Ha llegado el día de emprender el viaje hacia Inglaterra, nuevamente Milet y la subdirectora Daya, se hacen compañía. Ambas están muy ilusionadas y expectantes por las nuevas experiencias que tendrán en ese País. Ambas esperan que Milet obtenga el triunfo en las olimpiadas; de no ser así ya la sola vivencia del viaje les brinda una gratificación. 6743.94 kilómetros, o lo que es igual 9 horas de vuelo; es el recorrido qué emprenderán para llegar a su destino. En esta oportunidad las acompaña el profesor de preparación física, ya que es entrenador personal de Milet. Abordan el avión e inician el viaje, el cual se desarrolla sin contratiempos.
—Señorita Daya, me siento muy feliz por este viaje, por su renovada compañía y por las nuevas enseñanzas que obtendremos —comenta Milet, viendo por la ventana la inmensidad del cielo azul.
—Igual me siento yo, Milet.
Que grato es volver a viajar para acompañarte y ser parte de tus éxitos, si seguimos de esta manera, recorreremos el mundo entero — responde Daya.
—Eso me gustaría muchísimo, forma parte de mi sueño conocer cada rincón de este planeta— comenta Milet.
Ya con realizado el recorrido necesario y aterrizan en el aeropuerto de Londres Heathrow. Al salir de él, Milet y sus acompañantes, observan que Inglaterra está formado principalmente por colinas bajas y llanuras, con veranos cálidos, inviernos frescos y abundantes precipitaciones durante todo el año. También es un espacio central para lo artístico y lo comercial moderno y multicultural.
—Señorita Daya, me siento un poco abrumada, este es un mundo totalmente diferente, muy grande muy diverso y muy hermoso—expresa Milet, luego de observar todo lo que está a su alrededor.
—Tranquila Milet, es cierto, es un País distinto, aun así, recuerda ya tienes experiencia; cuando estuvimos en Brasil también había mucha gente, muchos colores mucha bulla, baile, aromas, sabores, movimiento y te pudiste adaptar con tranquilidad; aquí pasará de la misma manera, ¡confío en que será así! Ahora, quizás estás un poco cansada, trata de calmarte y pronto llegaremos al hotel a descansar un poco.
La pequeña delegación India, es hospedada en el hotel Royal Hilton, los servicios incluyen acceso a la piscina, al gimnasio y al restaurante. Al llegar a la habitación que compartirán ambas damas, lo primero que hacen es darse una ducha y luego descansar un rato, posteriormente se dirigen al restaurante, ya que sientes necesidad de comer. Al entrar en la casa de comidas, les asignan un traductor, a través de él, tanto Milet como Daya, solicitan se les sirva el platillo Sunday Roast, el cual consiste de carne asada de ternera con patatas asadas, como acompañante, les presentan unas cornish pasties de vegetales.
— Que rico está todo esto —expresa Milet
— Si, realmente todo está delicioso, buena porción, buena presentación y excelente gusto —responde Daya.
—Disfrutaré este platillo al maximo, ya que el entrenador me ha señalado que a partir de mañana, realizaré una dieta estricta y mucho entrenamiento—prosigue diciendo Milet.
—Me parece muy bien, recuerda que para eso hemos venido, para que compitas y de ser posible para que ganes, no debemos perder el enfoque — cometa Daya.
—Lo sé, amada maestra. Estoy enfocada y si me gustaría mucho obtener el galardón, me motivan mi familia, usted, mis compañeros, la Directiva de la escuela, el entrenador y mi País entero.
—Estoy de acuerdo contigo mi pequeña, hay que tener motivación, y visión, de eso se trata la vida. Milet, sé que te lo he manifestado muchas veces, sin embargo, te lo repito; tú eres un ejemplo para mí — expresa Daya.
—Y usted, es un ejemplo para mí—responde Milet.
Ya han terminado de comer, se retiran del restaurante y se dirigen de nuevo a la habitación a dormir, Milet comenzará su jornada el día mañana muy temprano, ya el entrenador le ha dicho que comenzarán a las 5:00 a.m. Entrenado en la piscina del hotel.
Amanece y como ya estaba pautado, Milet y el entrenador se reúnen en la piscina a la hora señalada, sin preámbulos comienza el entrenamiento, realizando dentro del agua ejercicios de velocidad y fuerza, luego carrera lenta, paso a paso, luego carrera rápida, primero en línea recta, y posteriormente en zigzag. Al terminar la preparación física que ha durado aproximadamente una hora, el entrenador lleva a Milet a desayunar.
