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Blurb

No todas las personas tienen la suerte de estar con sus almas gemelas, ni que Cupido intervenga y les de una segunda oportunidad tras la trágica muerte de uno de ellos.

Greta, es una periodista de sucesos que comienza a tener sueños donde salen fotos de mujeres asesinadas brutalmente y donde unos extraños y hermosos ojos de hombre, le suplican que no lo abandone.

Axel es un agente del FBI enviado a España tras la pista de un brutal asesino en serie, que se enamora a primera vista de una fisgona a la que pilla colándose en el escenario de un crimen y decide, en contra de su forma de ser, ayudarla sin que ella lo sepa a no ser descubierta.

Confuso con los sentimientos tan fuerte que han surgido por esa mujer, decide seguirla. Siente una fuerte necesidad por descubrir todo sobre ella.

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CAPITULO I
Toda la historia Trata sobre nosotros, siendo bendecidos con una segunda oportunidad. Me volví a enamorar de ti al soñar con tu mirada si saber que en un futuro cruel, tú ya me habías pertenecido. Dos almas gemelas separadas cruelmente por la maldad humana el día de los enamorados. —¡Eso no lo puedo permitir!—Exclamó indignado el Santo Valentín obligando al tiempo a retroceder un año antes de la tragedia, otorgándoles a los enamorados una segunda oportunidad y un poquito de ayuda divina. CAPÍTULO I Martes 14 de febrero del 2023 Sevilla. La calle estaba semioscura y desértica, muy silenciosa, pero no se veía ningún hueco para aparcar. Le había costado mucho encontrar aparcamiento por esa zona y se había tenido que alejar del restaurante más de lo deseado para por fin encontrar un hueco y estacionar su coche. Se veía pocos balcones encendidos de los bloques de pisos que habían a ambos lado de la calle de ese barrio de los remedios. Greta miró su reloj de pulsera, “Las diez y veinticinco de la noche” , y aligeró sus pasos subida a sus zapatos negros de tacones, ya casi era la hora en la que habían quedado en el restaurante y aun se encontraba lejos del lugar de la cita. Por precaución volvió a mirar entorno suya y se metió la mano en el bolsillo de su recién estrenado chaquetón blanco, regalo de Axel por su cumpleaños, por quinta vez desde que se había bajado del coche, para asegurarse de que su navaja estuviera ahí junto con el pequeño bote de espray de pimienta. Un coche blanco con las luces encendidas se acercaba despacio por la estrecha calle detrás suya, a unos cincuenta metros de distancia, buscando con toda seguridad aparcamiento al igual que había hecho ella no hacía mucho, por lo demás las aceras continuaban desérticas. Más adelante, a unos cuarenta metros de donde ella estaba, dos farolas consecutivas se encontraban apagadas, sumiendo la zona en una penumbra sobrecogedora. Greta aligero más la marcha, quería pasar lo antes posible por ese lugar y volver a la relativa seguridad que daba la luminosidad que veía más adelante, donde el resto de farolas se encontraban bien y iluminaban toda la acera. Antes ella nunca había sido tan temerosa, no podía serlo si te dedicabas al periodismo de sucesos y te pasabas tu vida persiguiendo tragedias, entrevistando a sicarios fugados de su país para hacerles un documental sobre su vida e incluso a veces, poniéndote en peligro a ti misma para conseguirlas. Pero desde hacía casi un año, la forma en la que veía la vida y la poca importancia que había dado a su seguridad, habían cambiado. Dentro de unos días haría exactamente un año que lo había conocido y enamorado de él a primera vista, y en la actualidad, estaba embaraza de su hijo, aunque él aún no lo supiera, pensaba darle la buena noticia en la cabina de la noria, cuando ambos estuvieran solos, sin tener camareros a su alrededor u otros comensales que estuvieran en el restaurante. Con una sonrisa de felicidad, sacó de su bolso una pequeña fotografía en blanco y n***o que le había entregado su