CAPÍTULO IV

4131 Words
La mitad de la mañana y parte de la tarde, la llevaba perdida en su despacho de la cadena televisiva, desde que había vuelto de la escena del crimen, sin conseguir concentrarse en su trabajo. Tenía que concertar una cita con la amiga de la víctima, una tal Martina López González, de veintitrés años recién cumplidos y aun no la había llamado, seguía con la cabeza puesta en los sucesos de la mañana. Por lo que su amiga y compañera María le había dejado anotado en el cuaderno, la víctima había estado cenando esa noche con un grupo de amigos, habían estado celebrando el cumpleaños de esta tal Martina. Ahora que había descubierto que un asesino en serie era el responsable de la muerte de la muchacha, no sabía que preguntas hacerle a la amiga para que a través de ellas, nadie sospechara de su secreto. No era el momento aún de revelar lo que sabía, tenía que juntar pruebas que pudiera mostrar al público si quería que la creyeran, y es ahí donde no conseguía avanzar, cada vez que intentaba concentrarse, las fotografías de las mujeres asesinadas y los ojos del hombre que aparecían en su sueño, se repetían de nuevo en su mente, distrayéndola de su objetivo. Con un suspiro de derrota, miró su reloj de muñeca, las nueve menos cinco minutos de la noche, hora de irse a casa, pensó con el malestar de no haber cumplido hoy con sus obligaciones. Se levantó de la silla del despacho que compartía con otras tres personas más, una de ellas María y otros dos compañeros. Uno era un veterano de profesión de cincuenta años, bastante creído y con muchos aires de grandeza. El otro era Pedro, un joven becario al que martirizaba el veterano, sin darle descanso, con el que ella había entablado una amistad prácticamente desde que el joven había entrado a trabajar en la cadena. Ahora mismo estos dos últimos estaban recopilando información sobre el despido improcedente de una empresa, a veinte de sus trabajadores, por lo que se encontraba sola en ese momento en su despacho. Apagó su ordenador y ordenó un poco su mesa, cuando estuvo contenta con los resultado, se puso su largo chaquetón n***o y se colgó a modo bandolera su bolso del mismo color lleno de cremalleras y bolsillos, todos ellos ocupados. Echó un último vistazo al despacho antes de salir, para comprobar que todo estaba en orden, y una vez satisfecha con lo que vio, salió de la habitación encontrándose de frente en el pasillo, a su jefe de redacción que iba en su busca, un hombre trajeado, a punto de jubilarse, con una enorme barriga y delgadas piernas. —¿Te marchas? —le preguntó, como si no fuera una cosa obvia al verla con el chaquetón puesto y su bolso colgado. —Si, voy a casa —le contestó Greta extrañada de encontrarlo justo a la salida de su despacho. “¿Por qué está aquí?” pensó extrañada, presintiendo que esa situación anómala no presagiaba nada bueno para ella. —No te va a dar tiempo de ir y volver para estar en maquillaje a las nueve y media —le comunicó su jefe, mirando su reloj de muñeca—. Apenas te quedan veinte minutos para salir en antena—. Greta se quedó con la boca abierta mirando a su jefe. “No podía ser que fuera cierto lo que estaba escuchando. Ella jamás había querido salir en televisión, le gustaba el periodismo de inmersión, dónde tenía que convertirse casi en un detective para conseguir información, investigando y reuniendo datos, todo ello encubierto. Incluso a la hora de dar a conocer las noticias que descubría, era su compañera María quién las trasmitía en directo por la televisión. Si salía ahora, en la actualidad por antena, podía olvidarse de seguir manteniendo su anonimato, tendría que dejar el tipo de periodismo que a ella más le gustaba, y sobre todo perjudicaría la nueva investigación que estaba llevando, la del asesino en serie.” —¡Nadie me ha comunicado que iba a dar un reporte en directo! —se quejó indignada Greta sin poder contenerse—. ¡Sabes que no quiero salir en antena, lo mío es la investigación!