Ahora que tengo oportunidad cada vez que podía quedaba con Rose para estudiar en su casa, me ha tocado conformarme con estar ahí un par de horas, desde que inicia mi día busco maneras de acercarme a él, a veces cuando me pasó el rato pensando en él, me siento un poco culpable, por querer estar con un hombre casado, por querer que dejara a su esposa por mí, porque no era mi idea ser la amante, quería todo del profesor Hackett y con eso me refiero a su apellido también.
Suspire, me lave la cara y fui a mi cama, mañana sería un nuevo día, tal vez mañana se dé cuenta de mi existencia.
Al día siguiente me levanté temprano para poder estar a tiempo en el colegio, saqué el plato de mi cuarto que aún tenía mi cena para tirarlo en el bote de basura que está en la cocina, agarré una banana para desayunar, y un vaso de agua para hidratar mi cuerpo, subí hasta mi cuarto acomodé el uniforme y me dirigí al baño, tomé una larga ducha con agua caliente, salí, me sequé, me coloqué la ropa interior, para no ensuciar el uniforme tome una banana le quité la concha delicadamente y la comí poco a poco para agarrar los carbohidratos que necesitaría para estar despierta durante todo el día. Mientras tuve la banana en mi boca, se pasó por mi mente si su m*****o era así de grueso, si me llenaría toda, si haría que la boca me doliera, en especial chupar la banana como si se tratara de un pene, jugué con la punta de la banana con mi lengua, me arrodillé mientras seguía lamiéndola, mire hacia arriba imaginando que él estaba aquí, viéndome con sus ojos arrogantes, tocando mis mejillas para llegar hasta mi cabello, controlando mis movimientos, sacándome la banana de la boca, para que lamiera sus dos bolas y desde abajo volviera hasta la punta, lo que sería un largo camino rustico, antes de poder acabar en mi boca el cambur se deshizo, había pasado mucho tiempo en mi boca, agarré una servilleta que tenía cerca y escupí los restos, lo tiré por la ventana, no necesito desayunar, me vería más perfecta, delgada.
Me coloqué la falda azul marino, la camisa corte marinero, color blanco y la corbata roja, tomé mi mochila, pequeña y rosa, donde no llevaba nada más que lo importante y bajé, no me despedí de mis padres porque cuando pasé por la puerta de su habitación, escuchaba los gritos de placer de mi madre, quien seguro está resolviendo sus problemas con papá.
Camino al instituto, intenté llamar a Rose para ver si su papá ya había salido de la casa, no me contestó ninguna de las llamadas, no quise parecer intensa, así que de las 10 llamadas, en solo una dejé un mensaje de voz, saludándola y preguntando si ya se estaba preparada.
Como era de acostumbrar pasé por la tienda de vestido que quedaba camino al instituto, la verdad, esta zona es muy comercial, lo que lo hace muy bonito si tienes el suficiente dinero. Al entrar el gato de la tienda me recibió, era muy grande y peludo, me agaché para acariciarlo, él lo tomo muy bien, empezó a ronronearme mientras acariciaba su mentón.
—Buenos días ¿en qué le podemos ayudar?
—No se preocupe, solo vengo a observar.
—Esto es una tienda de alta clase, si no tiene el dinero suficiente para comprar alguna de nuestras prendas agradecería que se retirara, a unas cuentas cuadras hay un mercado de quinta donde la gente… Como usted puede conseguir algo de vestir.
Me sentí ofendida, no sabía cómo responder, me tomo de sorpresa, ya había entrado aquí anteriormente y no me habían recibido de esta manera.
— ¿Puedo hablar con su supervisor? —Pregunté nerviosa.
— ¡Fuera! —Respondió ella señalando la salida.
Me di la vuelta y salí, no quería seguir soportando tal humillación, ya afuera me enfurecí demasiado, quería regresar y enseñarle un poco de modales, quería hacer que se tragara sus palabras, quedé un rato mirando la entrada pero al final decidí que en un lugar donde todo se rige por dinero yo no soy nadie.
Lo dejé pesar y me fui al colegio, todo ese momento retumbó en mi cabeza hasta que el timbre de entrada me sacudió, sentada en una de las bancas que se encuentran en el patio, vi a lo lejos llegar a Rose junto a Víctor, cuando ella logró ubicarme levantó su mano y me saludó, se notaba muy feliz, ambos se dirigieron hacia donde yo estaba, yo le levante de donde estaba para hacerles el recorrido más corto.
—Hola —Dijo Rose abrazándome.
—Hola —Dije sin poder respirar. —Me estás apretando un poco Rose.
—Disculpa —Respondió ella separándose de mí —Me emocioné un poco.