ginecóloga, donde se veía la imagen de un pequeño chicharito con unas minúsculas y aún no bien formadas piernas y brazos, y le habían dicho que era su hijo o hija. Hacía tan solo horas que la doctora le había confirmado sus sospechas y ya amaba a ese pequeño ser más que a su vida, estaba segura que cuando Axel supiera de su existencia le ocurriría exactamente lo mismo que a ella. El ruido ronroneante del motor del coche sacó a Greta de sus pensamientos que miró a la carretera. El coche blanco que había visto antes casi al principio de la calle, ahora circulaba muy despacio, casi podía decir que iba al mismo paso que ella, pero tan solo unos cinco metros más atrás. Greta pudo ver a dos hombres, uno conduciendo y el otro más mayor que el primero, estaba sentado en el sillón del acompañante mirándola. Apartó la mirada de ellos y volvió a mirar al frente, no quería que la llamarán para preguntarle por alguna indicación, tenía prisas por llegar al restaurante y no quería que nadie la retrasara. Con la relativa seguridad que daba el saber que había más personas a su alrededor y ya no estaba sola, se adentró en la parte de la acera que estaba a oscura, ahora se sentía mejor, aunque no conociera de nada a los hombres del coche, no creía que nadie se atreviera a atacarle habiendo testigos tan cerca que pudieran ayudarla. Pasó deprisa por los restos de vidrios rotos esparcidos por la acera de la primera farola que estaba apagada. Cada paso suyo iba acompañado por el crujido que hacía los pequeños fragmentos de vidrios al romperse bajo sus zapatos al pisarlos. Ahora sabía que el que estuvieran esas dos farolas sin luz no se debía a ninguna avería, algún vándalo se había estado divirtiendo ocasionando destrozos públicos. Miró de nuevo su reloj, “las diez y media, la hora que habían quedado. Aún le quedaba unos buenos diez minutos más andando subida en esos infernales tacones”, pensó con fastidio. “Tenía que haber pensado que esto podía ocurrir y haberse traído un calzado más cómodo para ponérselo en esos momentos y cambiárselo antes de entrar al restaurante, así seguro que podría haber recorrido el trayecto en menos tiempo sin acabar con los pies heridos o con una torcedura en el tobillo “ se dijo deteniéndose mientras hacía una mueca de dolor cuando su tacón se dobló al meterse en una grieta en el suelo y doblarle un poco el tobillo. “Por lo menos había tenido el buen juicio de ponerse los banqueros ajustados negros y no la falda negra corta que había pensado ponerse en un principio. Se había librado de pasar frío al menos.” El ruido que hicieron las puertas de un coche al abrirse atrajo la atención de Greta que volvió a mirar en dirección a la carretera, dónde se encontraba ahora parado el coche blanco, con ambos ocupantes fuera de él. El hombre más mayor, el que iba de copiloto, estaba bordeando el capó del coche mientras el más joven, el conductor, se dirigía a la acera dónde se encontraba ella, pero a unos dos metros más atrás de su posición, dónde se encontraba en esos momentos parada. Un nuevo vistazo al hombre de más edad, puso la piel de gallina a Greta y aceleró de miedo su corazón. En ese momento supo que estaba en peligro. La forma como la miraba, con una sonrisa malévola, y en la posición en la que se estaba colocando, por delante de ella a unos tres metros contándole el paso, le hicieron saber que esos hombres le habían elegido como su presa. Nerviosa volvió la mirada detrás de sí buscando al otro sujeto más joven, encontrándolo casi pegado a su espalda. Se le escapó un grito de sorpresa y miedo mientras su cuerpo reaccionaba apartándose de un brinco de la cercanía del hombre y comenzando a correr en la dirección opuesta a él, justo hacia el otro sujeto que se encontraba de pie y parado delante de ella cortándole el paso. Cegada por el miedo, su instinto le había hecho correr a ciegas en dirección donde se encontraba esperándola Axel, en busca de la seguridad que él representaba, sin impórtale