Apenas cuelga el móvil, enciende el auto y se dirigen a casa de Fernando. De camino a la antes nombrada, el silencio perdura. Aunque Josué desea curar las heridas de ese corazón, ella no quiere saber de ningún hombre. Una vez que llegan a la mansión, Lourdes baja del auto sin dar las gracias; está perdida en los pensamientos de cómo terminar con aquella vida que lleva dentro. De la Lourdes alegre y divertida que él conoció y de la que un día se enamoró, no queda nada. Tras ese bello rostro, se encuentra opacada por la tristeza y el dolor que invade su corazón. Lourdes Stuart caminó a pasos rápidos hasta ingresar a la mansión. Lo único que deseaba era estar sola y llorar amargamente; no obstante, su amiga fue tras ella. —Lou... ¿Puedo? —Sin obtener respuesta alguna, se adentró para enco

