—Vamos Aurora, este no es el fin del mundo. Hunter no se merece nada de ti…
La voz de mi padre se escuchaba algo distorsionada al otro lado de la línea y sabía que era debido a que no había buena señal en donde él se encontraba. Papá era un alma libre, razón por la cual llevaba varias semanas de viaje con su nueva esposa, en una isla alejada de la sociedad.
—Es fácil decir eso cuando estás pasándola bien en medio de la selva amazónica y no en el hospital luego de enterarte que eres una cornuda —me quejé.
Una lágrima se escapó de mi ojo derecho y corrió libre por mi mejilla. Me la limpié de inmediato, pues papá tenía razón y Hunter no se merecía nada de mi. Suspiré siendo consciente de que mi padre no tenía la culpa de mi situación actual y que tenía derecho a ser feliz en su aventura por la selva.
Papá y yo habíamos dejado de vivir juntos cuando él se fue a vivir a Nueva Zelanda por trabajo y yo decidí quedarme aquí en California. En ese entonces yo tenía diecisiete años, pero cuando entré a la Universidad y conocí a Hunter se me hizo mucho más fácil estar aquí en el país sin papá, y sobre todo sin mamá, quien seguro estaría muy decepcionada de mí en estos momentos si aún estuviera con vida y me viese sufriendo por un imbécil como Hunter.
—¿Qué puedo hacer para hacerte sentir mejor? —cuestionó papá trayéndome de vuelta a la realidad y yo de inmediato sonreí de medio lado.
Suspiré audiblemente pensando qué me haría feliz en estos momentos, pero lo único que pasó por mi mente es que mientras yo seguía sentada en esa sala de espera del hospital, las personas ya habían comenzado a verme con extrañeza, y no los juzgaba, pues mi rostro era todo un poema, además de llorar cada dos segundos y suspirar como una loca.
—Creo que me vendría bien desaparecer de aquí… —dije sin pensarlo—. Aún no veo a Hunter y no sé qué hacer respecto al departamento… ¿Debería decirle que se vaya?
Estaba muy confundida y era evidente, tanto así que papá soltó una pequeña carcajada que se interrumpió brevemente por la escasa señal telefónica, pero que aún así logró conciliar un poco mi sufrimiento.
—Pues, ahora que lo dices, sí, él debiera irse del departamento, pero… —susurró y se quedó en silencio un minuto, hasta que volvió a hablar con algo de interferencia, pero aún así logré entender lo que me decía—. ¿Qué te parece ir a Nueva Zelanda un tiempo?
—¿Bromeas? —pregunté con sorpresa—. Digo, me gusta la idea, pero… ¿Qué haría yo en Nueva Zelanda? Tú estás de viaje con tu esposa, y yo… ¿Estaría sola?
—Pues no, ahí vive Oliver… —aclaró—. Podrías ir a quedarte un tiempo con él, seguro no le molestaría tenerte como visita mientras Mabel y yo volvemos del viaje. Además, le ayudarías a cuidar la casa.
“Oliver, el hijo de su nueva esposa. ¿Cómo podría vivir con él si no lo conozco de nada?”, fue lo primero que pasó por mi mente ante la propuesta de mi padre.
—No lo sé, papá… —vacilé un momento mi respuesta, pero todo cambió cuando me giré para observar si la enfermera ya traía mi copia de los exámenes de infección s****l, pero en cambio tuve una excelente visión de Hunter entrando desesperadamente al hospital.
Ay, no…
—¿Hija, sigues ahí? —preguntó papá y yo solo tragué saliva con dificultad mientras mi mente funcionaba a mil por hora y los pensamientos no fluían bien.
—¿Sabes? Sí, me iré a Nueva Zelanda —afirmé con convicción—, luego veremos los detalles, ahora debo colgar.
—¡Estupendo! —chilló papá emocionado—. Hablamos, te amo hija.
—También yo, papá.
Finalicé la llamada justo en el momento en que Hunter llegaba a mi. Me puse de pie y me crucé de brazos frente a él, poniendo una postura inquebrantable, pues al verlo ya no me sentía triste, sino muy enojada y cabreada con lo que yo creía era nuestro cuento de amor para siempre.
Hunter me miró en completo silencio, midiendo mi lenguaje corporal y estableciendo hasta dónde podía llegar conmigo, y luego de unos eternos segundos decidió romper el silencio.
—Fui víctima de una trampa, Aurora —dijo con seguridad. Bajó la mirada hasta sus pies y suspiró con cansancio.
—¿Qué haces aquí? —cuestioné ignorando el discurso lleno de mentiras que seguramente quería darme, pues no le creía absolutamente nada.
