Dylan se alegró de ver mejor a Annya, su amigo tomó un banco y se sentó a un lado de la cama de hospital.
— Nos diste un gran susto — externó primero el morocho.
— Lo siento, no los volveré a preocupar.
— Si me llamaste, fue para decirme algo importante ¿o no?
— Eres increíble, siempre tienes razón Dylan — suspiró—, quería contarte la verdad a ti y solo a ti, ya que eres de las pocas personas que está al tanto de mi vida. Lo que sucedió fue...
* * *
Por otro lado, Keith y Maggie estaban tomando café en un silencio pesado, sentados en la cafetería del hospital
— Te hice una pregunta.
— Disculpe, no puedo responderla hasta saber qué fue lo que le dijo Annya.
— Dios santo con estos niños... ella no me dijo nada, si fuese así no te estaría preguntando.
— Entonces no puedo decirle nada.
— ¿Te atreves a ocultarme cosas?, ya sé que tienes un amorío con mi hija. Habla o lo discutiré con tu padre — amenazó.
¡Oh no! no podía permitirlo, eso los condenaría a todos.
— ¡No! no lo haga. Si ama a su hija, eso solo la perjudicaría.
El miedo que demostró aquel joven, le decía que había algo más.
— ¿Acaso él estuvo involucrado con su intento de suicidio?
— Señora, mire, si quiere proteger a su hija, no se involucre en esto— la miró a los ojos y le hizo una promesa—. He cometido muchos errores, pero no más, le prometo que yo la protegeré, voy a destruir a su enemigo y de esta manera, por fin podrá ser libre. Así que por favor, se lo ruego, no se meta, si Annya no se lo ha dicho, es porque ella quiere que ustedes también estén a salvo.
Maldita sea, ese chiquillo tampoco iba a hablar, y las cosas eran más raras de lo que creyó, sus ojos azules le decían que no mentía, así que confiaría en él... por el momento.
— No puedo con ninguno... hagan lo que quieran.
Maggie se levantó para volver a la habitación de su hija, la acompañaría hasta que le dieran el alta, de todos modos, Travis volvería de las Bahamas pronto, esta situación se aclararía con su ayuda.
* * *
— ... y por eso me corté — explicó Annya entre lágrimas, las cuales intentaba secar con el dorso de su mano.
Dylan la observaba sorprendido, era horrible todo lo que se había guardado, y sacarlo a la luz le hizo entender porque tomó esa decisión tan extremista, estaba muy jodida. Cerró sus puños, conteniendo su ira.
— «Debí golpear a ese mocoso mitómano cuando tuve la oportunidad»— se regañó mentalmente el de ojos claros, hasta que la escuchó continuar.
— En ese momento ni siquiera estaba pensando, me encontraba herida, me dejé llevar por mi dolor y el miedo, solo quería que todo terminara, no obstante, muy dentro de mi quería vivir, no quería acabar de forma tan patética... al despertar y ver a mis padres tan destrozados, me di cuenta que fue lo más estúpido que pude hacer. Supongo que es verdad lo que terapeutas dicen sobre el suicidio.
— ¿Qué es o para muy valientes, o para muy cobardes? — inquirió el muchacho.
— No. Que es el egocentrismo en su máxima expresión, porque no puedes ver más allá de ti y de tus problemas temporales, sin importar si lastimas a quienes dejas atrás.
— Wow... es cierto si lo ves de esa manera...
— Pero esta vez será diferente
La mirada perversa de Annya le preocupó.
—No me digas que estás pensando en...
La joven se dio cuenta de que su amigo la malinterpretó.
— ¿Asesinato?... ¿Acaso te parezco la misma basura que Charles?... ¡Claro que no!, mis padres no criaron a ninguna criminal. Voy a hacerlo bien, solo que dejaré de hacerlo todo sola, he sido muy pasiva con este asunto porque quería proteger a... bueno eso ya no importa— agachó la cabeza resignada a esa cruda realidad—, es hora de contratacar.
— Por supuesto, debemos hacer algo con el psicópata de tu esposo.
