CAPÍTULO II

4914 Words
CAPÍTULO 2 Madrugada del lunes 14 de febrero de 2022. Sevilla. —¡¡Por favor abre los ojos, no me dejes!!— Greta se despertó de golpe con el corazón golpeando su pecho frenéticamente y se sentó cubierta de sudor en su cama, en la habitación de su cuarto y no en el frío suelo de una calle a oscuras. La claridad de la luna llena entraba por la ventana abierta de su cuarto e iluminaba parcialmente su cama y una parte del mismo. Miró su reloj deportivo de muñeca y presionó el botón para que se iluminara la esfera de la pantalla para mirar la hora, “las cuatro y treinta y siete de la madrugada, aún le quedaba tres horas para ir a trabajar ”, pensó intentando tranquilizarse. Recordó de nuevo esos peculiares ojos suplicándole que no lo dejaran y esta vez notó como se le hacía un nudo en su garganta al recordar su voz, estaba segura que tenía acento extranjero. —¿Pero qué carajos me pasa? —exclamó Greta intentando respirar profundamente para deshacerse de ese nudo y de las ganas de llorar que le acompañaban. Intentó pensar en otras cosas pero la imagen de esos ojos color miel uno y azul el otro, la perseguían en su mente, sobreponiéndose por encima de cualquier pensamiento que ella evocara en su cabeza. Cuando sus ojos se empañaron por las lágrimas contenidas, supo que tenía que levantarse y buscar otro tipo de distracción, no creía que por hoy pudiera volver a dormir en el estado en que le había dejado la pesadilla, porque eso era lo que había ocurrido, había tenido una pesadilla muy real, de la que por suerte apenas se acordaba, le había afectado de una manera en la que jamás había creído que le pudiera pasar. Con pasos rápidos, recorrió el pasillo desde su cuarto hasta el salón y de allí a la cocina, en busca de un vaso de agua que se tomó de un trago. Volvió a rellenar se lo y se marchó con él a sentarse al sillón del salón. Pensaba distraerse con la televisión y lograr que se marchara su pesadilla. La televisión se encendió por el canal 8, ese era el número que le tenía asignado a la cadena de televisión para la que trabajaba, “Cadena ciudadana sin censura”. Era una cadena relativamente nueva, creada para informar al ciudadano de toda la verdad, sin sensacionalismos ni mentiras, todo lo que de ella salían era la cruda realidad de la vida. Llevaba emitiendo tres años y ya tenían una considerable audiencia que los seguían. Su trabajo consistía en buscar esas noticias reales, muchas veces incluso poniéndose en peligro por ello, pero aun así merecía la pena. Le encantaba su trabajo y su vida entera giraba en torno a él. Siendo huérfana de ambos padres desde hacía seis años, sin hermanos o pareja por las que preocuparse, vivía su vida sin ataduras emocionales, cualificándola por ello como una de las mejores reporteras de su cadena y puede que de algunas que otras más. El televisor se encendió y la voz de la reportera llegó hasta ella antes de que la imagen apareciera en pantalla. La imagen de la reportera apareció por fin en pantalla, era su amiga y compañera María Pérez, otra buena periodista que tenía la cadena. Detrás de la mujer podía verse los coches de policías, y a agentes uniformados impidiendo el paso a los periodistas y curiosos que se habían acercado al lugar del suceso. . En ese momento apareció en pantalla la foto de la mujer que habían encontrado. La imagen era la de una chica joven y bonita de rostro alargado, con ojos hundidos del color del chocolate con leche y labios gruesos y sexuales. Tenía el pelo recogido hacia atrás y aunque no se apreciaba en la foto, Greta suponía que lo llevaba recogido en una coleta. Tanto su pelo como sus cejas arqueadas eran de color castaño oscuro. De frente, Greta podía ver que la joven era dueña de una nariz aguileña que armonizaba estupendamente con su rostro, dándole una apariencia de presencia fuerte y atractiva al resto de sus rasgos. La foto desapareció y en su lugar apareció la imagen lejana de varios hombres transportando una camilla con un cuerpo completamente tapado e introduciéndolo en un furgón funerario que sería el encargado de trasladarlo y entregarlo al forense. Contaba la periodista señalando la zona dónde se había encontrado el cuerpo, que se encontraba iluminada por focos y acotada por una cinta con líneas diagonales amarillas y negras. Varios policías vigilaban el perímetro para que ninguna persona sin autorización sobrepasara la zona acordonada. María volvió a mirar a la cámara