Capitulo 6: La cita con Cristian Ferrari
El chofer de Cristian me dejó en mi casa cuando salí de la empresa Lion Light y le agradecí al bajarme, realmente no recordaba a ultima vez que alguien tuvo la amabilidad de llevarme a casa. Subí al edificio y entré al apartamento quitándome la chaqueta, el calentador estaba encendido, al menos, realmente odiaba el frio y afuera seguíamos en tiempos de invierno.
—Hey —dije al ver exactamente a Henry en el mismo lugar donde lo dejé; jugando videojuegos con los audífonos puestos completamente.
—Hola —dijo sin despegar la mirada de la pantalla de la televisión donde se reproducía su videojuego, había una caja de una pizza vacía en la mesa frente a él y varios potes de gaseosa vacíos.
—¿Al menos te has bañado hoy? —Pregunté al ver que seguía con sus pantalones cortos y la franela sin mangas.
—Anda a la derecha, busca la unilateral —dijo y entonces supe que no estaba hablando conmigo, sino con las personas con la que estaba conectado en el grupo online del videojuegos.
—Como no, siento que vivo con una pared —dije, porque realmente nunca me prestaba atención, al menos así siempre me sentía; ignorada.
—Obviamente, sí, anda a la cuarta ¡La CUARTA IMBECIL! —gritó al micrófono.
Giré los ojos, definitivamente ahora no me arrepentía de haber aceptado salir con Cristian así fuera de “amigos” aunque sabía que él se traía intenciones extrañas; intenciones que me daban curiosidad.
—Voy a ir a una cena con un hombre que está jodidamente bueno y millonario —dije—, no sé a que hora venga, pero no pasará nada a menos que yo quiera.
Henry ni siquiera me miró.
—¡ESOOOO! ¡PERFECTO! —Gritó mientras seguía moviendo los dedos en el control del juego.
Lo miré y dije molesta:
—Espero que me folle duro como tú tienes tiempo sin hacer —solté.
—¡ME ENCANTA! SIGUE ASI, ¡TE AMOOO! —gritó Henry de la nada a la pantalla, al parecer estaba ganando en el juego, yo no le decía nada, después de todo desde que renuncié a mi trabajo para ir al curso él ahora mantenía la casa, y sabía que esa era una manera de despejar su mente, pero... igual me molestaba que él hasta a un desconocido le decía te amo cuando a mí tenía años sin escucharlo.
Que cosas... el tiempo mataba todo.
Giré los ojos fastidiada, como dije, ya llegaba a un punto de que la relación estaba tan muerta que no me afectaba nada de lo que hiciera. Fui a ver que iba a ponerme, me arreglé el pelo y mordí mis labios nerviosa sin saber qué usar.
Es decir...
No todos los días tenías una invitación para salir con un hombre como Cristian Ferrari, aun no me lo creía.
Elegí un vestido color rojo que nunca me había puesto desde que una amiga me lo regaló en un cumpleaños, una medias trasparentes para el frio y unas botas altas, me maquillé un poco y me coloqué unos pendientes, estaba nerviosa y emocionada; era una mezcla de emociones, tenía muchísimo tiempo que no salía, ni mucho menos que alguien me invitara a salir, sentía esas mariposas en el estomago revolverse y un nudo en la garganta.
Cuando ya estuve lista, me senté en la cama, de ese modo esperaría a Cristian viniera y saldría para no levantarle sospechas a Henry de que saldría con alguien.
Aunque a estas alturas no estaba segura de que yo siguiera importándole o no.
Mordí mis labios y busqué en mi teléfono el nombre de Cristian Ferrari, en seguida me salieron muchas fotos de él, este hombre tenia una mirada penetrante e intensa en cada foto que veía, estaba con muchos artistas famosos, era reconocido. Fruncí el ceño cuando en una foto vi a una niña muy linda y una mujer rubia, todos estaban abrazados ¿acaso estaba casado y esa era su familia?
Uhm... no lo había pensado hasta ahora. Hice clic en la foto pero no tenía etiquetas, un hombre discreto...
Raro.
De repente me llegó un mensaje.
Dejé de respirar al ver el nombre de Cristian, mi corazón salió disparado, lo abrí y leí que decía:
Cristian: ¿Estás lista?
Ay mierda, de verdad había venido.
Mis manos temblaba cuando escribí:
Micaela: Sí.
Él respondió casi enseguida diciendo:
Cristian: Estoy abajo.
No podía calmar mis nervios.
Micaela: Voy.
Sentí un nudo en la garganta cuando salí de la habitación con el suéter puesto para cubrir mi vestuario de Henry, cuando de repente vi a Henry sentado sin los audífonos, de seguro era un break donde estaba bebiendo agua.
Que oportuno.
—¿Vas a salir otra vez? —preguntó al verme, por fin Henry se dignaba a mirarme.
—Sí, voy a una cena de entrevista de trabajo. —mentí, bueno, una media mentira.
—Oh. —dijo y giró a mirar la pantalla sobresaltado.
—¿Qué ocurre? —pregunté curiosa.
El iba a empezar a hablar cuando la televisión acaparó nuevamente su atención y se volteó colocándose los audífonos rápidamente y tomó el control entre sus manos.
—¿Por qué no avisan que se acabaron los 10 minutos? —gritó eufórico a los demás jugadores que estaban con él online.
—Uhm... —susurré.
—¡EL ESCUADRON UNO POR LA DERECHA! —gritó.
Salí de la casa, al menos Henry no había interferido en mi salida, si él me hubiera dicho realmente que me quedara o al menos hubiera mostrado un poco de preocupación, me hubiera quedado.
Pero él había decidido convivir como dos fantasmas y no podía culparlo.
Diez años conviviendo y siendo un apoyo, lo convirtieron todo en costumbre y monotonía, no era lo mismo cuando tenía 18 años a ahora que yo tenía 28, Henry era mayor que yo, él ahora tenía 37.
Nada era lo mismo.
Esto se sentía peligroso y excitante, se sentía como estar vivo otra vez.
Bajé las escaleras y salí del edificio justo para verlo ahí, el señor Cristian Ferrari, apoyado de su camioneta con un enorme ramo de rosas rojas, mi estomago de revolvió cuando él alzó la vista y sonrió, era esa sonrisa peligrosa que tanto podía helarte la piel, su mirada de ojos azules brillando como si me invitaran a entrar al mundo de la traición y el pecado.
No era tonta, yo sabía desde un principio que esto no sería solo una cena tranquila y que su interés por mí iba a algo más que una amistad, pero me gustaba este juego, me gustaba que me viera con ojos de lujuria y me gustaba que me hiciera sentir deseada otra vez.