Capítulo 36

1162 Words

Cuando Lourdes despertó, sentado sobre la pequeña silla y con una pierna asentada en la otra, Anderson jugaba con el móvil en mano. Lentos movimientos de párpados dio, mientras sus ojos se iban abriendo. La imagen borrosa de un hombre la hizo cerrarlos y volverlos a abrir. Con un seco trago, y asentando sus manos sobre el blando colchón, se sentó. —Hola, esposa mía —verbalizó el hombre, sonriendo con malicia. Los ojos de Lourdes recorrieron el camarote; el pánico y la fobia se apoderaron de su corazón. Rápidamente descubrió su cuerpo e intentó pararse, pero sus piernas se doblaron, haciendo que cayera al suelo. La anestesia aún no despertaba su cuerpo por completo. —Es inútil que intentes escapar; no podrás —bramó Anderson, levantándose de su silla y tomándola del cabello para coloca

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