Giré rápidamente mi cabeza para ver de quién se trataba, y podría decirse que nunca le había visto anteriormente. Tenía una pinta bastante despreocupada, sólo luciendo una camiseta blanca, unos pantalones oscuros y un calzado del mismo color. A primera impresión y debido a su aspecto, podría decir con claridad que no le debía de importar mucho la opinión ajena, ni debía de estar interesado en impresionar a alguien en la fiesta. Tenía su cabello n***o atado hacia atrás en un desordenado moño, quizás también indicando que no parecía importarle mucho su apariencia. Ante su tez bastante blanca, era imposible que sus ojos color verde claro pasaran desapercibidos, mientras miraba descaradamente mis piernas de arriba a abajo, con unas grandes y rizadas pestañas oscuras acompañandole.
Sus ojos se encontraban algo entrecerrados y rojizos, y apenas dió un paso hacia adelante entendí el porqué. Podía oler el fuerte aroma a marihuana que desprendía su ropa. Al encontrar su mirada con la mía, me dió una descarada e infantil sonrisa.
_No te he visto antes por aquí. Soy Enzo, por cierto.
_Emilia.-Respondí, manteniendo un poco de mi reservada distancia.
Él repitió mi nombre al menos dos veces hasta darme otra sonrisa. Algo tierna, al menos para ser proveniente de un chico de fraternidad.
_Bueno, Emilia. Un gusto conocerte entonces.
Él se sentó sobre la gran isla de desayuno que había en la cocina, interesando en seguir la conversación. Se encontraba bastante más cerca de lo que prefería, con una de sus piernas casi tocando mi brazo. Mirándome con una sonrisa ladina, prosiguió hablando.
_Dime, ¿Eres nueva? ¿Por qué no te he visto antes?
_No lo soy, sólo no he asistido a alguna de estas fiestas antes.-Dije mientras señalaba el lugar.
Sus ojos verdes parecían curiosear en las facciones de mi rostro, observándolas con atención.
_Ya veo. ¿No eres muy fiestera, eh? Está bien, tiene sentido.-Levantó sus hombros- Tampoco luces como una.
Me atraganté con una papa que justo había decidido meter a mi boca cuando le oí decir aquello, con una pequeña sonrisa divertida dibujada en sus labios. Levanté mis cejas, algo ofendida por su comentario. Quiero decir, ¿De qué estaba hablando? el año pasado había tenido toneladas de fiestas a las que solía salir todos los fines de semana. Claro que ninguna había sido como esta, pero aún asi era un sinsentido. Además, ¿Quién diablos se creía él para juzgar como luzco?
_Jamás he dicho algo como eso.-Solté de manera defensiva, mientras cruzaba mis brazos sobre mi pecho.
_Hey, tranquila.-Soltó mientras dejaba salir una pequeña risa.-_No es algo malo tampoco. Si no te gusta, no te gusta y ya.
Dí un paso para atrás mientras lo miraba molesta por su intento de analizar a mi persona apenas luego de haberme conocido. Era sin dudas un muchacho algo extraño, y no entendía como alguien que era tan encantador hace un segundo, se había vuelto tan odioso al siguiente.
_Sólo he dicho que no he asistido a ninguna de estas fiestas antes. No dije en ningún momento que nunca había ido a ninguna fiesta.
_¿Lo dices en serio? Me pregunto si nos habremos conocido en alguna otra fiesta y no lo recuerdas.-Soltó con curiosidad, pero negó su cabeza al segundo siguiente.-_Nah, creo que habría reconocido a alguien como tú. Quiero decir, estas no son las únicas fiestas a las que voy... Por cierto, ¿Has ido a la fiesta que hizo Marcus la semana pasada?
No había podido evitar rodar los ojos ante sus palabras. Realmente se me estaba haciendo insostenible la conversación a ese punto, en el cual no dejaba de oírse como un niño molesto. ¿Acaso siempre le gustaba hablar así de mucho con desconocidos?
Abrí mi boca a punto de responder a su pregunta, pero antes de que pudiera hacer algo tenía una de sus manos metida de lleno en mi bolsa de papas fritas. Sacó una buena porción de ellas y soltó una risa, supongo que ante mi reacción. Al verle inclinar la cabeza mientras soltaba una carcajada, noté como en su lengua un destello plateado comenzaba a brillar con la luz del foco de la cocina. Fue en ese momento que me dí cuenta que llevaba puesto un piercing allí, cosa que extrañamente, parecía ir a la perfección con todo su aspecto en general.
_Bueno, tomaré eso como un no.-Soltó mientras llenaba su boca de comida.
Lo miré con algo de recelo mientras le daba una mirada de arriba a abajo.
_¿Acaso siempre eres así?
