—¡Hola, Danielle! Qué alegría verte de nuevo —exclamó Miranda, con una sonrisa sincera que iluminó su rostro por un instante. —¡Miranda, qué ingrata eres! —respondió Danielle alzando una ceja, mientras cruzaba los brazos con fingida severidad—. Si no llega a ser porque mi doncella coincidió con Ashly, jamás me habría enterado de tu regreso. —No he tenido tiempo para nada desde que llegué —dijo Miranda, bajando la mirada con un suspiro contenido—. Toda mi atención ha estado en mi padre. —¿Y cómo se encuentra él? —preguntó Danielle con tono más suave, posando una mano en el brazo de su amiga. —Recuperándose —respondió Miranda con un leve asentimiento—. Con algo de suerte, pronto volverá a ser el de siempre. —¿Y tú? ¿Cómo estás tú? —insistió Danielle, escrutando su rostro con preocupació