— —¡Nadie te tiene que informar de ello señorita, tú estás llevando el caso de María, el de la mujer encontrada muerta en Albaida del Aljarafe! —le contestó molesto su jefe —¡y ella era la encargada de informar a los ciudadanos sobre el desarrollo de la investigación llevada a cabo por la guardia civil y la policía científica! ¡Es lógico que también en esto tengas que sustituirla hasta que ella regrese! También hay otro motivo, todos tus compañeros están ocupados y ando corto de personal estando María de baja. Además, no te tienes que preocupar tanto por tu anonimato, la audiencia suele olvidar pronto las caras de los periodistas cuando dejan de salir por antena, esto no perjudicará tus futuras investigaciones cuando este suceso deje de ser el centro de atención —le informó quitando importancia a las preocupaciones de Greta. Esta lo miró molesta por la forma en la que estaba minimizando sus justificadas preocupaciones e intentó convencerlo de nuevo dándole una nueva excusa. —El caso está bajo secreto de sumario, no hay nada nuevo que pueda informar ahora Antonio que no sepa las demás cadenas también —le señaló Greta esperanzada de que esto lo convenciera y anulara la transmisión en directo sobre el asesinato—. Necesito investigar más para contrastar los hechos que he averiguado, si salgo ahora por la televisión, podemos olvidarnos de una futura primicia —soltó Greta fingiendo sentirse apesadumbrada. —¿Qué quieres decir con eso? ¿Acaso has averiguado ya algo ? —le preguntó su jefe, mirándola atentamente con curiosidad. —Sí —le contestó Greta con una sonrisa satisfecha, al ver que su jefe había picado el anzuelo que le había lanzado—. Escuché una conversación telefónica que no debía, a un pez gordo de la policía—. “ Tenía que ser alguien importante ese hombre dentro del cuerpo policial, si sabía tanta información confidencial, por lo que no creía que estuviera mintiéndole a su jefe al darle un puesto elevado al que se había convertido en su fuente de información, involuntariamente” pensó. —Será una noticia bomba —le comunicó Greta—. Pero necesito investigar más sobre ello. Si salgo por antena ahora, puede que después, a la hora de investigar el caso, me sea más difícil si las personas me reconocen por la calle —se quejó dramáticamente Greta, casi segura ya de haber conseguido su objetivo. Podía verlo en la cara de su jefe. Antonio se quedó pensativo unos segundos, contemplando el rostro de Greta y según pensaba ella, sopesando lo que acababa de decirle. —¿Será una primicia? —le preguntó Antonio levantando ambas cejas expectante. —Una de las grandes —contestó Greta sonriéndole. ☆☆☆☆☆ “Lo consiguió” se dijo, pero sin sentir la alegría del triunfo, mientras bajaba las escalera del edificio de la cadena televisiva donde trabajaba. “Se había librado de transmitir en directo, o eso quería pensar, pero a un alto precio. Su jefe se la había jugado, se dio cuenta de ello cuando lo vio marcharse con una sonrisa de complacencia en su rostro y sin hacerle ninguna pregunta más. Eso la hizo pensar y analizar su situación. Seguramente su jefe se había dado cuenta de alguna manera, que desde que llegó a las oficinas, proveniente del lugar del asesinato, se encontraba distraída, incluso podía decirse que ausente. Ese hecho podía él haberlo interpretado como que algo importante, relacionado con la nueva noticia, la tenía absorta. “¿Y qué podía tener tan ausente a una periodista con tanta experiencia como ella, si no era, el haber descubierto algo de suma importancia que requería una investigación más a fondo?” Ella no solía informar a nadie sobre sus investigaciones, hasta que éstas estuvieran terminadas y contrastadas, una actitud que su jefe le reprochaba a menudo, pero de la cual ella se aferraba ferozmente. No quería que nadie supiera cuántas veces sus investigaciones no le llevaban a ningún lado. Sería como anunciarles sus fracasos, y eso no lo soportaba, por lo que estaba segura que su jefe había utilizado su negativa en salir por antena, en beneficio propio, para asustarla y obligarla a hablar. “El muy canalla era muy listo y después de tres años trabajando para él, la conocía muy bien. Seguro que sabría que ante la presión de verse perder su anonimato y de no poder seguir sus investigaciones clandestinamente, ella tendría que contarle algo importante, para que él considerarse su decisión de sacarla en antena y que ella no perdiera su capacidad de infiltrase en cualquier lugar, sin ser reconocida.” —¡Tonta más que tonta! —se dijo dándose una cachetada floja en la frente, molesta por haber caído en la trampa mientras abría la puerta del bloque y salía del edificio. Ahora con más calma, se daba cuenta que su jefe nunca la pondría a ella en directo, era una de sus mejores investigadora con mucho talento al descubrir secretos ocultos y en esto ayudaba mucho su anonimato, aparte de carecer de experiencia delante de la cámara, dato importante para una transmisión en directo. Se la había jugado bien, tenía que