A pesar de que no tenía casi ropa dentro, aquél clóset seguía siendo bastante apretado, al menos para que dos personas adultas entraran dentro. Ésto nos dejaba tanto a mi como a él poco y nada de espacio para movernos, volviéndolo levemente incómodo. A pesar de la casi completa ausencia de luz, podía ser capaz de distinguir su rostro en el medio de la oscuridad. De hecho, él estaba parado tan cerca de mi que podía oler su perfume en cada respiro que daba. El aroma a marihuana se había disipado de su ropa, que ahora olía a una mezcla de vainilla amaderada, y menta. No pude evitar comenzar a mover mis manos, algo intimidada ante lo atractivo que se veía desde cerca. Él pareció notar mi incomodidad, por lo que finalmente habló, rompiendo con aquél silencio que nos envolvía.
_No debemos de hacer nada si no quieres.-Susurró.
Podía oír en el tono de su voz, que estaba hablando en serio. No lo decía por complaciente, ni mucho menos como si fuera algo que le causara pesar. Se encontraba incluso genuinamente preocupado por que yo me pudiese sentir bien, a pesar de que estábamos parados uno frente al otro, con sólo centímetros de distancia separándonos entre sí. Había sido un gesto bonito, comparado al menos a cómo lo había conocido en la cocina. Su tono era gentil y bastante suave, y hasta podía decir que la manera en la que se encontraba de pie frente a mi había cambiado. Estaba intentando apoyar su cuerpo en uno de los lados, dejándome el mayor espacio posible, lo cuál me resultaba más que considerado de su parte si pensaba en que él no era una persona para nada pequeña.
Seguíamos estando bastante cerca el uno del otro, pero al menos él lo había intentado. A pesar de apreciar su gesto, no era de mucha ayuda que me encontrara haciendo el conteo de tiempo en mi cabeza. Siete minutos se pasaban volando, y estaba a punto de rechazar la oportunidad de tener algo con un chico -bastante- atractivo. Mientras más lo pensaba, más me daba cuenta de lo tentadora que sonaba la oferta.
Aunque fuese sólo para ser tocada, Enzo era lo suficientemente atractivo para mí, y se veía bastante respetuoso al respecto, a pesar de su actitud juguetona la mayoría del tiempo. Era una extraña sensación, pero verlo ser tan tímido y cuidadoso detrás de la puerta me hacían simplemente desearlo más.
_No...está bien.-Respondí finalmente.-_De hecho, sí quiero...
Murmuré por lo bajo mientras me acercaba más a él, haciendo que su pecho choque contra el mío. Sentía su pesada respiración en mi rostro, y su pecho subir y bajar lentamente. Ese sólo tacto con su cálida piel me había dado escalofríos en la espina dorsal.
Algo nerviosa, enrollé ambas de mis manos alrededor de su cuello, sintiendo como mi pulso aumentaba su velocidad estrepitosamente al sentir como él también se inclinaba hacia mi, dirigiendo sus manos a mi cintura. Mis labios encontraron los suyos, y a pesar de que comenzó como un tímido beso, rápidamente escaló a más. Ninguno de los dos perdió el tiempo en ofrecer un baile de lenguas dentro de nuestras bocas, en lo que nos encontrábamos ambos sabiendo el poco tiempo que nos quedaba. Debía de admitir que no pude evitar tener obscenos pensamientos acerca de cómo se sentiría el piercing de su lengua, y la realidad es que la fantasía en este caso podía no superar la realidad de la situación. Aquella mezcla de su suave y cálida lengua combinada con aquél frío metal provocaban una sensación de cosquilleo dentro de mí, y eso que siquiera me había tocado todavía. Me encontraba pensando en cuánto tiempo había llevado que mi ropa interior comenzara a humedecerse, mientras sentía como mi zona baja comenzaba a pulsar de sólo estar besándome con él.
Puso ambas manos en mi espalda baja, atrayéndome con fuerza hacia él. La calidez de sus grandes manos me habían hecho sonreir entre besos levemente. Mientras debería de haberme preocupado por no hacer demasiado ruido, realmente no podía importarme menos. Un realmente atractivo y engreído bastardo se encontraba tanteandome con su experimentada lengua y manos. Lo mejor de todo, era sentir que él me deseaba tanto como yo a él.