de frente. En ese punto de la noticia Greta apagó la televisión asqueada de la maldad de algunos seres humanos. Había investigados otros casos de cuerpos de mujeres aparecidos en lugares de poco tránsito y todos habían sido casos de asesinatos, este no sería una excepción, estaba segura de ello. No hacía ni dos meses, otra mujer había aparecido muerta en una fábrica abandonada en Carrión de los Céspedes y aún estaba todo bajo secreto de sumario, un compañero de la cadena llevaba el caso y solo se sabía que la muerte había sido violenta, después de este tiempo aún no tenían un sospechoso. —Pobre chica, tuvo la mala suerte de toparse con otro bastardo hijo de puta, como le había pasado a la otra mujer encontrada en Carrión —murmuró levantándose y dirigiéndose de nuevo a su cuarto. La televisión había logrado distraerla y sacar de su mente la pesadilla, sentía que volvía a ser dueña de sus emociones. Ahora estaba segura que podría volver a dormir esa dos horas y media que le quedaban, antes de irse a trabajar. ••• —¡¡Por favor abre los ojos no me dejes!! —lo escuchó decirle con la voz ronca por el llanto y dolor, marcándosele mucho el acento estadounidense. Greta abrió de golpe los ojos y se sentó en su cama con el corazón desbocado. “Había vuelto a tener la misma pesadilla”, pensó con los recuerdos de esta aún frescos en su memoria, ”pero esta vez, había soñado también con imágenes de cuerpos de mujeres desnudas y muertas, golpeadas y acuchilladas, antes de que se repitiera la parte de la pesadilla dónde veía los ojos del hombre que los tenía de diferentes colores, y escuchaba su desgarradora súplica que tanto le afectaba oír.” El recuerdo de sus ojos aún estaba fijo en su mente, esta vez la imagen era un poco más amplia y podía acordarse hasta las formas de sus cejas, negras, bastante tupidas y rectas. También recordaba que la poca piel que había podido entrever alrededor de los ojos, era bronceada y sin arrugas. Era curioso y a la vez alarmante, que el recuerdo de esos ojos la alterasen hasta el punto de no poder contener sus lágrimas una vez que estaba despierta, y que los cuerpos de las mujeres muertas no le afectarán en nada cuando pensaba en ellos. Greta respiró profundamente, obligándose a llenar sus pulmones de aire, tenía la desagradable sensación de que le faltaba oxígeno. Con un extremo de la sabana de su cama, se limpió las lágrimas que caían por su cara. Con los ojos llorosos miró su reloj n***o deportivo y vio que aún le quedaba media hora antes de tener que empezar a vestirse para irse a trabajar. Era imposible que volviera de nuevo a dormirse, pensó acordándose de nuevo del sueño. La voz del hombre, junto con su súplica, surgió de nuevo en su mente y esta vez sintió desconsuelo al recordarlo, ”abre los ojos, no me dejes” —Mis ojos están abiertos, pero al que no veo es a ti —susurró con tristeza al cuarto vacío. Cerró con fuerzas los parpados para contener las tristes emociones que estaban ahogándola en ese momento.—¿Por qué me tengo que sentir de esta forma? ¿quién es él? —pensó desesperada por lo que le estaba pasando—. Estoy segura que jamás lo he visto antes, esa mirada no sería fácil de olvidar—. Ella no conocía a ningún extranjero que tuvieran esa anomalía en los ojos. Era la segunda vez que tenía el mismo sueño, aunque mejor era llamarlo pesadilla. Era tan doloroso ver esa mirada, como escucharlo suplicar, para nada era un sueño agradable. Si no quería seguir así más tiempo, tenía que distraerse para olvidarlo, ¿y qué mejor manera había, que hacerlo mediante el trabajo? Con esa idea en la cabeza, Greta se levantó de su cama y se dispuso a prepararse para irse a la oficina a trabajar. ☆☆☆☆☆ Nada mas pisar las oficinas de la cadena, Greta supo que su mañana prometía ser ajetreada. Cristina, la secretaria de su jefe, le había comunicado que María, su compañera periodista y que llevaba el caso de la mujer encontrada muerta en Albaida del Aljarafe, había sufrido un accidente con el coche ayer por la noche, mientras volvía a su casa después de estar en el lugar de los hechos y retransmitir la noticia en televisión. Un conductor borracho había chocado contra ella por detrás, a una velocidad de treinta kilómetros horas, cuando se encontraba parada en un semáforo en rojo. Su compañera había acabado la noche en el hospital, con un desguince cervical en el cuello, le habían dado la baja. Ahora, por orden de su jefe, la noticia sobre la mujer hallada