Chad
Miré el reloj por décima vez este día y luego bajé la mirada hacia la revista, Woman World, que anunciaba los nuevos diseños de mi colección. Mi primera colección de ropa para niños. Que tenía de modelos bebés hermosos: Cameron y Lio Briggs, y Ariel Thompson. Bueno, ya no eran tan bebés. A Cameron le faltaban semanas para cumplir un año, lo que tenía a Justin y a Tamara nervioso, emocionado y bueno, eso no era lo único que lo tenía así.
Como si ahora los nervios lo golpearan, se apoyó sobre mi hombro y yo lo rodeé con mi brazo, por lo que Justin se fundió mejor contra mí. Besé su cabello y apoyé mi mejilla contra su cabeza, mientras que su mano sostuvo mi revista para mantenerla abierta. Algunos de los comentarios de la gente cuando la colección fue impresa en la página web de la revista habían sido impresos en la sección y Justin rió mientras las leía.
—Era hora que hiciera ropa para niños. Adoro sus colecciones y me encanta que pueda combinar a mi niña conmigo.— decía uno de los comentarios mientras Justin me lo leía y desde el otro lado de mí, el pequeño cuerpo de Tamara se presionó contra mi otro lado, obligándome a abrazarla y fue ella quien sostuvo el otro lado de la revista ahora.
—¿Eso no lo escribió Aspen?— bromeó Tamara, leyendo el siguiente con una mueca.— Amo que los pañales no sean impedimento para este hombre, ¡Chad Casey es un ángel!
—Ya basta...— murmuré, frotando la espalda de ambos y Tamara y Justin continuaron leyendo todos los comentarios con risas y chismoteos, hasta que la doctora abrió la puerta y miró en su tabla.
—Tamara Stewart.— llamó y Tamara se puso de pie, tomándome de la mano y yo tomé la de Jus mientras nos movíamos rápidamente hacia la puerta. La doctora nos detuvo con una seña.— ¿Ustedes son familiares, o...?
—Doc, son amigos.— dijo Tam, entrando a la oficina y luego Jus se metió tras ella. La doctora me vio y yo sólo me encogí de hombros, por lo que entré y ella cerró detrás de mí.
—Entonces, debo suponer que serán los padres.— dijo, viendo como Tamara se sentaba en esa extraña silla para las mujeres. La doctora se sentó tras el escritorio y yo, como el hombre serio que era, me senté frente a ella, mientras que Tamara y Jus se turnaban para sentarse en la silla y ver las diferentes herramientas. La doctora suspiró con media sonrisa.— O debo suponer que tú serás el padre.
—Al menos de apariencia, nos decidimos a no escoger de quién será la muestra.— dije, dejando mi maletín con documentos en el escritorio.— ¿Qué puede decirme?
Hace una semana atrás, Tamara se había hecho exámenes para ver la condición de sus órganos reproductores y finalmente, la espera había acabado. Aquí estaban los resultados, listos para nosotros, listos para darnos una respuesta.
—Tamara tiene una excelente salud, y los estudios están bien. En cuanto a la inseminación, pueden hacerlo cuanto deseen. De hecho, si no me equivoco, está dentro de su ciclo de ovulación.— la doctora nos entregó algunos papeles y luego de una pequeña charla, nos pidió que la dejáramos con Tamara.
Jus y yo salimos, naturalmente, y esperamos en la zona de espera, una vez más, a que Tamara saliera. Mi esposo, ahora más relajado, me abrazó de lado. No habíamos discutido desde hace tres meses atrás, lo que era jodidamente maravilloso y a la vez, estresante. Jus estaba medicado, sí, estaba feliz, en calma, pero podía explotar en cualquier momento y no saber cuando eso ocurriría me volvía loco.
—Chad, tengo miedo.— murmuró Jus de repente, haciéndome levantar la mirada de la revista. Sus ojos azules tenían decenas de dudas mientras jugaba con la orilla de la revista. Acarició con la punta de los dedos una foto de Cam, vestida con un jardinero bastante adorable.— Sé que te presioné muchísimo con esto, pero... Tantas cosas pueden salir mal, y lo estoy notando ahora.
—Bebé, Jus.— dejé la revista a un lado y lo rodeé con mi brazo, frotando su hombro.— Presionaste, sí, pero yo ya estaba listo antes de eso. ¿Sabes lo que es? Es el temor porque finalmente la posibilidad se convierte en una opción, algo que puede pasar firmemente, no algo que podría ocurrir. Es la seguridad de que lo haremos lo que te perturba.
—Sea lo que sea, Chaddy, ¿Y si las cosas se complican? ¿Y si ocurre algun accidente? ¿Y si no logra fecundar?— comenzó, una pregunta tras otra y lo callé de mi forma favorita: besando esos labios que conocía tan bien.
