Capítulo — Confesiones al Fuego Mateo echó unos leños a la estufa de leña y el chisporroteo llenó la sala. El humo mezclado con el olor a yerba fresca le recordó a su padre. Puso más agua a calentar para el mate, mientras Julieta lo observaba en silencio desde la silla de madera donde él la había hecho sentar. Ella, con la carpeta negra apretada contra el regazo, respiró hondo y lo encaró con voz firme: —Entonces, Mateo… Ramiro te engañó con tu novia. El gaucho levantó la mirada, y sus ojos azules brillaron como acero templado. —Sí —respondió, la voz grave, con un filo de dolor—. Ramiro fue mi amigo, casi como un hermano y cuando mis padres murieron, yo me sumí en la depresión. Te cuento esto para que veas que yo no soy mentiroso. Por algo no quiero a esa gente. Mateo apretó la bombi