— Y lo haré, por eso te llamé, tengo suerte de que mi mejor amigo sea un hacker profesional.
Su mirada castaña le decía que su trabajo solo se apilaría, era duro trabajar en una compañía que a duras penas estaba saliendo de la crisis, sin embargo, ya le había vendido su alma a Annya, haría todo lo posible.
— Aunque juré que te ayudaría, hay un pequeño problema, desde la primera vez que me contaste lo que te hizo, intente hackear el sistema del Hamilton Group., pero su seguridad no es ninguna broma, probablemente solo mi maestro sea capaz de hacerlo.
— Por supuesto que Travis podría, aun así, no podemos involucrarlo— se quedó pensativa un momento —. Está bien, no necesitamos buscar directamente, hay un flanco por donde no está tan protegido, la doctora Valentine tiene archivos de mujeres que han sido víctimas de ese hombre, desde abuso físico y s****l, hasta asesinato.
— ¿De verdad puedes confiar en ella?, me comentaste que era obstetra, ¿qué hacía aquí?
— En realidad, es doctora general con especialidad en obstetricia, ella misma me dijo que solo está aquí bajo amenaza para encargarse de encubrir las porquerías de Charles.
— Entonces sí que debe odiarlo.
— No es la única, si nos da los archivos de aquellas que siguen vivas podrían ayudarnos a denunciarlo, además de conseguir pruebas, si se logra una demanda colectiva podremos exponerlo públicamente y...
— Entiendo por dónde vas — le interrumpió — quieres que suelte esa investigación en internet y a los medios.
— Agradezco que seas bueno leyendo mi mente. Es como dices, así no podrá callarlo tan fácil, y entonces las autoridades no podrán seguir mirando a otro lado sin importar cuantos hilos mueva.
— Pero eso tomara un tiempo, mientras tanto qué harás con el imbécil mentiroso.
— Mi relación con Keith fue todo falso, sin embargo, aunque no quiera aceptarlo es necesario. ¿qué no sabes?, el enemigo de mi enemigo, es mi peón.
Se notaba que su amiga iba muy enserio, ya no se tocaría el corazón con tal conseguir su libertad.
— Annya, ¿qué sucederá contigo por el momento?, aun tienes que volver a esa casa.
— Me centraré en ser la esposa que Charles quiere, sumisa y complaciente, debo salir de su radar lo antes posible.
— Ahora mi único problema es cómo le voy a explicar que terminé en el hospital. ¿Qué le diré?
Se estaba quebrando la cabeza, cuando Dylan le dio la solución.
— Eso es fácil, solo dile la verdad.
La expresión de Annya era de "debe ser una maldita broma".
— ¡Estás loco!
— No. Verás, tienes que...
Y así le detalló exactamente que debía decirle a su esposo, no cabía duda de que era brillante.
* * *
Keith regresó a casa un poco más tranquilo después de conseguir el estado actual de Annya, al menos ya había despertado, mas eso no significaba que quisiera reunirse y hablar como si nada.
Fue hacia la habitación de su hermana y tocó tres veces
— Cassie — Llamó.
Silencio.
— Cassie, por favor abre —imploraba el ojiazul.
Más silencio, era de esperarse hoy tampoco querría hablar con él, y la última vez que entró a la fuerza, ella le lanzó todos los objetos a su disposición y se encerró en el baño para que no la molestase.
La noticia del incidente le afectó severamente, y aún más después de saber por su boca qué lo causó, se enclaustró en su cuarto, no hablaba con nadie, y solo abría para tomar la comida que la sirvienta dejaba frente a su puerta cuando no había nadie, más si agudizaba su oído, podía escucharla llorar al otro lado.
Lo había jodido todo, a Annya, a su hermana y a su propio corazón, después de casi perderla y saber la verdad, que más daba que aceptara aquello que intentó reprimir con todo su ser, sí, había dañado la persona que amaba de forma imperdonable.
Ahora solo le quedaba enfocarse en cumplir la promesa a la madre de Annya, así quizá podría redimirse, aunque sea un poco.