muerta pasaba a ser suya junto a toda la información que llevaba su compañera investigado y recopilado, que resultó ser muy poca cosa. Greta se dirigió a su despacho de las oficinas de la cadena, con el cuadernos de notas de su colega. Era una noticia nueva, por lo que era lógico que aún se supiera poco sobre lo que le había ocurrido a la chica encontrada muerta, quedaba por investigar y preguntar mucho, pero aun así, Greta vio que María tenía apuntado algunos nombres y junto a ellos, el parentesco con la víctima o su profesión, sino eran familiares y estaban trabajando en ese caso. Era de agradecer que María le hubiera pedido a su marido, que trajera esos apuntes a la oficina nada más salir del hospital de madrugada, de esa manera podía continuar con el caso sin tener que perder tiempo en volver a reunir la información que María ya había averiguado, pero incluso así, era muy poca información la que su compañera llevaba obtenida. Lo único que se le ocurría para subsanar ese hecho, era ir al lugar donde había aparecido el cuerpo e intentar hablar con los agentes que estuvieran allí encargados del caso. Estaba segura que ella, no sería la única periodista en el lugar y que otros compañeros de profesión harían también lo que ella se proponía, pero esperaba tener suerte y averiguar algo diferente a todos ellos. Miró las notas de María, los hechos habían sucedido entre dos municipios, Albaida del Aljarafe, de donde era la víctima, y Sanlúcar la Mayor, cerca de la carretera A‐8077. Greta colocó la dirección en su GPS del móvil. Estaba a unos cuarenta minutos en coche. Cogió su bolso y su bloc de notas y salió de las oficinas de la cadena, bajando hasta el sótano en ascensor, donde estaba el parking, allí tenía a su disposición uno de los coches de empresa, el suyo un modelo pequeño de la marca Peugeot de color rojo de tan solo dos años, estaba bien aparcado en el garaje privado que tenían los bloques de piso dónde vivía, cuidado y mimado por ella. “Ni pensarlo iba a meter su precioso tesoro por carretera segundarias en mal estado, ni por caminos de tierra llenos de hoyos, como había visto esa noche por la televisión, que era el estado de los caminos que conducían al lugar del suceso. Incluso iba andando a su trabajo, que estaba a un cuarto de hora de donde vivía, por temor a que pudieran rayarlo en los aparcamientos públicos que estaban cerca de la cadena televisiva.” ☆☆☆☆☆ Vio el lugar desde casi un kilómetro de distancia antes de llegar. La carretera era bastante recta por esa zona y los coches de la guardia civil y de las furgonetas de los medios de comunicación, se veían desde la distancia, todos aparcados por ambos lados de un camino de tierra, junto a una construcción en ruinas. Greta aparcó el coche blanco con las iniciales C.S.C. impresas en las puertas delanteras del vehículo, detrás de otros de diferentes cadenas, y se bajó de él. Curiosa, miró el suelo que pisaba lleno de piedras y a continuación su indumentaria. “Había tenido suerte con la elección de ropa que había elegido para ese día, después de una mala noche había pensado que su cuerpo no estaba para sufrir incomodidades de ningún tipo, por lo que se había decidido por unos vaqueros de piernas de elefantes y cintura alta, unas zapatillas converse y una sudadera blanca con la imagen de un perrito en la parte de su pecho. Había hecho sin saberlo una elección aceptada”, pensó mirando a los demás compañeros de profesión, que se les veía incómodos en aquel camino, vestidos con sus trajes, zapatos de marcas o finos y elegantes tacones. A la edad de treinta y cuatro años, con una altura de metro setenta y cuatro centímetros y pesando sesenta kilos, su indumentaria le hacía parecer bastante más joven de lo que era, a diferencia del resto de sus compañeros trajeados de allí, que lucían más mayores de la edad que tenían. Tenía un rostro agraciado en forma de óvalo, una frente amplia tapada por una cortina de flequillos de color caoba, que llegaban justo por encima de sus cejas depiladas de color castaño oscuro, como era el color natural de su pelo, tenía unos bonitos y redondos ojos de color café, que siempre llevaba perfilados de n***o, pero, la parte de su rostro que más llamaba la atención, no era su pequeña y chata nariz, ni sus altos pómulos, ni su estrecha barbilla, sino sus gruesos labios, ahí era donde las miradas de deseo de los hombres y alguna que otra mujer, se dirigían cuando hablaba con