El fin de semana se la pasó ayudando a su tía en el café siendo el cajero o ayudando a limpiar algunas cosas. El día lunes había llegado y se encontraba más ansioso de lo normal, en unos minutos tendría que ir al instituto y la verdad no se sentía ni un poco preparado.
– ¿llevas todo? – preguntó su tía apenas entró a la cocina –
– si cuando dices “todo” hablas de “valor” no, de eso no encontré – su tía soltó una risita antes de acercarse y revolverle el cabello en una pequeña caricia –
– no seas dramático – le regañó con cariño, él solo atinó a encogerse de hombros – además, los hijos de Liz estarán contigo.
Oh sí, había olvidado a esos dos, los había visto muy poco desde la última vez que habló con el chico llamado Jason. Solo los veía de paso y el molesto chico no dejaba de llamarlo “pastelito” y hacer comentarios que lo hacían sonrojar.
– claro, los adorables Fox – su tía rió por el notable sarcasmo en su voz – no quiero ir al instituto – se quejó mientras su tía se encargaba de empujarlo hacia la puerta – ¿y si mejor vendo flores en un semáforo? – la mujer pelinegra rió en voz alta y negó con la cabeza –
– eres muy tímido, no llegarías a vender una flor sin antes estallar de la vergüenza – el azabache se sonrojó hasta las orejas sabiendo que era verdad –
Los dos salieron de la casa en silencio, el azabache se resignó y trató de mentalizarse la posibilidad de tener un bonito último año escolar. Subieron al auto y su tía comenzó a contarle de unas flores hermosas que había visto en la floristería de los Fox que no había alcanzado a comprar ya que eran muy pedidas en el pueblo y se acababan apenas florecen.
Su tía le dio unas pautas para que tuviera un lindo primer día, él sólo se limitaba a asentir y a no morirse del aburrimiento, para ser un pueblo pequeño la escuela quedaba muy lejos.
– llegamos – casi saltó por la ventana cuando la mujer pelinegra habló de repente. Inmediatamente se escucharon las carcajadas de su tía haciendo que se encogiera en su lugar para que ninguno de sus nuevos compañeros lo viera – ¿te asusté? – preguntó limpiando unas lágrimas que le habían salido de tanto reír –
– deberías de avisar antes de hablar – comentó en voz baja. Su tía levantó sus manos en señal de paz y luego rió otra vez – ¿te haz tratado psicológicamente? – su tía dejó de reír y lo miró con los ojos muy abiertos. Sintió que una línea de escalofríos pasó por su columna vertebral ante la intensa mira –
– ¿Cómo sabes? – preguntó antes de sonreír. La miró con una ceja levantada diciendo “¿en serio?” su tía se encogió de hombros y lo observó salir del auto – ten un buen día, bebé – gritó antes de poner en marcha el auto. Los pocos estudiantes que iban pasando por ahí rieron en voz baja. Primer día y ya su tía lo estaba haciendo pasar vergüenza –
Acomodó el gorro en su cabeza aun con las mejillas sonrojadas y se adentró a la cárcel- digo instituto. A la vista habían muchos chicos en grupo hablando muy animadamente ¿Cómo tenían tanta energía tan temprano? Se alegró al ver que nadie volteaba a verlo, todos inmersos en sus mundos, nadie que lo mirara extraño o murmurara cosas de él, era simplemente…
– ¡pastelito! – alguien gritó a su espalda –
… fantástico.
Hizo un puchero de manera inconsciente y caminó más rápido haciendo como que no era con él. Escuchó unos pasos detrás de él y casi gritó cuando el chico posó su mano sobre su hombro, ahí estaba ese chico que no se callaba y hacía que su cara se colocara más caliente de lo normal.
– pastelito – habló una vez que estuvo a su lado – ¿no me escuchaste? – preguntó con un puchero –
El castaño llevaba puesto unos jeans negros, que parecía ser los únicos que usaba, con una camisa blanca y su típica chaqueta de cuero negra, su cabello estaba desordenado y sus labios y mejillas estaban rojos por el frío.