Antes de responderme hizo el intento de volver a meter su mano en mi bolsa de comida, pero se la alejé antes de que pudiera alcanzar algo.
_¿Así como?
.Dijo de manera inocente mientras fruncía su ceño e inclinaba su cabeza hacia un lado, mirándome con profunda curiosidad ante mi pregunta.
_Tan molesto.-Solté sin reparos.
_Oh cielos, ¿Es tan así?
Dirigió una mano a su pecho mientras fingía estar herido ante mis palabras. Estuve a punto de volver a responderle pero alguien le llamó por su nombre a lo lejos, de nuevo. No estaba realmente segura si estaba agradecida por ello, o si en lo profundo lo lamentaba un poco.
_¡Ya voy!-Respondió con un grito hacia aquel llamado.
De un salto bajó de la mesa de desayuno, y estiró su brazo para alcanzar nuevamente aquellas papas, dándome su más amplia y juguetona sonrisa mientras le miraba fijamente. Continuó frente a mi por un par de segundos más, mientras masticaba la comida de manera ruidosa -y completamente a propósito- sólo para molestarme. Luego de ello ambas de sus manos rozaron mi cintura hasta detrás de mi, donde tomó dos botellas de agua de la mesa. Era algo raro, pues estaba más cerca, pero extrañamente distante. Se sentía como si quisiera respetar mi espacio, pero como si a su vez intentara testear los límites de éste.
_Bueno, fiestera o no, ha sido divertido verte por aquí.
"Emilia" salió de sus labios en un tono más bajo, mientras me daba una sonrisa antes de dejar la cocina.
Ahí iba de nuevo, ese aire que tenía de muchacho encantador, sin realmente ser uno. En el preciso momento en el cuál soltó mi nombre con sinceridad y sonrió luego, sentí que podría ser tranquilamente ese muchacho romántico y callado de la escuela del cuál podrías estar enamorada durante años. Sin embargo, en el instante en el que comenzó a testear los límites de mi paciencia molestándome a propósito y pretendiendo que admita que realmente no una persona muy amante de las fiestas, él me recordó a simplemente los idiotas que rondaban en la secundaria. Esos que rompen botellas con su cabeza y hacen cosas estúpidas sólo por diversión.
Sin aún estar segura de como me había sentido respecto a él, no podía negar que me resultaba algo interesante.
_Hey.
Una voz en la cocina me sacó de mis pensamientos, logrando que levante mi vista para ver de quién se trataba. Aquél muchacho de la barra se encontraba asomado en el umbral de la cocina, mirándome.
_¿Sí?-Respondí, sin estar segura de qué es lo que quería.
_Estamos por jugar a siete minutos en el paraíso aquí. ¿Quieres unirte?
Evité rodar mis ojos ante el cliché del juego, pero no pude evitar arrugar mi nariz al oírle.
_Mira, es esto o jugar al póker con prendas. Y para ser sincero, ya he visto a los chicos desnudos demasiadas veces. Más de las que preferiría.-Dijo disgustado.-_Pero tú decides.
Suspiré mientras veía a la bolsa casi vacía de papas fritas, que terminé por dejar en la bolsa de basura. Al fin y al cabo, me encontraba allí para liberar un poco de estrés. ¿Qué tendría de malo jugar un poco y quizás terminar divirtiéndome con algún desconocido?
Dirigiéndome hacia la nevera, saqué otra lata de cerveza. Mientras le daba un sorbo, decidí mirar mi celular en busca de algún mensaje importante. El único que tenía en pantalla era el de Rebecca, el cuál simplemente decía:
"Estaré bastante ocupada...cuídate y mándame cuando llegues al dormitorio."
Bueno, parecía ser que no me quedaba otra que socializar un poco con desconocidos por un rato.
A no ser que simplemente me dirigiera a la habitación, pero luego de todo el esfuerzo por salir de fiesta, creo que no era lo más debido, al menos en ese instante.
Salí finalmente de la cocina, observando como la mayoría se encontraba sentados en una ronda sentados en un gran sofá, o en el suelo. Casi todos tenían alguna bebida en sus manos. Por el rabillo de mi ojo pude observar como aquél chico de ojos verdes el cuál acababa de conocer se dirigía camino al sofá, para luego recostar su cabeza sobre las piernas de una chica el cuál su rostro no me resultaba familiar, pero a ella pareció no importarle mucho. A pesar de ella protestar juguetonamente al principio, todo lo que tuvo que hacer él fue darle esa dulce e inocente expresión que tenía para que ella dejara de quejarse casi al instante.
Era realmente un bastardo encantador que sabía lo que hacía.
Encontré finalmente un cojín lo suficientemente cómodo para acomodarme sobre el. A mi lado, se encontraba sentada una chica, que creía haber visto antes en la cocina. Ella me miró de manera sonriente y no dudó en compartirme de su bowl de snacks, a los cuáles me negué educadamente. Me encontraba con el estómago algo lleno debido a la bebida y la bolsa de papas que había engullido hacía tan sólo minutos atrás.
