3. La llamada

1076 Words
Mientras tanto, en el café se había quedado ella mirando el asiento vacío de Daniel, su única oportunidad para no ser humillada de nuevo por su familia se había escapado. La camarera se acercó a la mesa y se sentó frente a ella, justo donde se había sentado el señor Norman. —¿Qué paso?... —Aunque ella había hecho la pregunta, la verdad era que en el momento en que ambos se miraron a la cara ellos reflejaron primero desconcierto, luego reconocimiento y por último terror. —Es uno de mis alumnos —respondió en un susurro y mirando hacía sus lados, sintiendo que todos ahí podían escucharla y ella odiaba ser repudiada. Y al decirlo, al recordar al chico, sentía un nudo en la garganta y una opresión en el estómago. Se sentía perdida y humillada. —¡No me jodas! —Sí. ¡Dios mío! Si se lo dice a alguien… estaré arruinada. El año pasado uno de los profesores había sido acusado de violación por la madre de la alumna con la que tuvo una aventura. Él no solo casi había ido a la cárcel, perdió su trabajo y su matrimonio y hasta la fecha, no había vuelto a trabajar como docente. —¿Y crees que lo hará? —No lo sé, le dije que lo aprobaría en mi clase. —¿Entonces es un idiota? —No lo sé… en realidad lo reprobé porque estaba llenando formularios de trabajo en mi clase y no me escuchó cuando le pedí que pasara a exponer su trabajo. Soy una idiota. No debí escucharte, Melisa. Melisa era la mejor y única amiga que tenía y aunque en ocasiones no tenía ideas geniales, al menos lo intentaba, intentaba siempre estar con ella y apoyarla en sus decisiones. Melisa con su cabello corto y su sonrisa lunática era la hermana que la profesora hubiera querido tener. Lamentablemente su verdadera hermana era una bruja sin corazón. —Bueno, lo hiciste ya qué… ahora solo queda esperar a que el tipo no diga nada. ¿Pero te insinuó que haría algo en contra tuya? —No, de hecho... quería que continuáramos con el negocio. Pero por obvias razones decliné. Nunca podría darle clase de nuevo. Y para ser honestos, preferiría no volverlo a ver jamás. —¿Qué? ¿Por qué quería continuar? —Está arruinado, él hace lo que está haciendo porque está arruinado y necesita el dinero para poder continuar estudiando. Por un momento ella sintió remordimiento por no haber tenido más empatía con él en el salón de clases. —¿De verdad? —Sí. Pero no podría hacerlo, aunque quisiera, ya te lo dije él todavía tiene veinte años y será mi alumno el siguiente semestre. —¡Diablos! Supongo que no te quedara de otra que aguantar a tu familia y sobre todo a tu hermana. —Sí. Diablos… esto es tan difícil. Tener que soportar sus comentarios sexistas y estúpidos; pero, sobre todo, tener que aguantar ver la cara de superioridad de mi hermana. —¿Y si le aceptas el trato al chico? —Ni de loca. Es un mocoso, y ahora sí que me convertiré en la burla de mi madre y hermana. Seré tachada de la vergüenza de la familia. La señorita Thompson regresó más tarde a su departamento en un lujoso edificio. El cual su padre le había obsequiado cuando comenzó a estudiar la universidad. Se preguntó, por qué la vida no era tan sencilla como en ese entonces. Justo cuando cruzó la puerta el teléfono local comenzó a llamar. Dejó sus cosas en el perchero de la entrada y casi corrió para coger el teléfono y responder. —Diga… —¿Diga? ¡Qué es eso niña soy tu madre! La profesora maldijo por dentro. De haber sabido que era su madre, no había levantado la bocina. —¡Oh! Discúlpame, no vi el identificador antes de responder. —Deberías, niña. ¿Qué tal si te llama un extorsionador? Ella rodó los ojos. —Sí, lo tendré en cuenta para la próxima vez que suene el teléfono. A lo largo de los años aprendió a no discutir con su madre. Ella nunca se rendía, siempre debía de tener la razón; así que la dejaba ser y tener la razón la mayoría de las veces. —Solamente llamo para confirmar cuándo llegas a casa. Porque estarás aquí las vacaciones enteras, ¿verdad? —No, llegaré una semana antes de la boda de mi hermana. —¿Por qué una semana antes? —Amm —ella iba a responder que era por trabajo, pero… —¡Oh, sí! Es cierto tu novio vendrá contigo… ya lo habías dicho. Ella torció la boca. Ese día que hablo con su madre y le dijo que tenía un novio, había sido porque la mujer hablaba y hablaba de lo maravilloso que era el prometido de su hermana. Y a ella le restregaba una y otra vez, lo muy fracasada que era en ese aspecto, pues era una estúpida. No exactamente decía la palabra estúpida pero así la hacía sentir. Así que ese día mintió. Y no llevar consigo al supuesto y maravilloso novio era como decir… mentí. —Sí… bueno yo… con respecto a eso… Escuchó como el teléfono era arrancado de las manos de su madre… —¡Vamos hermanita! Ya no mientas más, todos sabemos que no tienes novio. Ella no comprendía por qué su hermana le guardaba tanto odio, si era ella quien siempre ganaba —¡Iré con él a tu maldita boda y verás que no miento! —Ja ja ja. ¿Cómo dices que se llama? —Nunca dije su nombre —la profesora habló con los dientes apretados. El tono de burla en la voz de su hermana le erizaba la piel. Y la hacía preguntarse en qué momento se callaría. Estaba a un paso a cometer una estupidez y contaba intentaba contar hasta diez para tranquilizarse... —Vamos dinos su nombre… ¿no puedes verdad? Porque no existe… —Norman… Daniel Norman. Ella en verdad no quería mentirle a su madre, pero es que su hermana... era la mujer más exasperante del mundo. No tenía otra opción que intentar por lo menos una vez en la vida mentir, hacer feliz a su madre y de paso dejar de ser la idiota de la familia que no es capaz de superar a su exnovio.
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