En la venganza el más débil es siempre más feroz. Honoré de Balzac Miranda no podía describir con exactitud la angustia que le oprimió el pecho al leer la carta procedente de Londres. En ella, le informaban con urgencia que debía regresar de inmediato, pues su padre se hallaba enfermo. El temor se apoderó de su corazón como una garra invisible. Sin pensarlo dos veces, recogió las pocas pertenencias que había llevado a Blackfort Manor y partió de inmediato rumbo a la capital. Su padre era lo único que le quedaba en el mundo, y no soportaba la idea de perderlo. Durante el trayecto, oró en silencio una y otra vez, suplicando a Dios que no fuera nada grave. Cuando la distancia recorrida le permitió calmarse ligeramente, se permitió recostar la cabeza y cerrar los ojos. Sin embargo, en su me