que en esa dirección estuviera el otro hombre. Un fuerte golpe en el centro de su espalda cuando aún ni siquiera había llegado a acercarse a que le cortaba el paso, la derribó al suelo sin apenas poder moverse ni respirar por el golpe. Los vidrios rotos de la acera cortaron sus manos y sus vanqueros, llegando a cortarle también la piel de las rodillas en la caída. Lágrimas de dolor y miedo comenzaron a resbalar por sus mejillas al intentar levantarse y caerse sin conseguirlo. Unos dedos fuertes le agarraron de sus cabellos y estiraron con fuerza hacia arriba, obligando a su cabeza y la parte superior de su cuerpo a erguirse, y fue arrastrada por la acera de los pelos hasta quedar frente al más mayor de los hombres. Intentó chillar pero una mano callosa y áspera tapó su boca impidiéndole lanzar el grito. El sujeto más mayor se agachó para ponerse a la altura de sus ojos y la miró con la misma sonrisa malévola del principio. Greta supo aunque la oscuridad no le permitiera ver el color, que el hombre tenía ojos muy claros al igual que sus cabellos, que recordaba cuando lo vio dentro del coche, eran de color blancos. —¡Estaba deseando atraparte, reportera Greta! —exclamó con felicidad el sujeto mayor con acento estadounidense, haciéndole saber a Greta sin proponérselo que ambos eran extranjeros—. ¡Metámosla ya en el maletero antes de que aparezca alguien! —ordenó al hombre más joven mientras se levantaba y cogía a Greta de un brazo para levantarla bruscamente del suelo. De un estirón en los cabellos de ella, el más joven la obligó andar encorvada, tapándole aún la boca con la mano, mientras el mayor impedía que volviera a caerse sujetándola por el brazo. Entre ambos, la obligaron andar en dirección al coche blanco. Recuerdos de su entrevista al fallecido Bruce el Monstruo, como lo había apodaba ella, pasaron por su mente. Este hombre durante un tiempo había secuestrado a sus víctimas de esa misma manera, antes de matarlas. Ella sabía que si esos dos lograban su objetivo y la metían en el maletero, ya podía darse por muerta, ellos la llevarían a algún lugar alejado dónde la ayuda sería imposible, y harían con ella lo que quisieran. Estaba segura que después de eso, su final sería la muerte. Con su mano libre agarró la navaja de su bolsillo y con ayuda de la otra mano, la plegó. —¡Tanto preocuparse papá por el tipo del FBI y resulta que al final la hemos cogido, igual de fácil que a las otras! —soltó orgulloso de si mismo el más joven. “¿Otras mujeres?,¿Conocen a Axel?” Esas dos preguntas pasaron por la cabeza de Greta en medio de su dolor, en el momento que el sujeto que la agarraba por los pelos habló. —¡El tipo resultó no ser tan listo al final, ahora le haremos pagar el haber venido persiguiéndonos hasta España! —contestó el padre maliciosamente estirando de Greta hacia el coche. La seguridad de saber ahora quiénes eran ambos hombres, golpeó fuerte en los sentidos de Greta y el pánico detuvo el avance de sus pies, su cuerpo a pesar del dolor de los estirones de pelo, se negó a avanzar más y sus dientes se clavaron con fuerza en la mano de su captor que tapaba su boca, provocando que este la apartara rápidamente, en medio de un grito de dolor. —¡Maldita perra, te has atrevido a morder a mi hijo! —le gritó el padre mientras le golpeaba con un puño la parte de atrás de la cabeza, derribándola del porrazo al suelo y golpeándose la boca contra el. —¡Hija de puta, estás muerta! —exclamó con rabia el más joven, sacando una navaja del bolsillo de su pantalón y cogiendo de nuevo por los pelos a Greta, obligándola a mirarlo. Esta tenía la boca entera llena de sangre, sus dientes habían partido el interior de sus labios al recibir de lleno el impacto contra el suelo. El padre agarró el brazo, que se disponía a cortar la garganta de la mujer, y lo paró antes de que llevara a cabo la acción. —¡Tendrás tú venganza hijo, pero no aquí! —le comunicó su padre con cariño, intentando también tranquilizarse—. Podrás