Mónaco entró al pequeño apartamento con buen ánimo, traía consigo una pizza familiar de pepperoni y jamón. Abrió la puerta y notó todo demasiado callado, no era tan tarde, aún pasaban autobuses y frunció el ceño al notar que no encontraba ni a Marie ni a Tempesty por ningún lado. Su desesperación duró poco pues cuando entró a la habitación principal vio a Marie dormida con una plácida Tempesty entre sus brazos también rendida, ambas tenían unas expresiones de paz en el rostro y la niña se veía muy relajada con la cabeza contra el corazón de su niñera. Mónaco sintió la ternura embriagarle. Seguramente a su hija le hacía falta su madre y por raro que parezca aunque no conozca a Marie parece ser una buena sustituta para ello. De inmediato se recriminó aquel pensamiento. Él nunca tendría al

