CAPITULO III

3111 Words
“Esa mujer está tardando mucho en salir” pensó Axel desde dentro del coche, mirando la ventana de la casa en ruinas por donde se había colado ella. Inquieto, salió del coche y observó desde su posición al grupo de periodistas reunidos y al que podía decirse que era su compañero aquí en España, el Inspector Ricardo, al frente de todos ellos y recibiendo toda clases de preguntas por parte de los reporteros. Estaban en la etapa final de la rueda de prensa y no creía que aquello se prolongara mucho más tiempo. Aunque hacía tan solo dos meses que conocía al Inspector, podía darse cuenta perfectamente que lo estaba pasando mal intentando responder adecuadamente a las preguntas, sin relevar nada comprometedor del caso. Sus gesto y el continuo movimientos de sus manos al responder a los periodistas, delataban su nerviosismo, y no era para menos, si se descuidaba y decía algo indebido causaría un revuelo en los medios de comunicación y cundiría el pánico en la provincia, por lo que estaba seguro que todo aquello se terminaría pronto y daría por finalizada la rueda de prensa. Él sabía muy bien de lo que hablaba, se había encontrado en la misma situación que el Inspector tan solo hacia un año, en su país. Volvió a centrar su atención con el ceño fruncido, a la ventana vacía de la vivienda en ruinas. “Aun no hay señales de la mujer” se dijo preocupado. Entonces una idea surgió en su mente, “si ella no salía, no le quedaba más remedio, por su bien, que obligarla a ello”. Con cuidado de no ser descubierto y agachado en la misma pose que la había visto tomar a ella mientras se acercaba a la casa, Axel corrió hacia la vivienda en ruinas, en dirección a la ventana por la que había entrado la mujer. Si la escuchaba acercarse en su dirección cuando llegara a ella, desde dentro de la casa, tendría tiempo de ocultarse, si por el contrario lo descubría allí oculto, siempre podía decir que estaba en ese lugar por el mismo motivo que ella. Llegó hasta la ventana sin contratiempo y se asomó por el lateral de ella con cautela. Con una altura de un metro noventa y cuatro centímetros, la parte más baja del hueco donde tendría que haber ido el alfeizar de la ventana, le llegaba a la altura del pecho, por lo que podía ver el interior de la casa perfectamente. No había rastro de ella por ningún lado, no le quedaba más opción que obligarla a salir. Buscó algo en torno suya que arrojar al interior de la casa en ruinas y encontró una piedra del tamaño de su puño cerca de sus pies. La recogió y sopesó por unos segundos en su mano, antes de apuntar y lanzarla con fuerza en dirección al hueco, estrellándola contra la pared interior del cuarto, donde se partió en dos cachos debido al impacto. Acto seguido, corrió todo lo deprisa que pudo de vuelta al interior del coche de Ricardo, olvidándose esta vez de agacharse para no llamar la atención, y se quedó observando expectante por la ventana del asiento delantero, con la respiración entrecortada por la carrera, el hueco por donde tendría que salir la mujer. No pasó apenas cinco segundos cuando la cabeza de ella asomó por la esquina exterior trasera de la casa, sobresaltándolo con ello, y se puso a inspeccionar con la mirada la parte del camino donde él se encontraba montado dentro del coche, mirándola con la boca abierta por la incredulidad. Una vez que se sobrepuso de la sorpresa, su cabeza se llenó de pensamientos de enojo hacia ella. “¡Esa mujer era una inconsciente, ajena a las dificultades que podía tener si alguien, a parte de él, la descubría allí en esos momentos! ¿Cómo podía haberse atrevido a salir por delante de la casa y exponerse tan fácilmente a que la vieran los guardias que estaban en esa parte del camino?” pensó muy irritado con ella por haber corrido ese riesgo, mientras la observaba salir de su escondite y correr hacia la seguridad de los coches aparcados y también su dirección. La contempló acercarse mientras ella tenía la mirada y su atención puesta sobre las personas de la rueda de prensa, y tuvo que reconocer para sí mismo, que ella tenía una bonita figura junto a un rostro agraciado. La imagen de su culo bien formado sobresaliendo por el hueco de la ventana, apareció en su mente, sintiendo con ello un tirón de excitación en su m*****o. “Estaba claro, por lo que acababa de sentir, que