ellos. Esa zona era la parte más sexi de su cuerpo, estaba segura que cuando alguien se le quedaba mirando sus labios, esa persona estaba pensando en besarlos. Tenía que reconocer que el ser guapa y tener un cuerpo pasable también ayudaba a que los hombres la desearan por su apariencia, hasta que se daban cuenta de que era una mujer con carácter fuerte, capaz e independiente, una mujer cabezota y luchadora que cuando se proponía algo, luchaba por ello hasta el final, lo consiguiera o no. Pocos hombres de los que había conocido, tenía la paciencia o las ganas de lidiar con una mujer como ella, y a decir verdad poco le importaba los hombres que la habían dejado, aún no había encontrado a ninguno por el que ella se volviera loca de amor como para querer hacer funcionar su relación. Greta se miró en el reflejo de la ventanilla de su coche, con manos ágiles y expertas, se arregló su media melena de color caoba, que hoy llevaba suelta, y se colocó bien el flequillo, una vez conforme con los resultados, se encontró preparada para la acción. —¡Fighting! — Se animó en voz alta, mientras se dirigía al lugar acordonado y rodeado de periodistas. En ese momento y mientras ella se acercaba, alguien anunció que iban a dar una rueda de prensa. Vio como todos sus compañeros de profesión, a la vez se dirigían hacia una furgoneta de la guardia civil y se paraban en su lateral, formando todos un semicírculo. Habían dejado libre y apenas sin vigilancia, el lugar donde habían encontrado el cuerpo de la mujer. Todos los guardias civiles, que segundos antes habían estado patrullando el perímetro acordonado, ahora se encontraban detrás de los periodistas reunidos, vigilándolos pero a la vez también distraídos, mientras hablaban entre ellos. Greta supo que era su oportunidad de conseguir fotos del lugar del crimen. Con ojos calculadores, buscó con la mirada un lugar desde donde poder traspasar la cinta, sin ser vista por ningún m*****o de la guardia civil, ni compañero de profesión. La cinta acordonadora, rodeaba por entero la construcción abandonada y en mal estado de lo que podía haber sido una casa de una sola planta. Desde donde ella estaba, de espalda a la carretera y frete a la casa, podía ver que los obreros que estuvieran en su momento encargado de la construcción, tan solo habían llegado a enfoscar la pared que tenía justo en frente de ella, antes de que pararan la obra. Años después esa misma pared, se había convertido en un lugar perfecto, para que artistas del grafitis pintarán en ella sus dibujos. También quedaba claro al ver la fachada, que ese mismo lado era el que sus dueños, en el pasado, habían escogido para que fuera la parte delantera de la casa, a juzgar por lo que en ella se veía, la forma de los hueco donde tendría que haber ido colocada la puerta y una ventana. Desde su posición, a través de esos huecos, podía ver parte del interior, de lo que tendría que haber sido una vivienda, lleno de escombros. No creía que esos huecos fueran las únicas vía para entrar en la deteriorada construcción, tenía que haber alguna otra por la parte trasera de la casa, algún otro ventanal sin terminar. Miró de nuevo a los guardias, que seguían distraídos entre ellos y supo que iba a ser a continuación. Con sigilo rodeó la furgoneta de la guardia civil, por el lateral contrario en la que estaban todos reunidos y fue ocultándose entre los coches que habían aparcados en línea, por ambos lados del camino de tierra, hasta llegar a la parte trasera de la construcción en ruinas. Allí se quedó agachada, entre la parte trasera y delantera de dos coches, observando ese lateral de la casa. Como había pensado, allí tampoco había vigilancia y si otro hueco de ventana sin terminar. Esa parte de la casa no estaba enfoscada, por lo que los ladrillos rotos quedaban a la vista, dándole una apariencia si se podía, de más deterioro a la casa por ese lado. Una nueva mirada en dirección donde estaban todos reunidos, en concreto a los guardias civiles, le hizo saber que podía continuar con su plan, sin ser vista por ellos. Mentalmente se preparó para la carrera e inclinó su torso hacia delante para intentar ser lo menos visible posible y salió veloz de su escondite en dirección a la construcción. Corrió todo lo que pudo unos veinte metros, hasta llegar a la cinta acordonadora, se agachó lo suficiente para pasar por debajo de ella y volvió a salir corriendo en dirección a la casa, llegando a la ventana, en pocos