—Jus, ¿Por qué no piensas en las cosas buenas en lugar de las malas? Pregúntate si tendrá tus ojos, o los míos, o los de Tamara. Pregúntate si será niño o niña, si será calmado o si llorará mucho.— acaricié sus mejillas y me perdí en sus azules ojos oceánicos. No había nada que me relajara mejor que su mirada.— Pregúntate si le gustará dibujar, quedarse callado como yo, o si será un criticón como tú.
—¡Oye!— me regañó, pero saqué una sonrisa en su rostro, lo que hizo que mi corazón se agrandara un par de tallas.— Tienes razón... Tienes razón, lo siento. Yo creo que él, porque será un niño, será un chico guapo como su padre, tú, y que hablará muchísimo como yo...
—Y será toda una bomba de carisma, como su sustituta.— dijo Tamara, interrumpiendo en la sala de espera y Justin rodó los ojos, poniéndose de pie antes de echar los brazos alrededor de su amiga.— Claro que, si salgue algo travieso...
—Sí, definitivamente, lo va a heredar de ti.— dijo Justin, frotándose los ojos para impedir que las lágrimas cayeran por completo.
Me puse de pie también, caminando hacia mis dos personas favoritas y los rodeé con mis brazos. Tamara era la mejor amiga de este mundo al haber aceptado ser nuestra sustituta. No muchas personas lo harían, y definitivamente, no muchas personas estarían dispuestas a dejar mucho de su vida diaria para hacer feliz a otras dos personas y luego dejar un niño que estuvo con ella por meses. Y la adoraba, por eso.
—Te lo agradezco, de nuevo, Tamara.— susurré, en su oído y Tamara me apartó con una mueca tonta en su rostro.
—No, no lo hagas. Somos amigos, es lo que los amigos hacen.— dijo, restándole importancia y Jus le besó la frente tiernamente.
—Pero lo haremos, de todas formas.— le respondió y caminamos fuera de la clínica de la obstetra.
Nos dirigimos al auto y de allí hacia el centro comercial, donde Tamara y Jus me hicieron caminar por decenas de tiendas mientras compraban todo tipo de productos para la fiesta de cumpleaños de Cameron. Como asistente, Tamara estaba ayudando a Aspen y a los Briggs a organizarla, pero como padrinos, compraron bastante juguetes y cosas para consentirla.
Y yo, bueno, era un tío diseñador. A mi niña nunca le faltaría ropa de princesa o cualquier disfraz que quisiera que yo preparara, así como ropa para sus muñecos y demás. Aún no los pedía, pero lo haría, algun día, y yo se lo daría, al igual que mi hijo, o hija. Sería increíble poder saber por adelantado lo que sería, pero como no era posible, me encargaría de consentir a Cam mientras tanto.
—¿No es adorable?— preguntó Tamara enseñándome una fotografía de Cameron que Aspen acababa de enviarle. Al parecer, alguien le había dado pastel (de seguro, su abuela) y su rostro estaba manchado con crema.— Ya quiero verla.
—También yo,— dije, ya que con los estudios de Tamara, las promociones de mi nueva colección en el otro lado del mundo y las "vacaciones anti-estrés" que Jus y yo habíamos tomado, había pasado casi un mes desde que habíamos visto a Aspen.— ¿Crees que hacemos mal en no decirle sobre nuestro plan?
—No, estábamos corroborando todas las posibilidades antes de decirle.— dijo Tamara, despreocupada mientras escribía un mensaje. Eché un vistazo hacia Justin, quien había llenado un carrito de compras con decena de cosas.— Imagínate, hubiese sido peor si le decíamos: Oye, nos estamos preparando para tener un bebé, y luego enterarnos que yo no era fertil o alguna cosa por el estilo.
—Aún así, hay que decírselo pronto.— dije, frotándome la parte trasera de mi cabeza. Me sentía mal ocultándole algo así, cuando había sido ella quien nos había ayudado a superar los problemas, yendo a terapia con Jus y preparándolo para ir conmigo. Tamara me frunció el ceño, como si supiera lo que pensaba.
—Oye, Chad, sólo serán unos días. En cuanto la veamos, sabes que Jus lo dirá todo y Aspen entenderá que no pudimos decirle antes.— dijo Tamara, dando una palmada a mi hombro. Asentí hacia ella y me dio una media sonrisa.— Bien, entonces, persigamos a Jus y llenemos ese carrito con las cosas para Cam.
—De acuerdo, gracias por hacer esto por nosotros, Tamara, voy a estar eternamente agradecido contigo por esto.— le dije, lanzando mi brazo sobre su hombro y aún agarrados, caminamos detrás de Justin en su eterna marcha por consentir a Cam.
Pronto, todo el mundo consentirá a nuestro bebé. Y si no es así, yo lo haré.