Capítulo 20

2258 Words
A las afueras de la ciudad un hombre era golpeado brutalmente, su cuerpo yacía en el suelo, mientras recibía una serie de patadas en el rostro y diferentes partes de su ya lastimado cuerpo, intentaba cubrirse pero le era imposible, aun así se mantuvo firme ante cada golpe que recibía . Frente a él en una enorme silla de cuero n***o se mantenía divertido con la escena, Sakí el jefe de la Organización los Sakis. En su regazo una mujer en solo una diminuta ropa interior besaba su cuello. Afuera del cuarto donde se encontraban se podía escuchar la música con la diferentes mujeres desnudas movían sus cuerpos al ritmo de la música sobre una tarima. La mirada de aquel hombre era de total maldad, con una barba espeja y negra, robusto y de piel morena, ojos saltones e intimidante. En unos de sus dedos de su mano derecha adornaba un anillo con un gran diamante rojo y una enorme cadena de oro con el dije de la letra “ S” colgaba se su cuello. —¡Ya es suficiente!—. Hizo a un lado a la mujer y se levantó de la silla, sus hombres obedecieron de inmediato y dejaron de golpear salvajemente a aquel individuo, con pasos lentos se acercó hacia aquel hombre que tosía y escupía sangre una y otra vez, soltando leves quejidos de dolor—. Una mujer que me da esa clases de problemas no merece vivir, no se como puedes estar tan obsesionado con esa mujer que es una metiche, un completo dolor de huevos, su belleza no vale tanto como para poner mi pellejo y salvarla a ella. —Para mi … lo vale —. Se quejó de dolor cuando intentó levantarse del suelo. Para el era la mujer más hermosa que jamás había conocido, en su mundo si quería, podía tener a la mujer que le gustara, pero lamentablemente no podía tener a la mujer que amaba. El la amaba aunque jamás en el tiempo que estuvieron juntos se lo dijo , un hombre como él no podía o mejor dicho le costaba decir sus sentimientos y no tenía mucho menos tiempo para todas aquellas cursilerías, siempre se lo trató de demostrar con hechos; si ella jamás se dio cuenta ese ya no era su problema. Siempre terminaba cayendo en la conclusión de que tal vez no la amaba lo suficiente para dejar esa vida que llevaba; pero él solo tenia dos opciones aguantarse y quedarse o salir pero muerto de ahí. NO ERA TAN SENCILLO DECIR “YA NO QUIERO SEGUIR”. —Como sea—. Hizo una mueca de fastidio—. Esta será la última vez que tolero que ande merodeando por lugares donde no debe, esta será la última vez que toleraré que prefieras qué te den esta golpiza para salvarle la vida a esa perra entrometida ¿me escuchaste? No me interesa si tienes costillas rotas, brazos, manos o piernas, mañana te presentas a supervisar el cargamento en el punto y te encargas de que la mercancía llegue intacta ¿me escuchaste Ezequiel? Ezequiel movió la cabeza y cerró los ojos con fuerza, todo su cuerpo dolía horrores, sentía el rostro doble y un escozor terrible por todos lados, después de haber hecho de la suyas, de haber intentado matar a Alexander Santana que era el tipo con el que Linda se paseaba por el barrio, lo llenaron de celos al saber que no era cualquier tipo, todo lo contrario, joven millonario, empresario exitoso ¿ como es que se habían conocido? La rabia lo cegó y actuó precipitadamente, lo cual consiguió más que solo asustarlo pues no contaba con que el maldito auto fuera blindado, su jefe se enteró a su regreso que Linda había estado en el lugar donde tenían a las chicas que mandarían a cierto país. Se enfureció y pidió que le dieran una lección y si es posible que la mataran de una vez por todas, estaba fastidiado que siempre estuviera esperando la oportunidad para joderlo. El hombre se enteró y ofreció su pellejo para que no tocaran a Linda, no importaba cuan doloroso fuera no quería que la lastimaran. La primera vez que le pidió que le pidió a Sakí que no la dañaran como a las demás le costó una golpiza qué lo dejó en cama durante un mes y a su regreso tuvo que conseguir tres chicas vírgenes en su lugar. Para Sakí, Ezequiel era un