descargar tu ira con ella más tarde y tranquilamente, ambos podremos hacerlo —terminó de decirle, mientras se agachaba y volvía a coger del brazo rudamente a Greta. Esta supo que no tendría otra oportunidad de intentar escapar que ese momento y con un rápido movimiento, cogiendo desprevenido a ambos hombres, trazo con la mano que empuñaba su navaja, una línea horizontal sobre la garganta del sujeto mayor que estaba a escasos treinta centímetros de ella. Este la miró con la cara paralizada por el asombro, mientras su hijo miraba con horror la navaja con sangre que sostenía ella en su mano. El padre se llevó la mano a la garganta, donde hilos de sangre comenzaba a resbalar por su cuello, y se dejó caer sentado al suelo, mientras se miraba la mano ensangrentada. —¡¡ Father !! —gritó el hijo en su idioma nativo, con terror en su miraba. Greta aprovechó el momento para levantarse tambaleante e huir, tenía que aprovechar esa oportunidad. No había logrado dar ni diez pasos, cuando sintió el pinchazo en su espalda, junto con un golpe. Se encogió de dolor y se dio la vuelta justo a tiempo de recibir el segundo navajazo encima de su pecho, de parte del furioso hijo. Soltó un grito de dolor y tuvo la certeza que iba a morir. Su mente invocó la imagen de Axel, mirándola con amor. “ ¡Lo siento mi amor, he intentado con todas mis fuerzas ir contigo!” le dijo a Axel mentalmente con desesperación. El tercer navajazo lo recibió en la barriga “¡¡ Mi bebé !!” gritó en su interior horrorizada a ser consiente de que acababan de matarlo. Su cuerpo cayó de rodillas al suelo, delante de su agresor, agarrada con ambas manos temblorosas a su barriga sangrante. El ruido que produjo algo al chocar contra la chapa de un coche, hizo que su agresor girará la cabeza hacia la fuente del sonido y gritara de nuevo en su idioma el nombre de , apartándose de ella para ir al encuentro de él, que se encontraba recostado contra el capó, llenándolo de sangre. Greta observó con alivio como sus dos agresores se montaban y se marchaban con urgencia, en el coche blanco. Lágrimas de dolor y miedo comenzaron a correr en abundancia por su rostro. Con la mirada buscó su bolso, que con la lucha había caído al suelo nada más empezar el asalto, y lo vio a unos tres metros detrás suya. Su móvil se encontraba en su interior, tenía que llegar hasta él, avisar a Axel y a una ambulancia. Intentó levantarse sin conseguirlo, las piernas estaban débiles, sin fuerzas en ellas y su torso apenas podía moverlo. Lo más curioso es que ya no sentía dolor en donde le habían apuñalado. Bajó la mirada a su torso, en medio de la penumbra, pudo apreciar la enorme mancha oscura de sangre que llenaba la parte delantera de su abrigo blanco, a la altura del pecho donde le habían apuñalado, y otra más grande aún en la barriga, cubriendo la sangre, incluso sus manos. Ahora que fue consciente de la cantidad de sangre que estaba perdiendo, pudo sentir la humedad bajo el abrigo que cubría su torso, vientre y muslos. Sin poder evitarlo y sin ningún control ya sobre su cuerpo, este dejó de mantenerse erguido para desplomarse hacia delante y quedar tendida boca abajo, inerte, sobre la acera, manteniendo apenas un hilo de conciencia. —¡¡Greta por favor, abre los ojos!!— En medio de su semiinconsciencia pudo reconocer su voz, pero no estaba segura de que fuera él, esta voz se notaba rota por el sufrimiento, como si estuviera llorando desconsoladamente, y su Axel era un tipo duro, él jamás lloraría de esa forma. —¡Por favor abre los ojos, no me dejes!! — Exclamó con mucho sufrimiento la voz que se parecía tanto a la de él. Con mucho esfuerzo, logró abrir sus ojos una pequeña ranura, lo suficiente para contemplar su rostro sobre el suyo, roto de dolor y bañado en lágrimas. “Lo siento mucho mi amor” pensó Greta sin fuerzas para hablar, con el alma rota por el sufrimiento, ante de que se le cerraran los ojos para siempre.

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