Capitulo X "Celos"

1045 Words
—El señor Kidman no bebe café — dijo mi mamá mientras preparaba los vegetales para la cena. —¿A qué se viene eso? — pregunté de manera inmediata, me resultaba completamente extraño el comentario, tan repentino y raramente acertado con lo que me había sucedido en el transcurso del día. —Solo te lo digo para que puedas hacer bien tu trabajo, mi amor — contestó ella con naturalidad, pero no me terminaba de creer sus palabras. —¿Estás segura de ello? pudiste haberlo dicho antes. —Es algo insignificante, se me olvidó — contestó mamá restándole importancia. —¿Patricia te ha dicho algo? — pregunté ingenuamente, disimulando que no sospechaba ni un poco, pero es que mamá y Patricia siempre han sido muy buenas amigas y hoy he descubierto que esa secretaria no es tan amable como creí. —Claro que no — replicó mamá indignada — ella jamás haría algo así. —No soy estúpida — me levanté de la silla en la que estaba sentada y me coloqué cerca de ella en la cocina, no iba a permitir que me lanzara un montón de mentiras en mi cara y no hacer nada al respecto. —¡A mí no me hables así! — exclamó mamá demostrando que estaba un poco alterada. —¿Que no te hable cómo? ¿con la verdad? Patricia te ha dicho algo y estoy muy segura de ello. —Pues sí, si ya lo sabes no deberías preguntar — podía notar el enojo en sus manos mientras cortaba los vegetales, pero me parecía que estaba siendo muy dramática, es cierto, quizás me excedía un poco, pero solo le estaba pidiendo que fuese sincero, nada más que eso. —Perdonadme por creer que mi madre va a ser sincera conmigo — repliqué con ironía. —No puedes salir del trabajo cuando se te antoje, estás allí para cumplir con un deber, no puedes aprovecharte de la buena fé del señor Franco y salir a pasear por la ciudad cuando debías estar cumpliendo un horario — mamá estaba alterada, se había volteado hacia mí olvidando por completo que estaba cocinando, una cosa es decirle que salí del edificio un momento, otra muy diferente es inventarse un cuento como ese. —El señor Kidman me pidió que le hiciera un café, pero cuando he ido a su cocina me he percatado de que no hay ni una sola cucharada de café, así que he ido a un supermercado que queda a tan solo unas calles para comprar café con mi propio dinero porque quiero realmente hacer un buen trabajo. Lo que te haya dicho Patricia me importa poco, todas son calumnias — mi respuesta era franca y mi posición inamovible, no tenía tiempo para estos juegos, para chismes o para regaños, ya hace mucho que había abandonado la secundaria. —¿No te preguntaste por qué no había ni una sola cucharada de café? — mamá me miraba fijamente, quería ignorarla pero era imposible, no me iba a dejar en paz hasta obtener una respuesta. —No, solo me enfoqué en cumplir con mi trabajo. —¡Porque no bebe café! — exclamó mamá como si hubiese obtenido la victoria. No tenía deseos de seguir discutiendo, puse los ojos en blanco, tomé mis cosas y me dirigí hacia mi habitación. Literalmente ese hombre me pidió que le preparara unos diez cafés en el día (así es, los conté) no podía creer que bebiera tanto, pero era así, quizás era su gusto culposo, no lo sé. Al siguiente día me desperté muy temprano, por lo que había visto el señor Kidman llegaba un poco antes de las ocho, así que me dirigí a una cafetería de camino y pedí un café n***o fuerte, lo llevaba en mi mano, por suerte al estar cerca de mi destino me percaté de que su carro estaba estacionado al frente del edificio y él ya iba entrando al mismo. Corrí como si mi vida dependiera de ello y al entrar me encontré con la escena perfecta, mamá estaba con Patricia y ambas estaban saludando al señor Kidman «No sé si esta ayuda viene del cielo, pero gracias infinitas» —Señor Kidman — dije acercándome hacia él. —Buenos días, Danna — respondió él con una sonrisa. —Ya le dije que no me llamo así — contesté un tanto molesta. —En alguna lengua muerta... — comenzó a decir él. —Está muerta, déjela descansar — interrumpí al instante. —No seas grosera — se dirigió mamá hacía mí, regañando con sus ojos. —No se preocupe, señora — intervino el señor Franco con una sonrisa. —Muchas gracias, señor — le dije acercándome hacia él para extenderle el vaso — le he traído su café. —Ya te he dicho que el señor no bebe café — interrumpió mamá de manera abrupta, aunque debo admitir que tenía una especialidad para mantener la compostura mientras me regañaba que resultaba envidiable, ni se notaba que ardía de rabia por dentro, pero a mí no podía engañarme. —Claro que sí — por suerte no tuve que responder, el mismo señor Kidman lo hizo, tomó un sorbo inmediatamente para demostrar lo que decía — además es fuerte... como me gusta — agregó mirando el vaso. —No sabía que era así, disculpe — le dijo mamá apenada. —No se preocupe, aunque creo que es mucho más bueno cuando es su hija quien lo prepara — el señor Kidman parecía ser una persona diferente el día de hoy, era un poco más agradable para mi sorpresa. —Lo aprendió de mí, yo preparo un café exquisito — me daba un poco de vergüenza escuchar a mamá hablar, parecía estar tan necesitada de atención. Tal vez quería un ascenso, pero así no iba a conseguirlo. —Yo voy subiendo, con permiso — dije para retirarme de la conversación, ya no quería estar ni un solo minuto más allí. —Yo voy con usted, ya es hora de trabajar — me siguió el señor Franco — con permiso, señoritas. —Que tenga un feliz día, señor — respondieron las dos mujeres al mismo tiempo. Miré hacia atrás antes de subirme al ascensor, había salido triunfante.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD