Haber, convengamos que Lizzy no quiere desaparecer por vergüenza, sino para ver si la Tierra le sirve como tapón para sus oídos, porque esa mujer es realmente irritante. —Señorita, le pido que me suelte, porque me está lastimando. —¡No hasta que te disculpes conmigo por tu grosería de ayer! —Lizzy se ríe y niega. —¿Cuál? ¿Usar el ascensor de servicio para hacer mi trabajo o darle mal mi nombre para que no me corran? —ella se suelta con brusquedad y su piel queda enrojecida por el apretón. Gabrielle intenta tomarla de nuevo, pero Lizzy la esquiva, le quita la carta y se la extiende a Ben. —¡¿Cómo te atreves?! —Estoy haciendo mi trabajo, para el cual me pagan bastante. Además, la carta es para el señor Rossi. Por muy jefa que pueda usted ser de mí, sé comprender una orden simple como l

