Capítulo 3. Despertar

851 Words
Abrió los ojos pesadamente, sus padres, sentados en el sofá de la blanca habitación, se consolaban mutuamente y su madre lloraba sin parar. Aquel mar infinito no fue un sueño, en verdad eran sus deseos materializándose claramente, su yo del pasado estaba muerto, ahora tenía una segunda oportunidad. — ¿Ma- mamá? — le llamó apenas audible. Maggie rápidamente se levantó, alejándose del abrazo de su esposo para acercarse rápidamente a ver a su hija. — ¡Annya! Cariño... ¿cómo te sientes? —Rara. Llamaron a la doctora, quien para sorpresa de Annya era Claire, ella la revisó y dijo que su cuerpo no tuvo ninguna repercusión grave, la mantendrían en observación y si las cosas iban bien pronto le darían el alta, posteriormente les dio privacidad. Maggie cambió su semblante a uno serio. — ¿¡Qué diablos estabas pensando!? El regaño le conmovió, así era su madre, aun si se veía enojada, la preocupación no abandonaba su rostro, y las lágrimas continuaban cayendo, fue abrazada por ambos, negándose a dejarla, temerosos. —Lo lamento. No pudo evitar llorar con ellos y devolverles el gesto afectivo, ¿cuánto daño les había hecho a sus padres por su estupidez?, tenía que retribuirlos de alguna manera, y tenía que empezar a planear cómo arreglar las cosas, no tenía tiempo que perder, no sabía cuánto tiempo había estado ahí y cuando vendría Charles a castigarla por intentar incumplir el contrato. Los soltó y le habló a su madre. — Mamá, puedo hablar contigo, a solas— primero debía convencer a su madre, y ella tranquilizaría a su padre. Christopher se sorprendió de que lo quisiera dejar fuera, pero su madre quería saber el por qué de las acciones de su hija, y si había solicitado tal cosa, seguramente se debía a que así no podía decir la verdad, por lo que le pidió a su esposo que regresara a la compañía. — De acuerdo— aceptó el padre, ya después lo discutiría con su esposa, quería respetar los deseos de su hija. Una vez solas, la joven castaña se dispuso a hablar. — Mamá, ¿puedes llamar a Dylan? — ¿Qué? No tienes ni cinco minutos despierta y ya estás haciendo cosas que no comprendo, merecemos una explicación, ¿qué te pasó por la cabeza para... — ¡Mamá!— exclamó firme. Maggie no esperaba que le gritara. — Sé que lo que hice estuvo mal, y me avergüenzo de ello... — ¿Entonces por qué lo hiciste?, tienes idea de lo que sentimos cuando nos informaron de... — ¡Puedo hacerme una idea, pero, no te puedo decir lo que quieres! — ¿Por qué no? — Porque los amo, y siempre me enseñaron a limpiar mis propios desastres, te prometo no volver a atentar contra mi vida... casi morir me hizo darme cuenta de muchas cosas, y si quiero solucionar mi situación, lo mejor para ustedes es vivir en la ignorancia, no necesitan saberlo. — Por Dios Annya, ¿qué tan horrible es lo que te orilló a esto?, siempre puedes contar con nosotros, y... — Quizá... pero no quiero que intervengan. Eso la apesadumbró, no quería creer que su hija estuviera metida en cosas malas, y parecía que no hablaría, ¿en qué momento les perdió la confianza?, no obstante, parecía una persona totalmente diferente, el brillo en sus ojos parecía una llama ardiendo furiosamente, dispuesta a quemarlo todo, decidida y fuerte, es como la percibía, le costaba creer que fuera una persona que había intentado suicidarse. Entonces deliberó, si ella no le daría respuestas, las encontraría por sí misma. Una leona jamás perdona a quien se meta con sus cachorros, ayudaría a Annya desde las sombras. — Esta bien, haré lo que me pides, y no te presionaré. —Gracias mamá... Maggie se dio la vuelta, si se quedaba la interrogaría hasta que le dijese la verdad, más eso era algo que Annya no quería. Salió de ahí y llamó a su hijo adoptivo, quien esperaba también noticias y que entró en cuanto escuchó el pedido de su casi hermana. La mujer se detuvo a mitad del pasillo, alzó la mirada y vio al chico Hamilton con una postura preocupada y derrotista, como en esos últimos dos días, totalmente al pendiente, desde allí podía empezar a investigar. — Has estado aquí mucho tiempo sin decir una sola palabra— dijo Maggie. Keith no contaba con que aquella mujer le hablase. Ya había recibido una reprimenda por parte del mejor amigo de Annya, el cual le echó en cara el ser un mal novio a pesar de la verdadera razón por la que estaba casada con Charles. Fue una total sorpresa enterarse de que ella prácticamente se estaba sacrificando por su familia y protegiéndolo al mismo tiempo, eso le dio un golpe fatal, ¿cuánto más iba a equivocarse? — Bueno... yo...—  el ojiazul no sabía con qué cara verle, después de todo él era la causa de que su hija estuviese así. — Ven conmigo, conversemos. Entonces, lo llevó a la cafetería del hospital para hablar.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD