Desde que Finn me había respondido el mensaje, mi estómago no dejaba de retorcerse debido a los nervios que sentía. En definitiva, mi mente era un completo caos, pues aunque sabía que lo mejor sería hablar con él y ser sincera respecto a mis sentimientos, no dejaba de temer a la respuesta que él pudiera darme. —¡Hola, Aurora! —saludó con gran entusiasmo mi jefa al entrar al albergue. Alcé la mirada hacia ella y sonreí al verla con la misma alegría de siempre—. ¿Cómo va todo, querida? —cuestionó buscando con la mirada a puntito, quien estaba entretenido mordiendo los cordones de mis zapatos. —Muy bien, jefa —asentí con la cabeza y me puse de pie—. Hoy puntito se ha portado excelente, y de hecho, se ve con más energía —dije con orgullo al ver como aquel precioso cachorro movía su cola y

