Capítulo 10

1817 Words
La observo acercarse a pasos lentos hacia Teodoro, él tiene una gran sonrisa en el rostro, la mira con orgullo y mucho amor. Noto como ella suspira con pesadez, desde que desvió su mirada no la ha vuelto a levantar hacia mi dirección. Nunca se me cruzó por la cabeza pensar en las posibilidades de que Xiomara fuera hija de Teodoro, ahora entiendo el porqué estaba en su empresa, no se me cruzó por la cabeza saber más de ella, me bastó con solo saber su nombre. —Ella es mi más preciado tesoro— su padre la presenta ante los míos y por la expresión en ellos se que han quedado encantados con ella, tanto como yo. Mi madre se presenta y la abraza besando ambas mejillas, Xiomara sonríe apenada, o mejor dicho Amy. Mi padre la abraza y la alaga por su belleza , mi madre rápidamente se gira en mi dirección y me pide que me acerque. —Mira te presento a Alexander, es hijo único como tu y de igual manera es mi mayor tesoro — nuestras miradas conectan por un momento, me aclaro la garganta y le extiendo mi mano, voy a fingir no conocerla. —Mucho gusto Amy—enfatizo un poco en su nombre, ella trata de sonreírme pero parece más una mueca, sujeta mi mano y ejerzo presión, sus ojos se abren y niega con la cabeza, intenta soltarse pero no se lo permito, nadie se da cuenta porque están ocupados en sus cálidos saludos , solo mi madre es la que mira de reojo en nuestra dirección, aun a si tardo unos segundos en soltarla—Tomemos a siento por favor—Nos ofrece Teodoro cuando ambos nos saludamos. No puedo dejar de observarla, se sienta un lado de su padre, le susurra algo en él oído y se levanta del sillón disculpándose. Mis ojos siguen sus movimientos, sus caderas se mueven con elegancia y sensualidad, no puedo dejar de verla hasta que se pierde. No pongo atención absoluta a lo que están diciendo, cada segundo mi mirada se desvía hacia donde ella se fue, deseando que aparezca, necesito explicarle el porqué cancelé nuestra cita. —Me alegra tenerlos aquí, ahora que Alexander y yo somos socios espero que frecuente mi humilde casa. —Por supuesto que si, Alexander vendrá seguido por estos rumbos tenlo por seguro Teodoro espero y sea bien recibido. —No tienes ni porque dudarlo Lucrecia, ¿sucede algo Alexander? Estas muy callado. —No, no para nada, todo esta perfectamente bien tiene una hermosa …. casa—respondo y una hermosa hija, pienso. Cuando Amy regresa de donde sea que haya ido la noto más relajada, me sonríe esta vez sin verse forzada, mi padre, Teodoro y yo nos ponemos de pie muestra de caballerosidad cuando una dama está parada, hasta que ella tome asiento nosotros haremos lo mismo, pero esto no sucede si no que se dirige a mi con esos ojos azules como el mar. —¿Quieres dar una vuelta por el jardín, mientras sirven la cena?—Su invitación me toma por sorpresa. —Claro que si—le respondo, para después ver a su padre quien al igual que los míos nos miran con expectación—¿ no habrá ningún problema verdad? —Por supuesto que no, todo lo contrario esperamos que ustedes dos se conozcan y se puedan llevar bien—responde Teodoro. Salimos al jardín en silencio, las luces en el césped alumbran nuestro paso, voy detrás de ella, ya nos alejamos bastante pero Amy no se detiene, así que la sujeto del brazo para que lo haga . —¿A dónde vamos? —Te estoy dando un recorrido por el jardín, ¿no es obvio? La suelto y no puedo evitar reírme un poco. —¿Porqué me mentiste sobre tu nombre? —En realidad no te mentí, es mi segundo nombre el que te dí. —¿Amy Xiomara? —Si así es. —¿Sabias quien era cuando nos conocimos? —Si— responde sin mas. —¿Entonces sabias de esta cena y de lo que nuestros padres esperan de nosotros?—Le pregunto un tanto molesto, porque pudo habérmelo dicho. —Sabía de la cena pero no quienes vendrían y tampoco se que esperan nuestros padres de nosotros ¿Qué es lo que esperan?—pregunta, no desconfío en su repuesta, no se porque, pero le creo —Esperan que terminemos en matrimonio— Sus ojos se abren con sorpresa pero brillan cual piedras preciosas, me doy cuenta que la idea no le desagrada— que nuestros apellidos y empresa tengan más poder en la ciudad. —¿Y te es desagradable? Suspiro y la observo pensando por unos segundos, necesito a sincerarme con ella, necesito conocerla mas, a despertado algo en mi difícil de explicar, no estaba en mis planes pero ¿Qué pasa si se da? —Lo es —Afirma y pasa a mi lado, reacciono con rapidez y la sujeto de la muñeca acercándola a mi cuerpo. A pesar de traer tacones sigue siendo pequeña, su aroma me golpeaba y tenerla tan cerca me provoca, me provoca y mucho. —Cuando mis padres me dijeron que conocería a la hija de Teodoro y que por eso habían insistido tanto en que nos hiciéramos socios, me molesté— comienzo diciendo sin separarnos, sus manos blancas