—Vine hasta aquí porque me llamaron de la peluquería, dijeron que se te bajó la presión… —dijo con rapidez. Rodeé los ojos con fastidio al escucharlo, debido a que su presencia me causaba repulsión—. Tuve que pedir permiso en el canal, y tú sabes que son muy estrictos, pero al decirles que la futura madre de mis hijos estaba en riesgo vital ellos accedieron, y no solo eso….
Hunter guardó silencio de golpe al notar que ya no estábamos solos, pues una enfermera se nos había acercado con un sobre entre las manos y nos observaba con incomodidad, como si interrumpiera un gran momento.
—Señorita Williams, tenga aquí sus resultados —dijo amablemente. Yo asentí hacia ella y le agradecí por la amabilidad.
La enfermera se dio media vuelta y yo quise guardar el sobre dentro de mi bolsa para poder revisarlo con calma luego, pero Hunter se me adelantó, tomó el sobre y me lo arrebató de las manos con desesperación. lo que terminó por cabrearme aún más, tanto así que sentí mis mejillas arder por la rabia contenida.
—¿¡Qué te pasa, idiota!? —cuestioné con indignación. Mi tono de voz logró llamar la atención de algunas personas a nuestro alrededor, pero me valió madres—. Dame eso y deja de molestarme.
Quité el sobre de sus manos y luego suspiré agobiada. Sin detenerme a mirar el rostro de Hunter hice mi camino hacia la salida del hospital, pues teniendo aquellos resultados ya no me quedaba más que hacer en el lugar. Además, no estaba dispuesta a seguir respirando el mismo aire de Hunter.
—Amor, ¿Estás bien? —preguntó él tras de mí—. La peluquera me informó que hubo un malentendido, ella escribió mal una tarjeta y pues creo que te confundiste…
Me di vuelta antes de que siguiera intentando mentirme y alce mi mano para que se callara, lo que hizo de inmediato al ver mi rostro.
—Vete a la mierda, pedazo de imbécil.
Hunter abrió los ojos de par en par, pues yo me caracterizaba por ser una persona muy calmada, pero en estos momentos la sangre estaba hirviendo dentro de mis venas, me sentía fuera de mi misma, pues además de engañarme con otra mujer él tenía el descaro de hacerme creer que todo era mentira y que yo había entendido mal, como si fuera una tonta.
—Cariño, escúchame… —Hunter se acercó peligrosamente a mi y me tomó por los brazos sin ejercer fuerza, pero al mismo tiempo con firmeza para inmovilizarme.
Abrí los ojos de golpe al sentir su respiración tan cerca de mí y luego me armé de valor para darle un fuerte empujón y alejarlo de mí. Realmente nunca esperé tener tal fuerza para conseguir que Hunter Smith cayera de culo al suelo bajo nuestro pies, pero lo logré.
—Te dije que te vayas a la mierda, Hunter —volví a hablar dejando salir toda mi furia. Las personas que estaban a nuestro alrededor se detuvieron a vernos y poco me importó, pues al parecer este idiota no terminaba de entender que no lo quería más en mi vida—. Escúchame muy bien… ahora me iré a casa y dejaré todas tus porquerías en la recepción del edificio, pues no quiero seguir viviendo con un infiel, porque eso es lo que eres.
Hunter miró a todos lados y negó con la cabeza, se mostraba muy nervioso y algo incómodo. Se puso de pie y volvió a acercarse a mí con cautela.
—Te dije que fui víctima de una trampa, la peluquera escribió la tarjeta y hubo una confusión.
—Cállate y ahórrate las mentiras —escupí las palabras con total repudio—. No quiero volver a verte. ¡Me engañaste por seis meses con otra mujer!
—Aurora, entiende que… —él intentó defenderse, pero de un momento a otro bajó la mirada y al alzarla vi lágrimas en sus ojos.
—Ay, no —susurré con cansancio—. No te hagas la víctima, Hunter. ¿Sabes que hago aquí? ¡Los malditos exámenes de infecciones sexuales!
Una señora que pasaba por nuestro lado me observó con lástima, lo que incrementó más la rabia que sentía por el chico frente a mí.
—Lo siento… yo…
—Esto se terminó, Hunter —dije con firmeza—. Para siempre.
Me giré y comencé a caminar en sentido contrario al hospital, cuando me percaté que un chico joven se encontraba grabando la escena, pero poco me importaba, pues finalmente el único que quedaba mal en esta situación era Hunter al serme infiel. Sonreí a la cámara y alcé mi dedo pulgar hacia el chico, quien avergonzado guardó su celular y desapareció del lugar.