todo en ella era de su agrado.” pensó, observándola ahora que podía, con más atención. La mujer pasó con rapidez por delante del coche en el que Axel estaba sentado, entre el hueco que habían dejado el vehículo de Ricardo y el del Citroën Picasso de color gris metalizado que había aparcado delante, hasta llegar al lateral del Citroën, a la altura de la puerta trasera de pasajero que daba para el camino de tierra, y apoyó su espalda sobre esta, respirando con agitación. Ahora apenas podía verla desde el asiento del conductor en el que se encontraba, pensó Axel sopesando la idea de trasladarse al asiento del acompañante, pero desechándola al momento. El coche se movería bastante y sería visible desde el exterior, poniendo sobre aviso de su existencia a la mujer, si desde el interior de él intentaba pasar hacia el otro asiento. Barajó la idea de bajarse del vehículo, pero la desechó al momento también, ella podría asustarse al verlo salir del coche por lo que su presencia significaría para ella. Sabría que él la habría visto colarse o salir huyendo o ambas cosas a la vez, de la casa en ruinas, y podría huir de él por temor a que la acusase a la guardia civil, entonces ya no la vería más. Ese pensamiento le desagradó nada más pensarlo. No sabía por qué ni que tenía esa mujer que había llamado su atención y provocado que sus instinto de protección surgieran, pero sentía mucha curiosidad por saber más cosas sobre ella y no quería que se marchara aún, por lo que decidió permanecer dentro del coche hasta que ella se alejara voluntariamente lo suficiente para que no supiera que él la había visto colarse en el interior de la casa en ruinas. ☆☆☆☆☆ —¡No, ningún periodista ha relacionado los dos casos y esperemos que esto siga así durante mucho más tiempo! —escuchó Greta que decía una voz de hombre, muy cerca de su escondite, proveniente de la dirección donde se estaba llevando a cabo la rueda de prensa. Se quedó inmóvil al escuchar la conversación que estaba manteniendo ese hombre con otra persona. –¡Si se llega a filtrar que hay un asesino en serie aquí en Sevilla, violando salvajemente y torturando a sus víctimas, se desatará el pánico entre la población. Tenemos suerte que el caso de Carrión y este, estén bajo sumario y no vayan a desvelar nada hasta que atrapemos al asesino! —continuó diciendo el hombre, justo en ese momento al otro lado del coche, donde se ocultaba una asombrada Greta. Ella se había agachado hasta casi quedar de rodillas sobre el camino de tierra y observó por las ventanas del coche, pasar por el otro lado de este, a un hombre de unos cuarenta y tantos años, hablando por un móvil. “¡Un asesino en serie en Sevilla, y por lo que acababa de oír, la mujer muerta de Carrión y esta era obra suya!” se gritó con estupefacción mentalmente, viniéndole a la cabeza el recuerdo de las demás fotos de mujeres asesinadas, con las que había soñado la noche anterior. “¿Podían ser también esas mujeres víctimas del mismo asesino serial, si resultaba ser su sueño real y no una simple pesadilla?” se preguntó horrorizada de que sus pensamientos fueran ciertos, mientras intentaba enterarse de todo lo que el individuo hablaba. El hombre, por lo que observó Greta, se detuvo mientras hablaba por el móvil, junto a la puerta del coche que estaba justo detrás del que se ocultaba ella, un flamante Audi blanco, con luna delantera y ventanas laterales ahumadas. Aunque no veía la luneta desde su posición, podía suponer que también su cristal, sería igual al resto. La forma de hablar autoritaria del individuo, le hizo suponer a Greta que tenía que ser alguien importante. En ese momento, se escuchó proveniente del Audi, el tenue ruido que hacía uno de los cristales de la puerta del coche, deslizarse hacia abajo por los carriles a los que estaba sujeto. El hombre que hablaba por el móvil, atraído por el débil ruido, bajó la mirada hacia la ventanilla de la puerta del conductor del Audi. Desde dentro del coche, surgió la voz grave y dura, con acento americano de un hombre, que nada más escucharla Greta, hizo que su corazón se saltarse un latido por el sobresalto y que a duras penas pudiera contener, una exclamación de asombro. —Ricardo, puede haber personas dentro de los demás coche como yo, no es aconsejable que hables ahí fuera sobre ese tema tan delicado del que estás hablando.