Mi boca estaba tan reseca, que me costaba pasar la saliva por mi garganta. Tosí entre dormida y abrí mis ojos poco a poco, deseando tomar un enorme vaso de agua, pues estaba seca por dentro. La luz solar provocó que mis ojos picaran en respuesta. Esto era una resaca del porte de un buque, pues además mi cabeza dolía como si mi cerebro se hubiera secado en mi interior. —¿Qué hora es? —preguntó aquella voz masculina a mi lado. Me giré hacia el origen del sonido y el rostro de Finn me pegó de lleno, provocando que mi resaca se volviera además, moral, pues todos los recuerdos me llenaron de pronto. Dios mío, ¿Qué hiciste, Aurora? Lo peor era que sabía y recordaba a la perfección todo lo que Finn y yo habíamos hecho hace un par de horas. Me sonrojé violentamente ante aquellas imágenes e

