Las grandes manos de Finn presionaron mi cintura con firmeza, atrapándome contra su pecho y devorando mis labios con avidez. Perdí la cordura al sentir aquella caricia, pues aquellos labios sabían muy bien lo que hacían, succionando y jugueteando con cada paso de su lengua dentro de mi boca, mostrando así su expertis. De pronto y sin previo aviso, Finn tomó distancia de mi cuerpo, rompiendo aquel beso, que una vez más me sabía a error, pero que había disfrutado muchísimo. El rubio frente a mí me guiñó un ojo y luego se dio media vuelta para subirse una vez más en su motocicleta, mientras yo me crucé de brazos y lo miré con una ceja alzada. Su beso había logrado provocar que mi pulso se acelerara, pero intenté fingir que estaba tan normal como siempre. —Espero que no se te haga costumbre