— ¡Hey! —Dijo Víctor acercándose para darme un abrazo también.
—Creo que mejor no —Dijo estirando mi brazo para que no se acercara. — ¿Cómo estás?
—Bien —Respondió el algo sorprendido de que evitara su abrazo
—Ya sonó el timbre de entrada, mejor vayamos clases —Dije dejándolos atrás.
— ¿Por qué te colocaste falda hoy? —Preguntó Rose corriendo hasta llegar a mi lado.
—Es el uniforme, ¿no? —Respondí observando su vestimenta.
—Hoy la primera clase es de educación física, debiste haber venido con el uniforme de deporte. —Dijo Rose con una sonrisa burlona.
—No importa, con la falda puedo correr mejor —Respondí algo malhumorada.
—Los chicos no perderán esta oportunidad para ver tus bragas —Respondió Rose seriamente.
—Tienes razón, debería encontrar una manera de taparme, no quiero estar descubierta para esos salvajes —Dije preocupada.
No me importaba, si por mi fuera correría en ropa interior, tal vez así llamaría la atención del profesor.
—Toma —Dijo Víctor pasándome su suéter.
—Gracias, Víctor me salvaste —Dije intentando no sonar malagradecida.
Me amarré el suéter a la cintura.
—Creo que me queda bien —Le dije a los chicos.
—Si te queda muy bien, te ves hermosa, todos los días te ves hermosa, pero como no lo digo todos los días, te lo quise decir hoy.
Me había agobiado haberlo escuchado repetir tantas veces “todos los días”.
—En serio gracias Víctor, eres un gran amigo, te lo devolveré al final del día —Dije sonriéndole.
—No te preocupes, te lo regalo — Exclamó Víctor.
—A mí nunca me regalas nada —Dijo Rose un poco molesta.
—Porque no creo que te quede mi ropa —Respondió Víctor mirándola.
—No quiero nada de ti —Dijo Rose golpeándolo en el estómago.
Víctor cayó en el suelo agonizando de dolor, Rose se adelantó, sin duda había cruzado los límites al decir esa barbaridad de ella.
—Te pasaste de estúpido —Dije quitándome el suéter de la cintura para lanzárselo en la cara.
Corrí para alcanzar a Rose, había caminado rápido, cuando logré alcanzarla ya se encontraba en la clase de educación física.
— ¡Buenas noches señorita Gonzales! —Exclamó el profesor de educación física —Veo que se le pegaron las sábanas y eso hizo que olvidara el uniforme de hoy.
—Buenos días profesor, disculpe la tardanza y sí, sin querer traje el uniforme equivocado.
Tendrá que hacer el ejercicio aparte —Exclamó él.
—Si eso le parece correcto, está bien para mí —Dije asintiendo.
No pude acercarme a Rose, me senté en las gradas de la cancha, esperando a que el profesor se desocupara para que me dijera lo que debía hacer, al rato se acercó, me dio las indicaciones y se sentó para mirar cómo lo hacía. Me empecé a estirar, él se levantó, colocó sus manos un poco más abajo de mis senos y haló mi cuerpo hacía arriba.
—Tienes que estirarte mejor —Susurró a mi oído.
—Tienes razón profesor — Dije riendo.
Él se volvió a sentar en la misma banca donde yo estaba parada
— ¿Por qué debo hacer el ejercicio aquí? —Pregunté
—No quiero que ninguno de sus compañeros se sobrepase —Respondió
Al terminar de estirarme seguí con la siguiente indicación, junté mis pies y empecé a hacer las sentadillas, asqueroso día, me tenía aquí para su disposición, estaba disfrutando conmigo, no podía permitir que siguiera tocándome con su asquerosa mirada, me levanté y antes de bajar para hacer el ejercicio, hice como si me tropezara, cayendo en sus piernas, el profesor me agarró de la espalda, pasó un tiempo observándome y se levantó.
—Profesor ¿Qué es lo que tiene en los pantalones — Pregunté tímidamente.
—Iré a ver como siguen sus compañeros, tienes la clase libre —Dijo el evitando mi pregunta, bajando apresurado de las gradas.
Me divertí tanto al ver su reacción, me senté y duré ahí hasta que la clase terminara.
Al terminar corrí para hablar con Rose.
—Oye, ¿estás molesta conmigo? —Dije llegando por su espalda.
—No estoy molesta contigo, solo me siento un poco mal. —Respondió
—No debería sentirte mal, eres hermosa y Víctor es un imbécil lo sabes —Dije abrazando a Rose.
—Gracias por ser mi mejor amiga respondió ella.
—Gracias a ti por ser mi amiga —Respondí.
No pude evitar pensar en su papá.