segundos. Ahora que estaba junto a ella, vio que la parte más baja de esta, le llegaba a la altura del cuello. Buscó con la mirada a su alrededor, algo a lo que poder subirse, sin encontrarlo, pero si observó que uno de los ladrillos, entre la ventana y a un metro del suelo, estaba lo suficientemente roto como para que las puntas de sus zapatillas entraran. Con la adrenalina a tope por el riesgo que suponía que la descubrieran, levantó la pierna derecha hasta meter el pie en el agujero y se agarró a los ladrillos de la parte baja de la ventana, justo donde tendría que haber ido el alfeizar. No sin esfuerzo, se dio impulso con el pie derecho hasta lograr subir su cuerpo y apoyar su torso sobre los mismos ladrillos en bruto, a los que se agarraba. Se dio cuenta tarde, cuando la mitad de su cuerpo ya estaba dentro del hueco, de que la ventana no era lo suficientemente ancha para que pudiera levantar su rodilla y colocarla junto a ella en el hueco, a modo de apoyo. Ahora no le quedaba más opción que intentar arrastrarse sobre la ventana y entrar de cabeza en la casa. Poco a poco, fue moviéndose de lado a lado con la ayuda de su cuerpo, arrastrándose hacia el interior de la casa en ruinas, con la idea de dejarse caer al otro lado con los brazos extendidos. “Había sido torpe, con el estrés y la emoción del momento, no había visto antes de iniciar la carrera, que la ventana era estrecha para que ella pudiera entrar con facilidad. En fin, no podía quejarse, había llegado hasta ese lugar sin que la descubrieran, eso de por si era para alegrarse” pensó con orgullo por haber sido tan sigilosa. ☆☆☆☆☆ Axel contemplaba con humor el trasero de la muchacha que estaba colgada de la ventana, este se balanceaba de un lado a otro según el movimiento de las piernas que caían sueltas por fuera de la ventana, mientras que la parte superior de su torso estaba dentro de la casa en ruinas. No pensaba intervenir ni llamar al inspector Ricardo para que la detuviera, la noche había sido larga y triste sin que hubieran de momento descubiertos nuevas pruebas, por lo que esta agradable distracción le venía de maravillas. La muchacha consiguió por fin entrar por la ventana la suficiente masa corporal, como para que la gravedad ayudara en el proceso y su cuerpo cayó dentro de la casa, segundos después, la vio asomarse por ella con los pelos desordenado, para comprobar si alguien la había visto. Axel soltó una carcajada dentro del coche de Ricardo, este tenía las ventanas ahumadas y sabía que la muchacha no podía verlo ni aunque estuviera a pocos metros de él, como había ocurrido cuando ella apareció de la nada entre el coche donde se encontraba sentado y el de delante. Su actitud sospechosa le había llamado la atención al momento y había despertado su interés con respecto a ella y sus acciones. Sin ningún tipo de tarjeta colgada de su cuello que la identificase como periodista, por su indumentaria y por su actitud de estar escondiéndose de la ley, la había catalogado como una mirona. Las pruebas habían sido recogidas de la casa y ya nada mas podía sacarse de allí que ayudara con el caso, por lo que no veía peligroso dejar a la mujer que satisfaciera su curiosidad. Se quedó vigilando desde el coche, por si a algún policía le daba por patrullar la parte trasera de la casa, echarlo de allí con el pretexto de estar haciéndolo él, no quería que su agradable distracción se buscara problemas, y esperó con paciencia a que ella saliera. ☆☆☆☆☆ Había tenido suerte de que el suelo de la casa no estuviera al mismo nivel que el de fuera, si no seguro que se hubiera hecho más daño que el que acababa de hacerse. Había caído con las manos por delante, había imaginado que pondría sus manos en el suelo con delicadeza y que poco a poco, andaría con ellas hacia delante, para darle espacio al resto de su cuerpo a que entrara por la ventana, pero la realidad había sido que el impacto de sus manos contra el suelo, junto con el peso de su cuerpo, habían sido demasiado para sus brazos, que se doblaron, dando de lleno con el hombro derecho y parte de su cara contra el suelo. Se había levantado con rapidez y lastimada, pesando que su quejido de dolor había llegado hasta los hombres de la guardia civil, pero gracias a Dios parecía que nadie lo había oído. Con un suspiro de alivio, se apartó de la ventana y miró a su alrededor tocándose la cara, la parte donde se había golpeado, notándola dolorida esa zona. Se encontraba