Capítulo — Entre Nervios, Recuerdos y Culpa La noche caía serena sobre la hacienda, pero dentro de la habitación de Mateo la calma era apenas un disfraz. Él se acomodaba entre las sábanas, afeitado y con el rostro más joven, distinto, como si la caída y el golpe hubieran borrado no solo su memoria, sino también los años de dureza que lo habían marcado. Julieta lo observaba desde la silla junto a la cama, con el corazón latiendo al compás de un miedo sordo. Mateo llevó una mano a la frente, frunciendo el ceño. —Me duele un poco la cabeza… —murmuró, restándole importancia. Julieta reaccionó enseguida. —Te voy a dar un calmante —dijo con voz firme, como quien intenta imponerse al temblor interior. Él aceptó sin protestar, la miró con esos ojos azules que parecían no cansarse de buscarla

