—¿Qué te dijo? —cuestionó Elizabeth. Los ojos de Constanza se iluminaron; sintió como de a poco su corazón se iba arrugando. Lourdes era más que su amiga, era como la hermana que nunca tuvo. Todo lo que le sucediera terminaba por lastimarla a ella también. —Cons... Dime, ¿qué te dijo Lourdes? ¿Está bien...? —No puede estar bien —farfulló Constanza—. Si me buscó es porque necesita de mí, y no voy a dejarla sola, por más que ella finja estar bien. —¿Qué hacemos? —cuestionó Elizabeth. —Ya pensaré qué hacer; ahora solo tengo que ir a casa. —Bien... Por otra parte, Fernando estaba teniendo un enfrentamiento con su ex. —No dejaré que mi hijo le diga mamá a esa zorra...—bramó Diana. Soltando un suspiro, Fernando estaba a punto de perder la paciencia. —Diana, tus ofensas hacia Constanza