—Le aconsejo la voz de dentro del coche, al hombre de fuera. Aunque la frase parecía ser un consejo bien intencionado, el tono de la voz con la que se había transmitido expresaba enojo. Olvidando todo lo relacionado con el por qué estaba en esa situación y tan solo con la idea en mente de ver al dueño de la voz y temerosa de descubrir que era él de verdad, Greta se irguió por completo con la mirada puesta en la luna ahumada delantera. Había reconocido la voz de ese hombre “¡era la misma que le había pedido una y otra vez que no lo abandonara en sus sueños!”. Preocupado, el hombre que estaba de pie, hizo un rápido barrido con la mirada hacia ambos lados de donde él se encontraba, mirando el interior de los coches más cercanos, sacando a Greta de su estupefacción al verlo y obligándola a reaccionar a tiempo, agachándose para no ser descubierta. “¿La habría visto?” se preguntó con el corazón golpeándole fuertemente el pecho, ante las emociones que estaba sintiendo en esos momento. “¿Pero qué le estaba ocurriendo, por qué sus sueños parecían que se estaban convirtiendo en real?” se preguntó Greta, pegada a la puerta del acompañante, completamente inmóvil, sin saber si había sido descubierta o no. Varios segundos pasó sin que se escuchara ninguna frase delatadora, por lo que pudo volver a respirar de nuevo al creer que podía haberse librado, por los pelos. “¡Tanto si había tenido suerte, como si no, tenía ya que largarse de allí antes de que la descubrieran! No podía arriesgarse e intentar de nuevo ver el rostro del hombre, si quería salir de allí sin ser descubierta” se dijo, comenzando a retroceder y poner distancia entre los dos hombres y ella, todo ello sin levantarse, con el cuerpo aún inclinado y sin apartarse de la seguridad que le daba los coches aparcados en línea, al borde del camino. Estaba segura que el hombre que estaba dentro del coche, la había visto salir del interior de la zona acordonada y correr agachada hacia el camino, lo que no podía saber era si también la había visto colarse por la ventana de la casa. “¿Habría estado el dentro del coche todo el tiempo desde antes que ella llegara, o por el contrario habría llegado después de que ella se colara en la casa en ruinas?” y otra pregunta rondaba su inquieta mente mientras ponía distancia entre ellos, “¿por qué aún no la había delatado a su compañero? Era obvio que ambos eran policías. Estaba segura, que sabía que ella estaba allí, por eso él había interrumpido la conversación de su colega con la excusa que podía haber personas escuchando. Lo que no entendía era por qué no la había delatado en ese momento. ¿Por qué la había protegido al permitir que siguiera oculta, sabiendo que era segurísimo que se había enterado de toda la conversación de su colega? ¿Podía ser que por muy surrealista que fuera todo lo que le estaba pasando, de verdad fuera el hombre con el que había soñado y que al igual que ella, a él le hubiera ocurrido lo mismo y la había reconocido nada más verla?” Un escalofrío recorrió su cuerpo poniéndole la carne de gallina ante esa posibilidad inquietante. ☆☆☆☆☆ Axel la había visto asomarse por el lateral del coche y mirar en su dirección con una expresión de asombro en su rostro, antes de agacharse y ocultarse de nuevo tras el vehículo. De nada había servido el esconderse de ella, al final tuvo que delatar su presencia antes de que Ricardo siguiera relevando sin saberlo, más detalles del caso a la mujer. —¡No había pensado en eso y tienes razón! —reconoció el Inspector Ricardo mirando de nuevo por segunda vez a su alrededor, para cerciorarse que no había metido la pata—. Por suerte no hay nadie cerca —se consoló más tranquilo—. Esa rueda de prensa parece que me ha quitado mi buen juicio, incluso ahora sigo estando nervioso, no estoy hecho para hablar delante de las cámaras —le explicó a Axel, mientras se frotaba con las manos el rostro para tranquilizarse. Axel se quedó cayado sin saber muy bien por qué, escuchando al Inspector Ricardo. Su deber en ese momento sería decirle la verdad para que detuviera a la mujer, era una civil que se había enterado de algo que no debía, aparte de haberse colado en la escena de un crimen sin autorización. Debían de arrestarla y amenazarla para que no contara nada de lo que había escuchado, pero no se vio capaz de