—Durante el periodo de competencia, los hábitos alimenticios serán diferentes, tu desayuno consistirá en proteínas y carbohidratos, por eso hoy comerás un emparedado de pollo con queso y un vaso de leche—expresa el entrenador a Milet.
—Realmente es un desayuno diferente, aun así me gusta —responde Milet.
Y se dispone a comer, disfrutando cada bocado. En pocos minutos, llega la señorita Daya y le comenta a la pequeña.
— Hola hermosa. Tenemos cita a las 10:00 de la mañana para tu examen médico, luego debemos ir a retirar tu informe de competencia, así que hoy tendremos un día de varias actividades, comencemos sin demora.
—Muy bien. Señorita Daya, estoy lista, ¡comencemos!— responde Milet.
Milet obtiene satisfactorios resultados en el examen médico, en cuanto al uniforme de competencia, le queda a la perfección, además le gusta mucho.
— Señorita Daya, qué uniforme más hermoso, me encanta que sea naranja, blanco y verde, representando los colores de la bandera de nuestro País; todo esto me emociona muchísimo—dice Milet.
— Y a mí me alegra que te guste, tome esa decisión sabiendo que sería un motor de motivación para ti—declara Daya.
— Usted me conoce tanto casi como que si fuese mi Madre.
— ¡Hago el intento Milet! Te quiero mucho, más aún, nadie puede sustituir a tu maravillosa Madre.
— Tiene razón, Mi mamá es estupenda, sin embargo, usted también me ha dado mucho cariño, mucho amor, mucha protección, la considero como mi segunda madre, mi protectora, mi ángel.
— Gracias, pequeña, sé qué nuestro cariño y nuestro amor es mutuo, yo te quiero como a una hija; sigamos adelante fortaleciendo este vínculo que no se podrá deshacer por el resto de nuestras vidas.
— claro que sí; así es y así será. ¿Sabe señorita Daya? Es hora de mi almuerzo, debemos apresurarnos en regresar al hotel, para que pueda comer.
—Muy bien, vamos de prisa.
A llegar al hotel ya el entrenador está esperando a Milet con su almuerzo preparado el cual consiste en un Plato abundante de verduras: brócoli, remolacha, tomate, cebolla, pimientos, zanahoria, calabacín y berenjena, con una pequeña porción de carne magra y una taza de ensalada de frutas.
—Muchas gracias entrenador por todo su apoyo; por preocuparse y ocuparse de mi salud y de muy buen estado físico para la competencia, le informo que obtuve excelentes resultados en el examen médico y este almuerzo ha estado muy rico y nutritivo. Lo disfrute—comenta la atleta al entrenador.
— Eso es lo que se busca y lo que se espera mi pequeña, que te encuentres en magnífico estado físico y mental para que así tengas un buen desenvolvimiento en cada competencia, recuerda que son eliminatorias y debes enfrentarte a varios competidores— responde el entrenador.
— Lo sé, ya eso lo he vivido, igual fue en la competencia de Brasil con la diferencia de qué allá era un enfrentamiento solo mental, en esta oportunidad es físico y por supuesto, también mental. Confiemos en que todo de la mejor manera posible— responde Milet.
Ya ha llegado el momento de la primera competencia, la cual es de carrera de velocidad en pista por 100 metros, hay 12 competidores de diferentes Países, incluyendo a Milet Mandal, aunque ella es de mediada estatura, tiene la particularidad de contar con unas piernas alargadas y bien tonificadas, el entrenamiento la ha ayudado a fortalecer su musculatura y su presencia en la pista de carrera se destaca.
Se escuchan las palabras: en sus marchas, listos, fuera. Salen a correr a toda velocidad, los competidores; Milet va desde el fondo, pasando a cada corredor, uno tras otro, a toda prisa, parece una gacela, es ágil y rápida, además está totalmente concentrada y equilibrada, conectada con el momento, con el ambiente, con el propósito que se han establecido, todo eso le facilita llegar en primer lugar a la meta de la competencia, obteniendo el triunfo en la primera carrera.
Al escuchar que mencionan su nombre como la ganadora de la primera competencia, siente mucha felicidad, su corazón se acelera, latiendo fuertemente, parece el rugir de un león. Que emoción, que gozo.
Al recibir la medalla, Milet mira al cielo y en su mente solo prevalece la palabra, Gracias.
La Señorita Daya se acerca, abraza a la ganadora y le dice al audio.
—Mi valiente, mi luchadora, te felicito.
Ambas se abrazan, en ese instante se acerca el entrenador para unirse al grupo y celebrar el triunfo.