Marcus-aquél chico de la barra y el mismo que me ofreció jugar- parecía ser el que estaba a cargo del juego, ya que fue el encargado de leer las reglas para todos los presentes, aunque más de la mitad no estuviera prestando mucha atención al asunto. Si no tenían su mirada anclada al celular, la tenían perdida en la televisión, que se encontraba dando una de las típicas películas que podrías mirar haciendo zapping un fin de semana en tu casa.
De cualquier forma, las reglas eran lo suficientemente simples. Y todos tenían el suficiente sentido común para saber de qué iba el juego.
Todos pusieron su nombre escrito en un pequeño papel, que luego fueron depositados todos juntos en un pequeño recipiente. Marcus mezcló con sus manos y luego sacó dos papeles al azar, y quien fuese que saliera allí debía encerrarse con la otra persona en un armario durante siete minutos. Tanto para besarse, follar, o lo que sea que quisiesen. La única regla era esa: debían de quedarse los siete minutos dentro.
Definitivamente, había sido más divertido de lo que creía que sería. A lo largo de la noche salían chicas con chicas, chicos con chicos, y así con combinaciones de personas que no verías estando juntas de otra manera que no fuese esa. Aplausos y ovaciones eran recibidas para quien tuviese el valor de entrar como de salir de allí. No fue tampoco tan...primitivo, como le creía. Claro que se escuchaba ocasionalmente algún gemido y golpes a través de la puerta, pero nadie parecía realmente muy lascivo con lo que hacía. Era entendible, ya que la mayoría de los allí presentes sólo buscaban matar el tiempo y divertirse un poco. Al fin y al cabo, para follarse entre ellos había más que suficientes habitaciones individuales a lo largo de toda la gran casa. ¿Por qué se molestarían en hacerlo dentro de un incómodo clóset?
_Bueno...el próximo par en entrar es...-Marcus leyó con algo de dificultad aquel papel.-Enzo.
Éste quitó su vista del celular, pero aún mantenía su cabeza sobre las piernas de aquella chica, esperando a que nombraran a la segunda persona que entraría con él. No podía mentir, sí me había imaginado lo que sería que ambos hubiesemos coincidido, y cuál sería su reacción ante ello. Se veía como alguien tan impredecible que no podía imaginarmelo a ciencia cierta.
Un codazo a mi costado me saca rápidamente de mis pensamientos, que provenía de la chica sentada a mi lado. La miré algo perpleja, a lo que ella señaló algo frente a mi sonriendo levemente.
_¿Qué? ¿Qué es lo que ocurre?
_¿No lo has oído? Marcus dijo que has sido emparejada con Enzo. ¿Qué esperas? ¡Ve!
En efecto, no había podido oír a Marcus. Estaba demasiado ocupada fantaseando con aquél bastardo registrando mi presencia que no había podido prestarle atención a ello. Una vez que habían logrado captar mi atención, Enzo se levantó rápidamente del sofá con una pequeña sonrisa hacia mi.
Sabía que sólo había sido una simple sonrisa, pero también le había visto todas las intenciones detrás de ésta.
_Antes de comenzar, quisiera hacer una pequeña excepción como vicepresidente de la fraternidad.-Dijo mientras levantaba su dedo índice, y me daba una pequeña mirada antes de seguir hablando.-Déjame hacerlo en mi cuarto.
_Vamos Enzo, no seas tramposo.-Soltó uno de los que se encontraban allí sentados.
Marcus le miró dubitativo por un segundo. Enzo levantó sus hombros con una sonrisa.
_Serán sólo siete minutos. Sólo pretendo estar más cómodo que en un apretado clóset.
_Esa es la idea, Enzo.
Rodó levemente sus ojos y finalmente aceptó ir al clóset.
Enzo sonrió y esperó a que me ponga de pie, cosa que ante su mirada, hice rápidamente, intentando ser lo menos torpe posible en el intento.
Mis manos comenzaban a sudar. ¿Por qué diablos me encontraba tan nerviosa?
Me paré a su lado y ambos esperamos a que Marcus quitara el cerrojo de la puerta. Una vez que lo hizo, ambos nos metimos dentro girándonos por última vez para ver como Marcus nos daba un pulgar arriba, así como lo había hecho con todas las personas emparejadas que se metían dentro. Luego de ello, preparó en su teléfono el conteo regresivo de los siete minutos.
_De acuerdo niños, diviértanse.
Y en ese entonces la puerta se cerró ante mi rostro, y pude oír el sonido de como le metían llave desde el otro lado de la puerta, dejándola herméticamente cerrada.