reconocerlo, la había puesto nerviosa con el comunicado de salir en directo y se le había soltado la lengua. Ahora estaba en la obligación de seguir con la investigación del asesino en serie e investigar el otro caso de la mujer muerta en Carrión de los Céspedes. No había vuelta atrás, cuanto antes empezará mejor. Sacó el móvil de su bolso, mientras andaba por la calle en dirección a su casa. Quería saber a cuánta distancia está Sevilla de ese pueblo en concreto. ☆☆☆☆☆ “¡Ahí estaba ella!” gritó de felicidad su yo interior al verla por el retrovisor de su coche, entre los demás transeúntes. Su corazón comenzó a golpear su pecho como loco. Axel la contempló por el espejo, iba distraída caminando por la acera en su dirección mirando el móvil, esquivando a las personas que venían de frente como si tuviera un radar en su cabeza, por lo que no tenía que preocuparse de momento porque le viera mirándola tan fijamente. Llevaba horas esperando dentro de su coche, aparcado a unos treinta metros del edificio donde trabajaba ella, esperando a que apareciera, sin saber si estaba dentro de la cadena de televisión o de lo contrario, llegaría en algún momento antes de las nueve. Viendo la hora tan tarde que era, había estado apunto de marcharse desilusionado, pensando que no volvería a verla más ese día. “¡ Gracias a Dios que no lo había hecho!” La contempló por el retrovisor a placer, sintiendo mucha felicidad de haberla encontrado. Sabía que no era de ser una persona normal, como se estaba comportando, ni era correcto haber utilizado su cargo e influencia para buscar información sobre ella, pero tampoco era normal como se estaba sintiendo desde que la había visto por primera vez, esa misma mañana. Él era un hombre frío, que nunca había querido complicarse la vida con una relación. Jamás se había enamorado ni conocido a una mujer que le hiciera querer replantearse su decisión, y de buenas a primera, aparecía delante suya esa mujer, provocando que sin previo aviso, su corazón latiera a una velocidad alarmante, que surgieran de su interior sentimientos de protección tan fuertes que incluso se saltarse las leyes, algo impensable para un agente del FBI tan estricto como era él. Y todo, para que no resultara perjudicada, incluso sin ni siquiera saber en esos momentos quien era ella. Y si ya de por si, no era para sentirse sobrecogido con los sentimientos nuevos que estaba experimentando, el saber que todo le había llegado de pronto, a tan solo media hora de haberla visto por primera vez, lo tenía confundido, hasta el extremo que comenzaba a sentirse perdido, sin saber como sobrellevarlo. No sabía que le estaba ocurriendo, pero de alguna manera, en su interior, algo le decía que era correcto lo que estaba sintiendo por ella. La observó, a unos tres metros de distancia desde la seguridad de su automóvil, caminar por la acera hasta sobrepasar su auto, absorta aún en su móvil. Contempló con placer su atrayente figura, tapada por un largo abrigo n***o que le llegaba hasta las rodillas. Por debajo asomaban sus piernas enfundadas en los mismos vaqueros azules que llevaba esa mañana. Su mente evocó por decimocuarta vez, por lo menos en lo que llevaba de tarde, la imagen de su bonito trasero balanceándose, colgando de la ventana de la casa en ruinas, y notó el ya familiar tirón de deseo de su entrepierna, que llevaba sintiendo todo el día cada vez que rememoraba esa imagen. Incluso una de esas veces esa mañana, sentado en el despacho de Ricardo, que compartía con él desde que había llegado a España, ese deseo había hecho que se pusiera en una situación incómoda y avergonzante, recordó mortificado, sin apartar la mirada de Greta, que se alejaba de él cada vez más. Sin poder evitarlo, el recuerdo de ese momento tan abochornante, volvió a aparecer en su cabeza, transportándolo sin quererlo al interior de su mente, dónde volvió a revivir lo acontecido esa mañana en la oficina. Se encontraba solo en el despacho, Ricardo se había marchado a Carrión de los Céspedes a interrogar de nuevo a los padres de la primera chica asesinada, él por el contrario había decidido quedarse en la oficina revisando las fotos y pruebas de ambos casos, o eso le había dicho que haría al detective Ricardo, pero la verdad era que lo que buscaba era información sobre la cadena CSC y sobre todo de una periodista en concreto. De nada sirvieron sus investigaciones, en la página web de la cadena no había ninguna foto de ella, por lo que aún no había descubierto