elemento muy importante en su organización y sería una pena si llegara a faltar le por culpa de esa mujer que no hacía otra cosa más que meterlo en problemas. Ezequiel se encontró completamente solo en la habitación, su cuerpo temblaba por el dolor, su frente se humedecía cada vez más por el esfuerzo que hacía para no echarse a llorar por las dolencias que sentía. Se tomó su tiempo para levantarse con ayuda de la silla donde minutos antes su jefe estuvo sentado. La puerta se abrió de golpe y sintió un agarre en su brazo con delicadeza. —¡Ve a trabajar te van a regañar! —Te voy a llevar a mi camerino, ya le hablé a un doctor amigo mío para que te atienda, te vez fatal, das pena —. Expresó aquella mujer ayudándolo a sentarse en la silla, Ezequiel sonrió y negó con la cabeza . —Tus palabras me reconfortan—Respondió llevando su mirada a la bella mujer de cabello corto color n***o, sus ojos eran color verdes y su piel era demasiado blanca, sus labios eran carnosos, delgada en proporción. —Es que si te vieras terminarías dándome la razón—. Se cruzó de brazos provocando que sus medianos pechos se apretaran y resaltaran en el sostén qué llevaba puesto, acompañado de una diminuta falda en color n***o. Tenía veintiséis años, había llegado ahí a lo dieciocho, justamente el hombre que tenía frente a ella era el causante de la vida que llevaba, con el tiempo se fue acostumbrando y ahora era una de las mejores en ese lugar, no tenia familia y de eso se había aprovechado Ezequiel, la había seducido para después llevarla ante Sakí y de sus manos ya no pudo escapar; no le guardaba rencor. —Entonces vete y déjame solo Samara, te meterás en problemas. —Ya te dije a donde te voy a llevar, ahora vamos y deja de ser tan necio—. Lo jaló del brazo y Ezequiel se quejó. —Aguarda ,aguarda, espera un momento —. Respiró profundo. —¿Me pregunto que hiciste para que ese cerdo te hiciera esto? —Sshh no hables así, te pueden escuchar y te va ir muy mal….. —Si, si , ahora ven vamos con cuidado. POV AMY XIOMARA Las semanas han pasado y yo no podría sentirme más feliz como ahora, después de haberle hablado de mis sentimientos a Alexander todo fue mucho más intenso y apasionado que antes, aunque no hemos tenido sexo, puedo sentir que Alexander me desea tanto como yo a él. Nos vemos casi todos los días aunque solo es un rato, hemos compartido muchas cosas, salido a comer, al cine, al teatro, a la ópera, me gusta que sea cuidadoso pues trata de que los lugares que frecuentamos nos brinde una zona exclusiva solo para nosotros, no le gusta que luego los reporteros invadan nuestra privacidad. Ahora me encuentro en una conversación un poco tensa con Marlene pues insiste en que le de una sorpresa a Alexander y vaya a su empresa, la idea no me desagrada, pero se que estará ocupado y no podrá atenderme el me lo dijo esta mañana en que hablamos por teléfono. —Ya te dije que esta ocupado de nada sirve que vaya a verlo y me quede esperándolo por horas y horas. —Ay pues haz algo, llevas varios meses, saliendo con el y nomas nada de nada ¿no se te hace extraño? —¿Extraño que? —Que no te persuada o te de a entender que quiere acostarse contigo. —De hecho así a sido, hemos terminado besándonos ciertas partes del cuerpo pero por alguna u otra razón no podemos avanzar más, siempre nos interrumpen o no estamos en el lugar adecuado—. Caminé hacia mi armario para guardar la ropa que me había comprado hace poco, Marlene las doblaba y yo las colocaba en el lugar correcto. —¿Y que importa si es el auto, en un baño, en la sala, en el elevador o donde sea? Lo importante es disfrutarlo, gozarlo vaya, mira que ese hombre se ve que es muy ardiente. —Lo es, créeme que lo es, me lo demuestra con cada caricia, con cada beso que me da—. Me siento en la cama a lado de Marlene y me muerdo los labios al recordar la manera en la que me besó cuando salimos del teatro justo en el ascensor; ¡Bendito hombre! FLASH BACK —¡Joder!