delatarla y obligarla a pasar por esa desagradable situación. La pobre se moriría seguramente de miedo si se la llevaban detenida de allí en esos momentos. Su mirada se dirigió de nuevo hacia la dirección por donde la había visto asomarse, con la esperanza de verla de nuevo, aunque sabía que sería peligroso para ella que volviera a arriesgarse de esa manera, pero el lugar estaba vacío y tuvo el fuerte e inquietante presentimiento que ya se había marchado de allí. Axel salió rápido del coche, obligando a Ricardo a apartarse de la puerta del conductor para dejarle espacio. Con ligereza cruzó el hueco entre el Picasso y el Audi y se asomó al lugar donde momentos antes había estado la mujer, encontrándolo como había presentido, vacío. Miró el camino de arena, en dirección a la carretera y los otros coches de las distintas cadenas de televisión, sin verla. Se asustó al comprender que podía haberla perdido para siempre. Corrió en dirección a la carretera ante la mirada de asombro del Inspector Ricardo, deteniéndose y mirando cada coche que tenía personas en su interior, sin encontrarla. Preguntó a todos aquellos que se cruzaron en su camino si la habían visto, dándoles con detalle la descripción de su físico y ropa. Nadie pareció haberla visto pasar. Axel desesperado, contempló su entorno con la esperanza de encontrarla en el o de hallar algo que le llevara hasta ella. En ese momento observó a un coche blanco de empresa, con las iniciales CSC escrita en el lateral, salir del camino e incorporarse a la carretera. Axel corrió desesperado en su dirección, sin saber por qué, esas iniciales dibujadas en el vehículo, le recordaron a ella. El coche aceleró por la carretera y se alejó de él con rapidez en dirección a Sevilla, sin haber llegado a ver quién era su conductor, pero a la misma vez, sabiendo que no le hacía falta esa confirmación visual. Un sentimiento de desesperación cayó sobre Axel sin previo aviso al saber que la había perdido, estaba completamente seguro que ella iba en ese coche. ☆☆☆☆☆ Hacía rato que había dejado de ver por el retrovisor del coche, la casa en ruinas, ahora su mente liberada de la preocupación de ser descubierta infraganti, estaba procesando todo lo ocurrido en la última media hora. “¿De verdad era la voz del hombre de sus sueños o su mente le había jugado una mala pasada confundiendo la voz parecida de un extraño, con la que había escuchado en sus sueños de esa noche? Y si por un milagro resultaba que si era él, ¿le estaría ocurriendo lo mismo que a ella?” volvió a preguntarse aún sabiendo que no obtendría respuesta a su pregunta. Imaginar, que al igual que ella había reconocido la voz del hombre que estaba dentro del coche, él podía también haberla reconocido, le había despertado en su interior un miedo que nunca antes había sentido, porque si ese fuera el caso, todo lo que había soñado la anterior noche, era real, y eso era demasiado horroroso de asimilar. —¿Cómo puedo afrontar el hecho de que ese hombre existe, si aún no me he recuperado de la primera impresión, la de descubrir que una de las fotos con las que soñé anoche, se había hecho realidad ante sus ojos? —se preguntó desesperada en el coche, mientras conducía—. ¡Ni siquiera me ha dado tiempo a asimilarlo! ¡Ahora resulta que no solo tenía un suceso inexplicable, sino dos, si resultaba que el hombre de sus sueños era real —exclamó asustada. “¿Significaría eso que las demás mujeres muertas con las que había soñado ayer por la noche también eran reales?”. Abrió la ventana del coche, se sentía acalorada, incluso estaba sudando en pleno febrero y eso que tan solo llevaba puesto una sudadera larga y una camiseta interior corta, se había dejado el abrigo en la oficina. Con nerviosismo, se llevó la mano temblorosa a la frente para secarse el sudor y la deslizó por la mejilla, hizo una mueca de dolor cuando su mano tocó la parte magullada, se acordó del porrazo que se había dado contra el suelo cuando se cayó de la ventana. Movió el espejo retrovisor interior para echarle una breve mirada a su rostro. Tenía la mejilla inflamada y roja, con algunos arañazos ocasionado seguramente por el suelo de cemento. Volvió a mirar la carretera siendo consiente ahora del dolor en su cara, el sudor hacía que su herida le escociera.
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