cómo se llamaba. Lo único que sabía por lo que le habían contado los demás reporteros que estaban en Albaida, era que el coche que se marchaba por la carretera con las iniciales CSC, era de una cadena televisiva y que seguramente el que lo conducía era periodista. Con esas únicas pistas había comenzado nada más quedarse solo en el despacho, a buscar por Internet desde el ordenador del Inspector, a la mujer. Media hora después supo que por ese medio no lo conseguiría. Frustrado había apagado el ordenador, ”necesitaba pensar en otras opciones para dar con ella”, pensó. Intentó concentrarse en buscar nuevas vías por donde poder buscarla y sin saber como, su mente rememoró una de las imagen del día que más le había excitado los sentidos, el trasero bien marcado de ella a través de los vaquero y sobresaliendo por la ventana de la casa. Solo como se encontraba en esos momentos en el despacho, se había permitido recrearse a gusto con el recuerdo y dejado a su cuerpo y mente expresarlo tal como mandaba la naturaleza. Para poder concentrarse y visualizarlo mejor, había cerrado sus ojos. La imagen de su trasero sobresaliendo por la ventana y balanceándose sexualmente de un lado a otro, se hizo más cercana y consistente en su mente, casi podía alargar el brazo y tocarlo. En este recuerdo, él no estaba dentro del coche del Inspector. En esa fantasía, porque eso era ahora, él estaba situado justo detrás de ella, separados ambos por tan solo una distancia de un metro escaso. Su mente, muy activa por el deseo, había recreado en ese momento a la perfección su culo espléndido en forma de corazón, con glúteos voluminosos, que le había provocaba querer agarrarlos con ambas manos firmemente y no soltarlos, al igual que sus caderas redondeadas ideales para aferrarse a ellas, mientras se imaginaba enterrando su m*****o de una estocada en el interior de su sexo. Acalorado, recordaba que se había quitado su chaqueta azul marino aún con los ojos cerrados, sin querer perder su concentración y la había tirado sobre la mesa del despacho. Su pene había crecido dentro de sus pantalones hasta ponerse completamente duro y había tenido que acomodarse con los ojos aún cerrados, los vaqueros en sus ingles para darle mayor espacio a su erección, que iba cada segundo haciéndose más grande y dura, debajo de los pantalones. Un ramalazo de placer había salido desde su entrepierna, extendiéndose por todo su cuerpo ante el roce de su mano al acomodarse el m*****o, escapándosele de entre sus labios un débil quejido de gusto. Había abierto en ese momento los ojos de golpe asombrado de que su cuerpo estuviera reaccionando de esa manera ante un recuerdo. Hacia años, desde su adolescencia, que él no sentía ni se comportaba como un joven sin experiencia, encendiéndose de esa manera ante el más mínimo estímulo s****l que apareciera en su mente o ante sus ojos. Consumido por el deseo, bajó su miraba hasta su abultada entrepierna y colocó su mano abierta sobre ella, por encima del pantalón, aferrando entre sus dedos su duro m*****o. El placer ante la presión de su mano fue enorme, estaba muy excitado, tanto que ni recordaba cuándo había sido la última vez que había alcanzado ese nivel de excitación con alguna de las mujeres con las que se había desahogado con anterioridad. Cerró de nuevo sus ojos, buscando sumergirse de nuevo en su fantasía. Su mente no lo defraudó. Estaba de nuevo en el mismo recuerdo y ella seguía teniendo la mitad de su cuerpo metido por la ventana, pero ahora estaba completamente desnuda y justo a la altura de las caderas de él. Su asombroso trasero desnudo se movía ante él, balanceando sus caderas de un lado a otro como había hecho en la realidad, dejándole ver su muy excitante y rosado agujero de su culo. “Un jadeo salió de su boca cuando su mano se frotó contra su dura erección, mientras movía sus caderas en la silla siguiendo el roce de sus dedos.” Gracias al Dios y al anónimo vendedor de seguros al que colgó nada más que se presentó, que en ese momento había decidido llamarlo al móvil, cortando de raíz sin saberlo su fantástica fantasía s****l, él había podido centrarse lo suficiente como para decidir que no era ni el lugar ni el momento para lo que estaba haciendo. Con sensatez había decidido apagar su excitación antes de que esta le hiciera perder el poco sentido común que aún le quedaba. Para ello decidió caminar por el despacho y llenar su mente con recuerdos de las fotos de las mujeres asesinadas que había