en una habitación con escombros y algunas que otra caca humana en el suelo, con las paredes enfoscadas y llenas de grafitis de nombres de personas. No parecía que allí hubiera sido el lugar donde se había encontrado el cuerpo. Con una mueca de asco, pasó por encima de una de estas heces, había tenido suerte de que ninguna estuviera debajo de la ventana, y se dirigió a la puerta que había a la derecha de la pared de enfrente. Salió a otra habitación más grande y se tuvo que agachar al momento, la puerta principal que daba acceso a la casa estaba ahí y podía ver desde donde ella se encontraba, un trozo de la carretera y a los vehículos circular por ella. También podía ver por el suelo restos de ladrillos, piedras y basuras humanas como botellas gaseosas y latas de cervezas, pero no había señal de que fuera este el lugar donde había estado un cadáver. La pared de su derecha tenía una puerta y el lugar estaba iluminado por la claridad del día, por lo que adivinó que la ventana estaba ahí. Agachada para que no la descubrieran las personas de fuera, traspasó el umbral y entró en otra habitación más pequeña donde las paredes aún estaban sin enfoscar, el lugar estaba igual de mal que las otras dos habitaciones, tampoco parecía que allí hubieran encontrado un cuerpo. A su derecha se abría otra habitación. “Tenía que ser esa. Estaba casi segura que está era la que buscaba, las dimensiones de la casa por fuera no era más grande de lo que llevaba hasta hora visto” pensó observando esperanzada, la entrada a la otra habitación. Continuó andando con el cuerpo inclinado hasta la nueva habitación y entró en ella, incorporándose con alivio al ver que allí no corría peligro de que la descubrieran. La primera inspección que le dio a la habitación le resultó familiar, todo lo que allí había tirado por el suelo, estaba segura que lo había visto antes. Un paquete rojo de patatas fritas de sabor jamón en la parte izquierda de la pared de enfrente. No muy lejos, y más cerca del centro de la estancia, una hilera de ladrillos pegado a la pared, seguido de un preservativo usado entre los escombros de varios ladrillos rotos. Vio algunas latas de cervezas por allí tiradas, pero lo que más le resultaba familiar, era los resto de una fogata que había en la esquina, justo a su izquierda. El recuerdo de una fotografía de aquel lugar apareció en su mente, pero en ella junto al paquete de patatas fritas y la fogata, que en esos momentos se encontraba vacíos, en su mente se encontraba el cuerpo desnudo de una mujer salvajemente asesinada cubierta de sangre, con el rostro desfigurado por la paliza que le habían propinado. Greta observó el lugar donde la foto que había visto en sus recuerdos, mostraba el cuerpo de la mujer y se acercó a él. Manchas rojizas, casi negras, manchaban alguna zonas del suelo. —Ahí estaba el cuerpo— Susurró con el estómago encogido, hecho un nudo por los nervios, con la mirada puesta en las manchas de sangre seca. Prueba para ella de que la foto de sus recuerdos, era de un hecho que había ocurrido de verdad. Esa foto era parte de la pesadilla que había tenido esa noche, tan solo hacía pocas horas que había soñado con ella, y con algunas otras más que contenían diferentes cuerpos salvajemente golpeados. Cada una de esas fotografías con las que había soñado, mostraban diferentes escenarios donde se había llevado a cabo los crímenes. Hasta ese mismo momento, no quiso pensar en ellas, había creído que su mente las creó tras ver las noticia de esa noche y no había querido recordar las fotografías de tantas mujeres muertas, pero ahora sabía que una de esas imágenes se había hecho real, al contemplar aquella habitación, exactamente igual a la que había visto en la foto de su pesadilla. Impactada por lo que acababa de descubrir se sintió perdida, no sabía que hacer a continuación con lo que había descubierto, ni si alguien la creería si decidía contarlo. Imaginó la posible reacción de sus compañeros si llegaban a enterarse de sus terribles y fantásticos sueños e hizo una mueca ante la primera imagen de ellos que acudió a su mente. Estaba completamente segura que nadie la creería, tan sólo Pedro, el joven ayudante y amigo de ella, la respetaría lo suficiente como para no reírse en su cara. “No. No podía contárselo a nadie, incluso ella no habría creído una cosa así si le hubiera pasado a otra persona”, pensó con frustración.
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