– no, n-no te escuché – mintió. Jason abrió su boca asintiendo, lo abrazó por los hombros y los dos se sentaron en una de las bancas que había en el patio del instituto. Algunas personas que pasaban saludaban a Jason y a él solo le sonreían con amabilidad. Algunos intentaban acercarse, pero de inmediato retrocedían –
– llegaste algo tarde, pastelito – el azabache frunció el ceño al escuchar eso ¿tarde? Había llegado 15 minutos antes – aquí acostumbramos a llegar una hora antes al instituto para hablar con nuestros amigos – le explicó –
¿llegar una hora antes para hablar con amigos? Definitivamente era un lujo de los extrovertidos, él en su vida llegó siquiera media hora antes a la escuela para hablar con sus amigos; uno, porque no tenía amigos y nunca ha tenido amigos y dos, porque era muy flojo para levantarse más temprano.
– n-no… no lo sabía – el castaño lo miró fijamente detallando su cara. Ahí estaba otra vez haciendo que se sonrojara ¿no conocía el espacio personal? – de i-igual no conozco a nadie – se dijo a sí mismo en voz baja, pero lo suficiente alto para que Jackson lo escuchara –
– pastelito – el castaño le picó el estómago con su dedo haciendo que soltara un quejido cansado – ¿ya tienes tu horario y sabes cuál es tu casillero? – el azabache abrió la boca soltando un largo “ah” y luego negó acomodando su gorro.
El castaño volteó a mirarlo para decir algo, pero casi murió de la ternura al ver al azabache arreglando el gorro que tenía puesto ese día, el chico se veía muy tierno entretenido en su cabello. Llevó un puño a su boca ya aclaró su voz llamando la atención del chico – vamos te llevaré a que busques tu horario.
Dicho eso, el castaño se levantó y comenzó a caminar hacia la dirección asegurándose de que Adan lo estuviera siguiendo, le dio mucha ternura ver al chico tratando de seguirle el paso ya que era una cabeza y un poquito más bajo que él y tenía las piernas cortas, lo que lo hacía ver muy tierno.
Media hora después estaban en la oficina del director, el timbre había sonado hace 15 minutos, pero el director; un señor amable de 53 años con bigote y cabello canoso llamado Christian Simon, que tenía un hijo en segundo grado de 15 años que estaba en el equipo de baloncesto del instituto (de lo cual estaba muy orgulloso), su esposa (la cual amaba mucho, cabe recalcar), era maestra de francés en ese mismo instituto, todo eso se lo había contado en la media hora que llevaban él y Jason en su oficina, los dos estaban que caían de sus sillas por el aburrimiento y el señor apenas estaba calentando su garganta.
– director Simon – Jason decidió interrumpir la fabulosa (noten el sarcasmo) historia de cómo había tenido a su segundo hijo que ahora tenía 5 años y era fanático de “teen titans” la serie infantil que a veces encontraba a su tía viendo – disculpe que interrumpa su fabulosa historia, me encantaría sentarme algún día con usted a escuchar esa historia mientras tomamos café, pero ahora vamos retrasados a clases.
Adan levantó una ceja sorprendido por la labia que cargaba ese chico, de seguro muchas chicas habían caído con ella, aunque estaba seguro de que con ese rostro solo tenía que sonreír.
El director se sonrojó apenado, sacó un papel de las carpetas que tenía en el escritorio y se lo entregó al azabache.
– señor Hope, su grupo es el B y ese papel que tiene ahí es su horario – el azabache asintió leyendo el papel, su primera clase era anatomía y ya iba tarde – su casillero es el número 208, el joven Fox lo puede guiar ¿verdad?
El castaño asintió se levantó tomando al azabache con cuidado del brazo, Adan se levantó y agradeció al director en voz baja, el hombre mayor le sonrió y le deseó un bonito día.
– rayos, ese hombre si habla – el azabache soltó una risita baja, inmediatamente tapó su boca apenado ante la mirada de diversión de Jason – tienes una sonrisa hermosa, pastelito.
El menor se sonrojó apretando con fuerza el suéter que tenía puerto y negó – n-no es cierto.
– oh vamos, tienes una sonrisa hermosa, te lo digo como tu amigo – el azabache sintió su corazón saltar queriendo salir de su pecho ante la mención de esa palabra, el chico cool lo consideraba su amigo, se sintió extrañamente feliz por eso –
– gracias – dijo con una pequeña sonrisa sin poder mirarlo a los ojos. El castaño rió bajo ante la ternura del castaño. Los dos caminaron hasta los casilleros y como lo prometió Jason lo llevó hasta el casillero 208 –
– este es tu casillero, pastelito – Jason golpeó con cuidado la puerta – tu salón queda por allá – señaló al final del pasillo – bueno, yo me tengo que ir, voy… – miró el reloj escondido en su muñeca debajo de la cacheta negra – muy tarde.