matado el asesino y de volver a enumerar las pruebas que hasta ahora tenían. En ese momento y por muy mala suerte, había entrado en el despacho una agente bastante joven, transportando entre sus brazos una carpeta, que se quedó paralizada en la entrada con la mano aún en el pomo de la puerta al verlo de pie en el centro del despacho. Podía recordar con bastante claridad como los ojos de ella habían bajado por su cuerpo, como atraídos por un imán, hasta detenerse justo en su entrepierna abultada. Recordaba perfectamente el color de su rostro cuando avergonzada había apartado la mirada de su m*****o para intentar mirarlo a la cara, casi sin conseguirlo. La mujer tenía la cara tan roja que podía pensarse que se había expuesto demasiado al sol en pleno julio. ☆☆☆☆☆ Revivió de nuevo sentado en el coche, la vergüenza que había pasado esa mañana en el despacho, mientras contemplaba alejarse por la acera a la mujer causante de su mas ardiente fantasía y culpable por ello sin saberlo, de su vergüenza. Por suerte —recordó de nuevo —la agente se había marchado pronto, pero antes para su mortificación, se había disculpado con él por entrar en el despacho sin llamar. La mujer pensó que no había nadie y había entrado sin anunciarse a dejar informes en la mesa de su jefe, el Inspector Ricardo. Ahora, varias horas después de esa incómoda situación, solo rezaba que no se corriera mucho la noticia de lo ocurrido por la oficina y si no era demasiado pedir, esperaba no encontrarse más con la joven agente, hasta que él se marchara de nuevo a Estados Unidos. Pero sabía que ese deseo era muy difícil de que se le cumpliera. Con una mueca de desagrado antes los pensamientos que estaba teniendo, decidió apartarlos de su mente, no eran el momento ni el lugar para recordar cosas desagradables. Tenía ante sí a la mujer que lo tenía completamente loco desde esa mañana que la había visto por primera vez. Por fin había dado con ella y el sentimiento tan agobiante de pérdida que había sentido desde que la vio marcharse en el coche en la escena del crimen, había desaparecido de su pecho, sustituyéndolo por uno de alegría, al volver a encontrarla. Ahora no pensaba perderla de nuevo, se dijo observando que se había alejado ella ya una distancia considerable. Averiguaría donde vivía, de esa manera siempre podría volver a verla cuando quisiera. Axel salió de su coche con la mirada puesta en ella y comenzó a seguirla. Tenía que mantener una distancia razonable entre ambos para que no fuera tan obvio de que la seguía, aunque no creía que fuera a tener problemas con ello, iba tan concentrada en su móvil, que aunque caminara junto a ella, esta ni lo vería. ☆☆☆☆☆ “Está a treinta y dos minutos de Sevilla” leyó Greta en la aplicación Masp de su móvil, cuando introdujo el nombre de Carrión de los Céspedes en el buscador. Miró la hora que marcaba su teléfono. Eran las nueve y media de la noche. Mentalmente hizo los cálculos del tiempo que le quedaba hasta subirse a su coche y comenzar la marcha, más la media hora que tenía que sumar de conducción para llegar al pueblo y desechó la idea, era demasiado tarde como para ir a investigar en esos momentos, por no decir que se encontraba cansada. Aunque apenas había trabajado físicamente ese día, mentalmente se encontraba agotada, por lo que decidió posponerlo para ir por la mañana. Ya sabía la distancia a la que estaba de Carrión, el pueblo dónde se había cometido según el policía, el primer asesinato, ahora tenía que averiguar en que lugar se había llevado a cabo el crimen. En el buscador de Internet de su móvil, escribió el nombre del pueblo junto con el de mujer asesinada. Sus reflejos le hicieron apartarse a tiempo de chocar con una mujer que caminaba justo hacia ella, también pendiente del móvil. Greta le echó una breve mirada de censura y a continuación volvió a prestar atención a su teléfono. En el le aparecieron muchas entradas referentes a ese suceso. Se decidió entrar en la que el titular le llamó más la atención y a su vez era la más reciente, hacía tan solo una semana que la habían publicado: EL ASESINO DE ÁFRICA SIGUE EN LIBERTAD Greta apagó el móvil y se lo metió en el bolsillo de su abrigo. “ Ya sabía qué tenía que buscar mañana cuando estuviera en el pueblo de Carrión. Por lo que había leído, la fábrica abandonada estaba cerca de la de pasteles donde la víctima trabajaba y ahora sabía el nombre de esta, “Sergio Camino e hijos.”
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