—. Los labios de aquel hombre se perdieron entre el escote de Amy, dejaba besos sobre la piel de sus senos, ella se aferraba a los hombros de el mientras se dejaba besar y lamer de una manera poco pudorosa. Después de salir del teatro habían entrado al ascensor y aprovechando que solo eran ellos dos en el se besaron, ese beso que comenzó tierno y pausado había aumentado y cargado el ambiente de deseo y excitación. Las manos de Alexander apretaban la cintura de Amy bajando una de ella hacia uno de sus muslos justo el que tenía aquella abertura que mostraba la piel blanca y suave de ella. Amy por su parte y presa de las sensaciones irresistibles que sentía, bajo sus labios a la barbilla de esta y mordió ligeramente, escuchando como soltaba un gruñido , eso la alentó a seguir con sus caricias, así que con su lengua lamió parte de su cuello y oreja. Soltó un pequeño grito cuando su cuerpo fue apegado de manera violenta para excitante a la pared de ascensor. —No juegues con mi cordura Amy Xiomara —. Expresó con voz ronca. Amy se sentía tan pequeña ante Alexander, estaba tan cerca de ella que podía escuchar los latidos desmesurados de su corazón; el suyo estaba peor . Se inclinó un poco sin quitar sus ojos n***o intensos de ella y rozó sus labios. El elevador se detuvo, el pelinegro lo detuvo. —¿Qué, que piensas hacerme? —. La voz de aquella mujer salió casi como un gemido, Alexander sonrió.. —¿Tu que crees? —. Susurró, mirándola como un depredador que está a punto de cazar a su presa—.¿ O tienes miedo? Amy tragó saliva y sonrió seductora, se paró de puntillas y lamió los labios de pelinegro invitándolo a seguir. La mano de Alexander se posó sobre el cuello de Amy y la besó desesperado, entrelazando sus lenguas y sintiéndose profundo. Los gemidos de Amy se ahogaban con el voraz beso de Alexander; sentía demasiado. Después de haberse perdido entre su escote, bajó peligrosamente dejando besos a través de su ropa, aún con ella, Amy los sentía hasta el alma. —¡Alexander!—. Gimió con fuerza al sentir su boca besar muy cerca de su sexo; la estaba tentando. Llevó la mano a su boca y arqueó su espalda cuando la lengua exquisita del pelinegro se perdió entre sus pliegues después de haber hecho aún lado su panty, intentó sostenerse, enterrar sus uñas en algo pero no pudo. Llevó la mirada abajo observando como aquel hombre estaba sumergido entre sus piernas. —¡Sabes delicioso Amy! Una electricidad recorrió su cuerpo, una presión en su vientre la hacía retorcerse. ¡Se sentía extremadamente delicioso! Su corazón quería salir de su pecho y sentía que el aire le faltaba, tenía que tomarlo con calma. ¿Pero como? Si ese hombre tenia una lengua maestra. Sus manos acariciaban el cabello de aquel hombre, para después apretarlo con fuerza ; habían gemidos y sonidos obscenos pero ¡vaya que eran excitantes! —Alexander….. no pares… por favor—.Gimió dolorosamente, estaba cerca del orgasmo. —¡Imposible que lo haga! .. cuando tienes un coño tan delicioso —. El aliento caliente del pelinegro golpeó su sexo, arrastrándola a correrse en su boca, gimió su nombre por lo alto con los ojos cerrados mientras una lágrima salió resbalando de su mejillas: fue tan fuerte el placer que sintió. Después de unos segundos en que siguió disfrutando de la humedad de Amy se levantó y estampó sus labios con los de ella, Amy lo recibió con ansias y subió en el, enredando sus piernas en sus caderas. Amy chupó sus labios y mordió con fuerza al sentir la enorme erección rozar su sexo de manera impetuosa. —¡Si!—. Comenzó a mover sus caderas sin dejar de besarlo, rosando su sexo con su dura erección. —¡Joder! —¡Aha!—. Sus caderas siguieron moviéndose, rozándose contra el, mientras las manos del pelinegro apretaban sus piernas con fuerza; iba a correrse entre sus pantalones , con los movimientos de caderas de esa mujer. Amy quería eso, quería que darle su orgasmo así como el se lo dio a ella, así que sin ninguna pizca de vergüenza aumentó el ritmo hasta que lo sintió sentarse y soltar una maldición. ¡Acababa de correrse en su pantalón!
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