Hunter al ser un periodista reconocido estaba muy expuesto a las críticas en las r************* y yo sabía que este notición sería un gran escándalo en unas horas más, por lo que agradecía haber aceptado la oferta de mi padre, ya que tendría otras preocupaciones, no solo estar pendiente a lo que hablen los demás sobre mi relación con Hunter.
Caminé a paso rápido hasta encontrar un taxi que me pudiera llevar hasta mi departamento. Cuando por fin llegué le avisé al conserje que Hunter Smith no vivía más en mi departamento y que por favor no lo dejara entrar más, ya que sus pertenencias las dejaría ahí por si quería llevárselas.
Al entrar en el que había sido mi hogar por muchos años algo se removió dentro de mí y sentí mis ojos arder por la pena, mientras el pecho se me contraía.
—Cómo te odio Hunter —musité con la voz quebrada.
Yo era una chica muy fuerte, y esto se debía a que en mi adolescencia mi madre había fallecido por un maldito cáncer pulmonar, lo que me destrozó el corazón, pero al mismo tiempo construyó un caparazón duro alrededor de mis sentimientos, el cual me servía como barrera ante el sufrimiento. Era una experta en bloquear la tristeza y hacerme de fuerza, pero aún así, una vez más estaba derramando lágrimas por aquel maldito que decía amarme y acabó engañándome.
Mi celular sonó alertándome de una llamada telefónica, pero antes de contestar me aseguré de que no fuera mi ex novio. Al leer el nombre en pantalla una sonrisa se dibujó en mis labios.
—Amanda —saludé con alivio, pues en estos momentos no había nada mejor que hablar con mi mejor amiga de la Universidad—. ¿Cómo estás, amiga?
—¿Cómo estoy? —cuestionó con un chillido—. ¿¡Cómo estás tú, Aurora!? Acabo de ver un video en i********: en dónde Hunter está tirado en el suelo de la entrada del hospital y tú gritas a los cuatro vientos que te hiciste un examen de infecciones sexuales porque te fue infiel…
—Sí, sobre eso… —musité agobiada mientras caminaba hasta el sillón y me dejaba caer en él—. Todo eso es cierto, Amanda. Él me engañó por meses con otra chica y lo descubrí hoy.
—¡Te juro que lo mataré con mis propias manos! —chilló espantada, lo que me hizo sonreír, pues le creía, Amanda era capaz de darle un buen susto a Hunter, a pesar de que ella midiera lo que mide un elfo y su apariencia fuera completamente adorable.
—Tranquila, que ya no me interesa —medio mentí—. ¿Sabes? Mi padre me ofreció algo a lo que no pude negarme.
—Cuéntame todo, Aurora.
—Me ofreció irme a Nueva Zelanda un tiempo —solté la información de golpe—. Allí vive el hijo de su esposa y papá me ofreció quedarme con él mientras ellos vuelven de su viaje por la selva amazónica.
—¡Wow! ¿Ya viste el vuelo? —la euforia de mi mejor amiga se pudo sentir a lo lejos—. ¿Qué digo? ¡No te preocupes, que de eso me encargo yo!
—Amanda, no es necesario…
—¡Que yo lo hago! —chilló muy emocionada—. Tu padre tiene razón, irte por un tiempo te hará bien para aclarar tu mente y olvidarte de Hunter.
—Sí, puede ser, pero debo congelar mis estudios, y no sé si sea la mejor decisión…
—Si me lo preguntas es lo mejor —aseguró. Al otro lado de la línea podía escuchar como mi amiga tecleaba en su computadora y ya me la imaginaba buscando un vuelo para mí.
Amanda era mi mejor amiga de la Universidad, desde el primer día hicimos click y luego nunca más nos soltamos. La adoraba con mi vida, pues era una persona maravillosa y siempre estaba para mí, como ahora por ejemplo. Además, su euforia y ánimo siempre conseguían alegrar mi vida.
—Espero que sea lo mejor —suspiré con esperanza.
—Tienes un vuelo reservado dentro de dos días —dijo luego de unos segundos—. Primera clase y con dos escalas.
—¿Ya lo compraste? —cuestioné sorprendida, pues seguro eso era carísimo.
—Sí, luego me agradeces —soltó una risa divertida—. ¿Nos vemos mañana para hablar?
—Claro que sí, además debo devolverte el dinero del vuelo…
—¡No quiero tu dinero, amiga! —chilló cortando mi oración—. Mañana paso por ti, ¡te adoro!.
Amanda finalizó la llamada y yo solo me limité a reír en voz alta, pues en definitiva mi mejor amiga estaba rescatándome de un enorme hueco emocional y facilitando mi existencia. Me arropé en el sillón con la manta que en la mañana había dejado ahí y me hice bolita en el sillón a la vez que me hacía ánimo para sacar todas las cosas de Hunter del departamento.