciendo el pasillo más dulce según Amanda, la playa sería el fondo de nuestra toma, las mesas serían redondas y la mantelería en tono azul aqua para combinar con el mar, se colocaría una enorme carpa para el banquete con colgantes en cristal y tela en el techo. Demoramos más de dos horas en decidirnos, debo reconocer que nos poníamos rápido de acuerdo y no era tan tedioso, nos acoplamos bien para la elección de las cosas, ahora sólo faltaba elegir los alimentos y los vestuarios de ambos, llamamos a la planeadora para informar nuestras decisiones y nos agendó una cita para el día siguiente ir a la degustación de los alimentos. -Vaya lío que es todo esto, ya veo porque muchas personas deciden no casarse- alegué -Hombres, esto no es para nada complicado, puedo decir que hasta me pareció divertido- dijo- debe ser más emocionante cuando es real. Miré su rostro que estaba cerca del mío, sus largas pestañas y luego bajé a su boca, estaba enloqueciendo, debía salir y desahogarme. Elegí no hacer comentarios, me levanté del asiento y busqué una chaqueta, el día era frío -Saldré, no me esperes para la cena- pronuncié Le marqué a mis amigos y fui hasta un bar, nunca lo habíamos visitado pero digamos que desde que Nico abrió su bar se dedicaba a visitar otros en calidad de espionaje- realmente está demente, sin embargo, puede que tenga sus ventajas, mientras el robaba los secretos ocultos de cada barman yo robaba suspiros de algunas chicas Necesitaba una víctima para esta noche- sonaba como un asesino en serie si lo decía de esa forma; miré a mi alrededor buscando alguna chica que me pareciera tentadora, vi un par de candidatas interesantes, una castaña con muy buena figura y rasgos faciales muy marcados me pareció indicada, emprendí mi estrategia de conquista -Hola, ¿te gustaría acompañarme con una copa?- la mujer me miró interesada, esbozó una sonrisa y pedí al mesero un par de tragos. Tomamos varios, bailamos por algún tiempo y después me invitó al sanitario. Echamos cerrojo sin importar que alguien más quisiera entrar y nos besamos descaradamente, comencé a abrir su blusa y deleitarme entre sus pechos, me quedaba muy pequeña de estatura por lo cual la senté en el lava manos, recorrí su cuerpo con mi boca mientras intentaba desabrochar mis pantalones y abrirme paso dentro de ella. -Soy Ben- mentí, no solía dar mi nombre a desconocidas, digamos que ese era mi nombre artístico- ¿Cuál es tu nombre linda? Pregunte mientras aún exploraba en ella -Me llamo Amanda papi, pero dime Amy para más corto- explicó mientras gemía de placer La solté casi de inmediato, esta era la casualidad más absurda que podía sucederme, sólo escuchar el nombre me quitó todas las ansias que tenía de cargarme a esa mujer desconocida en el baño público. Su cara mostró desconcierto, paré tan abruptamente que cualquiera se hubiera cuestionado el por qué -No te ofendas querida, estas demasiado guapa, simplemente he recordado algo urgentemente, pagaré tu cuenta para compensarte, subí mis pantalones de inmediato y salí de allí, la mujer estaba tan consternada que ni siquiera pudo hacer un reclamo. Me fui del bar sin siquiera avisar a mis acompañantes. Manejé molesto, iba a sucumbir a mis necesidades y de repente me sentí tan incómodo, fue un error preguntar su nombre, no entendía por qué me afectaba, quizás por la comparación, el momento de intimidad y que ese nombre viniera a mi cabeza sería absurdo, ahora volvería a casa peor que como salí. Después de manejar por varios minutos sin rumbo tomé el teléfono y busque opciones posibles entre mis contactos, estaba indagando y la batería se me terminó, no podía ser peor mi suerte, golpeé el volante con sutileza, no quería destrozarlo pues sería un problema más. Decidí irme a casa antes de que algo peor sucediera. Estacioné el auto y subí hasta la habitación, Amanda no se encontraba allí, me pareció extraño, tampoco estaba en su recamara pues usé mi visión para corroborarlo. Era ya de noche para estar afuera y tampoco me había avisado que saldría, conecté mi teléfono para que lograra encender, muchos mensajes, correos y notificaciones empezaron a llegar. Fui directamente a los mensajes de Amanda “Saldré con una amigas a Cielo, un bar del centro aprovechando que no estarás en casa, seré discreta”, pero que demonios quería decir con ser discreta, investigué la dirección del lugar, era un bar de medio pelo, no adecuado para ella ahora que está a punto de ser mi esposa, me dejaría en ridículo. Tomé el cargador y el teléfono, lo conecté al auto y me dirigí hasta allí. Al llegar muchos jóvenes entraban y salían del lugar, algunos ahogados de borrachos, otros muy risueños y otros en pleno ligue, me preguntaba por qué vendría a un lugar así. Busqué en la multitud, no logre verla, caminé por el pasillo y casi al fondo en un lugar con poca visibilidad estaba ella, contra la pared mientras un tipo le metía mano, se veía divertida y lo besaba con tal gracia que parecía una experimentada devora hombres, no me agradó ver ese espectáculo, me acerqué hasta ellos y tomé a Amanda de la mano sacándola del lugar, al tipo ni siquiera le importó, una vez afuera me reclamó -¿Pero qué carrizo te pasa? No puedes simplemente interrumpirme y sacarme a rastras, no viste que estoy ocupada -Ocupada besuqueándote con un desconocido en un lugar público donde alguien te podría fotografiar- refunfuñé -Te dije que sería discreta, no estaba a la vista de los demás-alegó- también tengo necesidades, me ayuda a no sentirme jodidamente sola, tú lo debes entender mejor, eres hombre, eres mayor -¿Qué si lo entiendo? No te imaginas cuánto, entra al auto ahora- ordené -Esto es injusto- dijo mientras se subía en el asiento del copiloto y abrochaba su cinturón. Llegue muy rápido a casa, subimos a la habitación, caminé detrás de ella, dentro de la habitación antes de que se marchara a la suya le advertí -No se puede volver a repetir lo de hoy, estás faltando al contrato, es arriesgado -Entonces ¿cómo se supone que abata mi soledad?- articulaba mientras se desvestía sin cerrar la puerta del vestidor dejándome amplia visibilidad de su ropa interior. 
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