Desperté gracias al intenso dolor que tenía en mi vientre bajo. Aún medio dormida y con los ojos entrecerrados me dirigí hasta el baño, para sentarme en el retrete y liberar mi vejiga. —¡Ya era hora de llegar, maldito Andrés! —chillé al ver mi ropa interior manchada con mi periodo, el cual había decidido darme un enorme susto al retrasarse unos días. Busqué una toalla higiénica y la puse en una braga limpia que había guardado en un cajón bajo el lavabo. Al salir del baño, me topé con Oliver, quién me miró con las cejas arrugadas, como si buscara alguna explicación en mi rostro. —¿Quién es Andrés? —preguntó Oliver con una ceja arqueada. Me reí ante su rostro confundido y luego simplemente pasé por su lado sin responder nada—. ¡Ey, Aurora! ¿Estás saliendo con alguien más? —Idiota, me

