Capítulo 4.

1113 Words
Antes de continuar con el relato de mí inusual nuevo amigo me gustaría contarle un poco sobre mí, de mi hermana y de mis sobrinos. Mi hermana Jenny y yo desde muy pequeñas quedamos huérfanas, crecimos muy unidas cuidándonos y apoyándonos una a la otra. La persona que se encargó de nuestra crianza fue nuestra abuela quien falleció hace algunos años, cuando, aunque mayores de edad aun éramos muy jóvenes. Felizmente pudo ver como mi querida Jenny contraía matrimonio con Christopher dejándola en buenas manos. Jenn y Chris se amaban mucho, al año de casarse había nacido mi sobrino Anthonie un bebé gordito rozagante, realmente un encanto, era el bebé más precioso. Su presencia iluminaba la casa, el niño se parecía mucho a Jenn. Ellos vivían en un apartamento cercano al nuestro y mi hermana se dedicaba exclusivamente a atender su hogar. Yo por mi parte en casa de mi abuela seguía una rutina con mis trabajos a medio tiempo y los estudios, todo transcurría con tranquilidad. Luego de pasados tres años del nacimiento de Anthonie llegó un nuevo sobrino; mi querido Sebastián, un gordito llorón que mantuvo por un buen tiempo la tranquilidad de la familia en jaque debido a sus berrinches, aunque lindo mantenía agotada a mi hermana. En la medida de lo posible iba a ayudarle con el bebé quien se calmaba rápidamente con mis arrullos, mi hermana se iluminaba cuando me veía llegar, pues sabía que conmigo se apaciguaba el pequeño Sebas. Christopher trabajaba en los negocios de bienes y raíces, en ocasiones usualmente viajaba en auto fuera de la ciudad. Para aumentar sus ventas y fidelizar a sus clientes. Cris mantenía siempre una sostenida atención con su público asegurando así futuros negocios. Cumplía con una relación cercana con estos, aunque implicaba realizar extensos recorridos que podían ser esos largos viajes. Un día estando de regreso de uno de esos viajes de negocios, un vehículo de carga pesada sufrió un desperfecto en los frenos colisionando contra el carro de Chris, quien no pudo evitar el choque falleciendo en el suceso. La tragedia había tocado de cerca a nuestro familia, mi hermana con un niño de tres años y un bebe de meses había perdido a su marido. Pasado los días y a pesar del duelo, a mi hermana y a mí, no nos quedó otra cosa que organizarnos. Pues mi cuñado era quien mantenía económicamente a mi hermana y a los niños, y los ahorros se estaban agotando. Resolvimos mudarnos juntas y dado que los niños se comportaban mejor conmigo, especialmente Sebas, yo me encargué del cuidado, por su parte Jenn consiguió rápidamente trabajo en la inmobiliaria, donde ganaba muy bien. Así fue cómo termine siendo la ama de casa de mi familia, cuidando de los niños y atendiendo a mi hermana quien trabajaba duramente a diario para llevar el sustento a la casa y seguramente para mantener la mente ocupada y no pensar en Christopher. Después de un tiempo fue la oportunidad de la casona. Todo estuvo a su favor estuvo, ya que dado que la casa tenía mucho tiempo en venta, y a falta de comprador habían bajado el precio. Esto le daba alguna oportunidad de conseguirlo. Por lo que según sus cálculos; vendiendo el apartamento de la abuela, más la venta del apartamento de ella, sumando los ahorros, vendiendo algunas joyas y uno de los autos entre otras cosas. Si no llegábamos al precio quedábamos cerca y ella podía negociar. Y así resultó que consiguió recabar el dinero y hacer negocio por la propiedad. Al cabo de unas semanas mi hermana había finiquitado el negocio. Estábamos listos para mudarnos, esperábamos hasta ese gran día. Por lo que aquí nos encontramos, recogiendo las pocas cosas que tenemos, en comparación con el espacio que habrá que llenar. Nos preparamos para la mudanza. Además estábamos en la fecha límite para entregar este apartamento a su nuevo dueño. También este cambio resulta bueno para Jenny y los niños, el recuerdo del buen Cris pega fuerte. En ocasiones veo a mi hermana taciturna, pensativa, triste. Con la mirada fija, perdida en el recuerdo de su amado esposo. El apartamento donde vivíamos hasta ese momento estaba repleto de sus memorias. Es triste pero debe avanzar, alejarse será lo mejor. Jen solicitó un par de días libres en su trabajo, para hacer todos juntos la mudanza. Acompañarnos en este trajín, además, de aclimatarnos todos juntos a esta nueva fase de nuestras vida. Esto de que ella esté, aunque sea, dos días en familia pone a los chicos súper contentos. De verdad que fue una gran idea. Recogimos las últimas cosas y nos disponemos a cerrar el apartamento. Tal como hice en el apartamento de mi abuela, recorro despidiéndome de cada habitación. Agradecida por el cobijo que nos brindó cada estancia, en especial a mis sobrinos y a mi hermana, casi una década para ella. Jenny por su parte se resiste al último adiós. Recoge algo, se devuelve, chequea aquí y allá. Mientras, nosotros, pacientemente esperamos. Finalmente, suspira y con la de cabeza en alto, con aire ceremonial, entra al apartamento nuevamente. Comprendo que ya es su último recorrido, se despedirá. Ninguno de nosotros le acompaña, creo que necesita hacerlo sola. Una vida, su matrimonio, nacimientos, celebraciones, alegrías, ansiedades y tristezas. Todo lo que puede representar un lugar. Creo que de haber sabido que iba a enfrentar este momento se lo hubiera pensado mejor. Muchas cosas se quedarán atrás, ni nos vamos aún y ya hay nostalgia. Pasado mucho rato sale por la puerta del apartamento, su rostro húmedo delata que ha llorado. Nos abrazamos los cuatro, entre risas y llanto, con sentimientos encontrados comenzamos una nueva vida. Ya calmados subimos al auto camino a la nueva residencia. Condujimos unos treinta minutos hasta llegar a nuestro destino. Solo Jenn conocía la casa. Tal como nos describió mi hermana. La casa era una espléndida residencia que recibía a quien lo visitaba con un grandioso jardín muy bien cuidado; el césped verde con hileras de arbustos podados en forma rectangular hacían las veces valla que separaba la acera de la propiedad, un camino de piedras a lo largo del césped conduce hacia la puerta de la entrada principal. Aunque no lucía ostentosa la fachada sobresalía por su acabado y belleza, propia de personas de muy buen gusto. Un camino ancho conducía a la entrada principal hacia una ancha puerta de doble ala acabada en fina madera y cristal. Al entrar al recibidor nos encontrabas con una amplísima sala con paredes de madera caoba claro, pisos de mármol de color también claro, con grandes ventanales que permitían pasar toda la claridad a tan magnífico salón principal. .
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