Melissa caminó con seguridad por la alfombra color marfil que conducía al salón principal del evento empresarial. Las luces de las cámaras parpadeaban sin cesar, los flashes rebotaban en su vestido marfil ajustado al cuerpo, y su aroma, una delicada mezcla floral con notas dulces, parecía adueñarse del aire. Los reporteros se amontonaban con micrófonos en mano, ansiosos por capturar una declaración de la joven empresaria que en poco tiempo había revolucionado la industria del perfume. Ella se detuvo frente a la tarima donde sería entrevistada, cruzó una pierna sobre la otra con elegancia y sonrió con la seguridad de quien ya está acostumbrada a que intenten derribarla. La primera pregunta fue directa, con la clara intención de desestabilizarla: —¿Es cierto que usted fue víctima de una in