Adan se sonrojó sintiéndose apenado porque por culpa de él el chico castaño llegaría tarde – lo-lo siento, te lla-llamaran la atención por m-mi culpa – Jason le sonrió de forma tranquilizadora y se encogió de hombros –
– todos los maestros saben que le director es un hablador – tomó al azabache de los hombros y lo empujó con delicadeza hacia donde estaba su salón de clases – nos vemos en el almuerzo, pastelito.
Jason se despidió con su mano hasta que desapareció por uno de los pasillos. Adan tomó una larga respiración tratando de calmar sus nervios, sus manos estaban sudando a mares y sinceramente le daba asco, limpió sus manos en sus jeans y caminó a paso lento hacia el salón de clases, cuando estuvo al frente levantó su mano y dudo en tocar, cuando por fin reunió valor la puerta del salón se abrió de golpe asustando al chico.
– ¿y tú eres? – preguntó el hombre frente a él. Sintió como su mirada lo escudriñaba y se sintió muy intimidado –
– A-Adan Hope, señor – el tipo frente a él, que al parecer era el maestro de anatomía, achicó sus ojos como si tratara de ver su alma. El azabache se removió incomodo en su puesto –
– ¿el chico nuevo? – el chico asintió. El hombre lo miró tres segundos más y luego sonrió – mucho gusto, Evan Watts, maestro de anatomía.
– mu-mucho gusto – susurró en voz baja. El maestro lo invitó a pasar y él lo hizo a paso lento. La puerta detrás de él se cerró haciendo un fuerte ruido y llamó la atención de todos los chicos en el salón que enseguida lo miraron con curiosidad. Sintió que iba a desaparecer ahí mismo, tantas miradas sobre él hacían que quisiera tirarse de un puente –
– oh, es pastelito – habló una chica a la cual identificó como Skiler la hermana menor de Jason, sus ojos verdes esmeralda lo miraban de forma rara, no podía descubrir muy bien lo que era, nunca lo había visto de esa forma. Todos en el salón rieron ante el apodo, las mejillas de Adan se calentaron de la vergüenza ya suéltame, Dios. No quiero ser tu mejor guerrero –
– bueno alumnos – todos voltearon a ver al maestro incluido él – como verán tenemos un nuevo compañero, por favor preséntate – el azabache asintió con la cara muy roja –
– ho-hola, m-mi no-nombre es Adan Hope – todos le devolvieron el saludo dándole la bienvenida –
– ¿quieres hablar un poco de ti? – el azabache negó incapaz de volver articular otra palabra sin vomitar todo lo que había desayunado esa mañana – bien, no hay problema – el azabache suspiró aliviado y le agradeció mentalmente – ok, siéntate al lado de… – todos levantaron sus manos haciendo que el azabache abriera sus ojos sorprendido ¿todos se querían sentar al lado de él? Ni que fuera un influencer. El maestro rió y negó divertido – al lado de la señorita Fox.
Todos en el salón bufaron y bajaron sus manos decepcionados… ok, las personas en ese pueblo eran extrañas.
– ¡ja! Les gané – todos la abuchearon – ¡no tengo culpa de ser la elegida! – gritó haciendo reír a todos en el salón – ¡inclínense ante mí, seres de baja categoría!
Adan miró al maestro buscando ayuda, pero este solo se encogió de hombros y rió entretenido por la chica. Adan caminó hacia donde estaba la chica, sus compañeros le sonreían o le susurraban un “bienvenido”, eso era muy extraño para él, sus antiguos compañeros no lo determinaban y si lo hacían era para molestarlo u obligarlo a hacer sus tareas. Cuando llegó a la banca de Skiler esta le sonrió en grande y le hizo un espacio para que sentara.
– gracias – murmuró solo para que escuchara Skiler. Ella le sonrió y le susurró un “de nada” –
La clase transcurrió normal, había algunas cosas que no entendía, pero su compañera de banca le explicaba con una sonrisa.
Le gustaba esta nueva escuela, le estaba gustando su nueva vida.