y delicadas están apoyadas en mi pecho, sus labios entreabiertos me están tentando a hacer algo más, solo humedezco mis labios y prosigo —no quería conocerla , por el simple hecho de saber que es de mi mundo, en el que las mujeres solo se preocupan por conquistar a el que tiene dinero o esta a su altura. Solo piensan en que van a gastar los millones que su esposo tiene en el banco. Podría hasta decir que son personas sin sentimientos, no quiero unir mi vida a una mujer así y que meses después terminemos en un juzgado peleando por dinero. —¿Tu crees que yo soy así? —Quiero conocerte Amy, quiero hacerlo—le susurro sin apartar mis ojos de ella—¿tu lo quieres también? Me observa por unos segundos y su mirada baja a mis labios, se lo que desea y es lo mismo que deseo también. —Podría ser—Expresa en voz baja, no era la respuesta que esperaba y ni mucho menos que terminara alejándose de mi—¿por eso me dejaste plantada? Se cruza de brazos, abrazándose así misma, mirándome muy seria. —No te dejé plantada. —Me cancelaste media hora antes, es lo mismo. —No, no lo es—cuestiono. —Lo es —replica. —Para decir que te dejé plantada, debí haberte dejado esperando en el lugar acordado, no fue así…. discúlpame, era un asunto que requería de mi presencia—Se cruza en mis pensamientos Linda y esa mirada inocente suplicante por que la ayudara, luego esa sonrisa genuina que me llenó de satisfacción. Me aclaro la garganta y prosigo—Te dije que recompensaría mi falta, pídeme lo que quieras. Amy se queda pensativa por algunos segundos, lleva la mano a su pecho para después mirarme y sonreírme coquetamente. Comienza a caminar y yo no dudo en seguirla, a su paso va dejando ese rastro a flores que me encanta. Se da la vuelta y sin detenerse me pregunta rápidamente: —¿Lo que yo quiera? —Si, lo que tu quieras—Vuelve a girar y se detiene justo donde hay una banca para disfrutar de la vista a la hermosa fuente, que en medio tiene dos querubines y de ellos es de donde sale el agua. Se voltea por completo para quedar frente a mi, observa con atención la fuente, me doy cuenta que esta dudando sobre lo que quiere pedirme, estoy por decirle que sea lo que sea me lo diga pero mis palabras se ven interrumpidas por las de ella. —Quiero un beso—A pesar de que estoy sorprendido por lo que acaba de pedirme no lo demuestro, si no lo contrario, mi mirada se desvía a sus labios rojos sensuales y se me hace agua la boca de imaginarme besándolos. —¿Es enserio lo que dices?—Me acerco a ella lentamente, se muerde el labio inferior muestra de nerviosismo pero aun así no se arrepiente, todo lo contrario. —Si… se que suena muy atrevido de mi parte, puesto que apenas nos conocemos pero… uno nunca sabe si estará respirando el día de mañana, suponiendo que el primer lugar de muerte lo ocupa por fallas al corazón y si en cualquier momento me toca, no quiero hacerlo y haberme quedado con las ganas de probar tus labios. ¡Joder! Fue tan directa, tan atrevida como bien no quiere parecer, que instintivamente me mojo los labios, mi corazón se acelera cuando me acerco más a ella. —Esa es tu excusa ¿entonces? —No es una excusa, es mi deseo. Nuestras miradas están tan conectadas, ninguno de los dos la baja o la desvía. Llevo mi mano a su pequeña cintura y la atraigo hacia a mi. Su pecho baja y sube manteniendo un ritmo un tanto acelerado, no espero más y me inclino para alcanzar esos tentadores labios y los uno por fin con los míos . Suaves Perfumados Exquisitos Al sentirlos están un poco fríos, supongo que es por la noche fresca, pero pronto los haré entrar en calor. La beso lento, suave, chupando uno y luego el otro, me lleva el ritmo muy bien, trato de ser gentil, tomarlo con calma aunque mi cuerpo quiera todo lo contrario a eso, perder la calma. Mi cordura se va al carajo cuando mete su lengua en mi boca y hace contacto con la mía. Mi instinto animal se activa y profundizo el beso, aumento el ritmo y me como su boca a mi antojo y como yo quiero. Tiro y muerdo de sus labios, juego con su dulce lengua y saqueo su boca hasta que la escucho soltar un gemido, empieza temblar en mis brazos, mis manos están aferradas a su cintura y las de ella a mi cuello. Aun así no la dejo de besar, no quiero. Contra sus labios hablo y ella aprovecha para respirar. —Estás temblando. —Estoy bien—expresa con dificultad, sin dejar de besarla me quito el saco y lo llevo su espalda cubriéndola del frío. Aunque yo lo que siento es calor, un intenso calor y la causante es esta mujer. Eso me sirve para pegarla mas a mi cuerpo, suspira. Mis manos suben a su espalda, para después llevarlas a su rostro, nos alejamos un poco para tomar aire y volvemos con nuestra sensual danza. —¿Amy?—Nos separamos de golpe..
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