—No seas intenso, puntito —dije sonriendo hacia aquel hermoso cachorro que no me dejaba ni a sol ni a sombra, pues quería estar conmigo todo el tiempo—. Deja hablo con tu tía Amanda. —Ya te perdimos —habló mi mejor amiga al otro lado de la línea—. Ahora hablas con los animales —aseveró—. ¿Acaso eres como esa niña de la selva que se comunica con los animales y ellos le hablan? —¡No seas tonta, amiga! —chillé explotando en risas ante las ridiculeces que decía Amanda. En definitiva, la extrañaba demasiado. —Solo preguntaba —dijo fingiendo inocencia. —Mejor dime, ¿Cómo va la Universidad? —pregunté sin esconder mi emoción. Me acomodé en mi silla tras el escritorio y dejé a puntito correr libre por todo el albergue, pues hasta el momento, él seguía siendo el único integrante del proyect

