Fue así como ese día de manera inusual conocí a Norman y poco a poco fuimos entendiendo por qué sucedían esos eventos en aquella casa.
Esa misma tarde mientras bailábamos, él en un tono despreocupado, me comentó que por años, desde su infancia, había sufrido una enfermedad; había padecido de leucemia desde la muy niño, por lo que años después esta enfermedad fue la causa de su muerte.
Me contó de su infancia, su vida, de su muerte y del por qué seguía en esa casa.
Respecto a su infancia, me relató que nació en esa ciudad. En un pueblo vecino. Allí sus padres provenientes de una familia muy rica, heredaron una inmensa propiedad y negocios que su padre llevo muy bien.
El a su vez, más tarde heredó todo esto de su padre junto con una cuantiosa fortuna. Como hijo único y dado su status social creció rodeado de todo lo mejor, muchos cuidados, viajes a varias regiones del mundo. Esmerada educación con tutores de alto prestigio y de muchos amigos, en su mayoría de su misma de categoría social.
Era frecuente ver la casa donde habitó en la niñez permanentemente con visitantes- Pues los Wellington eran excelentes anfitriones y las atenciones no faltaban para los amigos de Norman, sus amistades eran asiduos invitados del lugar.
Sin embargo, por su enfermedad desde muy niño Norman fue de salud frágil, su médico el doctor Morgan Brown un destacado investigador de la medicina le había diagnosticado a temprana edad una anomalía en su sangre, que generaba alteraciones adversas a su salud, según la explicación del doctor, las composición de la sangre de Norman trabajaba de forma insuficiente, esta anomalía dificultaba la capacidad del cuerpo para combatir las infecciones. Por lo que no pasaba mucho tiempo sin que le sobreviniera altas fiebres, o quebranto que le impedía salir de la cama. El médico, siempre atento a su paciente, le aplicaba remedios en forma de bálsamos y ungüentos para aliviar sus dolencias. También le daba a beber amargos bebedizos para aminorar las altas fiebres. Produciendo moderados resultados y aminorando los efectos del padecimiento.
Pero a pesar de su débil salud él mantenía un humor vivaz e inquieto. Apenas mejoraba se le podía ver activo charlando con sus familiares. Apenas se reponía, era usual encontrarlo parloteando con las personas que trabajaban en la propiedad, quienes sentían un cariño muy especial por el niño de la casa.
Generalmente Norman era el alma de la fiesta, él realmente disfrutaba siendo el centro de atención en todas las reuniones. De un ligero hablar y rápida respuesta, siempre fue encantador. de gran humor y excelentes dotes de bailarín. A las chicas les fascinaba su presencia y sus amigos se complacían con su amistad.
Por su especial personalidad los amigos chicos y chicas al saberlo enfermo venían a visitarlo pues les encantaban reanimarlo y ver fortalecer su chispeante presencia. Era frecuente que los padres de Norman programaran reuniones con los familiares y especialmente con los amigos de Norman. Pues resultaba más fácil para todos ir a visitarle, a que ellos salieran de casa dada la situación de salud del muchacho. Por lo que apenas se recuperaba muy amablemente la casa acogía a tan queridos invitados quienes animaban a su hijo.
Sus amigos eran un grupo de jóvenes de su misma edad quienes siempre estaban muy pendientes de él para reunirse y pasar los tiempos de ocio. Y quien nunca faltaba a esa casa era la más cercana de las amigas de Norma la joven Carmine inseparable compañera dado que se conocían desde la niñez.
Carmine era una joven de tez muy blanca, cabellos de color muy negros y suaves risos ondulados. Sus ojos tan negros como su cabello y sus labios rosados contrastaban muy bien con su tez pálida. Suaves facciones en su rostro y delicado andar. Toda ella emanaba una singular dulzura. Pues así era ella, tranquila, fresca, delicada, bondadosa. Vecina y amiga de la familia, casi a diario visitaba a Norman.
En un día cualquiera se le podía encontrar en las tardes escuchándolo charlar. En otras ocasiones escuchando música. En los días menos gratos acompañándolo en la cabecera de la cama. En esos días en que el quebranto arrebataba la salud de su gran amigo siempre estaba ella. Desde muy niña fue su amiga fiel, en esos días malos, solía vérsele leyéndole algún libro o solo tomándole la mano a su querido compañero. En las reuniones era ella una de las principales agasajadas pues era notorio el cariño especial que se tenían los dos. Con el tiempo ya de jóvenes no fue una sorpresa para nadie que se hicieran novios . Hecho que a todos, amigos, familiares y vecinos agradó pues ambos eran muy queridos por quienes le conocían y nadie se sorprendió pues era evidente el amor que se tenían desde niños.
Pasado los años Norman y Carmine se comprometieron en matrimonio y un par de años, después de largos preparativos se casaron por todo lo alto. Fue una boda hermosa que duro una semana de celebración. Los nobles invitados venían desde muy lejos a celebrar las nupcias de tan excepcional pareja. Puesto que ambos pertenecían a la mas alta clase social. Después de finalizadas las celebraciones los felices novios partieron a un largo viaje de bodas por el Mar Mediterráneo.
.Al regresar a su ciudad, al principio tenían previsto vivir en la mansión de los padres de Norman, propiedad que heredaría mas tarde. Pero, Norman decidió mandar a construir una nueva casa tomando en cuenta el especial gusto de su amada esposa. El diseño en la parte trasera de la casa del hermoso jardín privado para su esposa a quien le encantaba cultivar flores. Complementado por el magnifico jardín delantero atendido por el empleado de la casa de su padre.
Norman atendió con detalle las especificaciones para que el nuevo hogar de él y su esposa tuviera todo aquello que fuera del agrado de Carmine. Al regreso de su larga luna de miel, los felices esposos, como toda nueva pareja, se mudaron a su propia casa. Esta en la que hoy habitamos mi familia y yo.