Los días fueron pasando, y Henry cada vez que salía de su departamento para ir a la universidad el cachorrito ya se encontraba al otro lado de la puerta de David, ladrándole como todos los días llamando su atención, pero Henry solo bajaba la cabeza y seguía su camino sin siquiera saludarlo, se sentía triste porque en verdad disfrutaba mimar con las galletitas a su amiguito, pero no quería tener más problemas con el dueño. Ni siquiera quería pensar que este abriera la puerta para volver a gritarlo, le dolía ya que el pequeño cachorro había ganado su cariño. . . . . . . Pasaron 2 semanas y Many todos los días quedaba en la puerta por las mañanas para ponerse a ladrar, David solo lo miraba por un rato para después ignorarlo, pero empezó a preocuparse de nuevo al notar que su cachorr