Su lengua delineó mis labios mientras sus manos bajaban por mi espalda hasta mi trasero, presionándolo con suavidad, pero firmeza. No pude evitar soltar un pequeño gemido sobre su boca. Ya no podía controlarme a mi misma, en lo que mis caderas intentaban buscar las suyas, frotándome levemente contra él. Esto provocó que tomándome de los hombros, me alejara de él mientras exhalaba de manera pesada. Sólo me observaba mientras yo me encontraba parada frente a él, con una mirada realmente confusa.
_¿Qué ocurr-
_¿Puedo hacer algo?-Me interrumpió delicadamente, mientras daba un paso hacia atrás intentando crear un espacio suficiente entre ambos.
Rápidamente fruncí mi ceño en confusión, mientras él inclinaba su cabeza hacia mi. Comenzó a bajar hasta quedar sobre sus rodillas, y finalmente fue allí que comprendí a lo que se referia.
_Oh.
Dejé salir casi de manera inconsciente.
_¿Sí o no?-Preguntó frente a mis piernas desnudas.-Emilia...
Susurró suavemente, aún más cerca de mi piel. Podia sentir su pesada respiración chocar contra mis píernas en lo que su nariz estaba cara a cara con mis caderas. Internamente, no podía evitar pensar acerca del reloj, y de cuánto tiempo nos quedaba presente. Mayormente porque a ese punto, no quería que esto terminara.
Mordí mi labio inferior y asentí en consentimiento hacia Enzo, en el cuál una juguetona y engreída sonrisa se dibujó en su rostro. Sin quitar sus ojos de los míos, posó ambas manos en mi cintura, notando la forma en la que su tacto me hacía estremecer. Al ver que su sonrisa permanecía en pie, en aquél instante supe que ese odioso imbécil que había conocido en la cocina estaba bien presente alli conmigo, aquí y ahora.
Quizás aquél muchacho tímido y cuidadoso había sido puro acto. Quizás el bastardo engreído nunca se había ido. O quizás peor...a lo mejor era ambas cosas, y simplemente depende el momento veía a una parte u otra actuar.
Con una expresión juguetona subió mi falda hasta la altura de mi cintura, y sonrió mientras con su vista saboreaba de manera lasciva mi ropa interior que ya se encontraba húmeda. Realmente en ese momento deseaba haberme puesto algo más decente que un simple conjunto de ropa interior de algodón color negra, pero aquél pensamiento dejó mi cabeza en el momento en el cuál sentí su boca sobre la tela que cubría mi zona íntima, y comenzó a lamer. Sentir la protuberancia de su piercing que chocaba contra mi provocó que casi de manera inconsciente hiciera mi cabeza hacia atrás al sentir la extraña y nueva sensación. Por supuesto que de todas formas, era más que bienvenida. Sus lentos y tortuosos movimientos provocaban que el calor de mi cuerpo aumentara cada vez más, sintiendo como el punto húmedo de mi ropa interior aumentaba y le sentía saborearlo con frenesí.
Ante el mar de sensaciones recorriendo mi cuerpo, una de mis manos viajó hasta su cabello, tirando de él y provocando que suelte una pequeña risita ante ésto.
_Puedes sostenerte tranquila.-Soltó suavemente contra mi piel.-_Yo te tengo.
Sentí como el rubor subía por mis mejillas cuando me dí cuenta de qué tan excitada me encontraba ante la situación, pero Enzo no parecía importarle demasiado esto. De manera sorpresivamente gentil deslizó mi ropa interior por mis piernas, encargándose de acariciarlas con su pulgar en el camino de manera suave y delicada. Pero rápidamente su actitud cambió en cuánto quedó cara a cara ante mi húmeda feminidad, en la cuál antes de que pudiera darme cuenta, volvió a meter su boca en ella y esta vez, de manera frenética.
La poca familiar sensación del frío metal contra mi clítoris me hacía enterrar mis dedos aún más en su cabello, mientras intentaba aguantar los gemidos que intentaban salir de mi boca, cosa que sólo alentó a Enzo a acercarme incluso más a su rostro de lo que ya estaba. Agregó presión con su lengua sobre mí y podría decirse que nunca había experimentado tantas sensaciones distintas ocurriendo en mi cuerpo al mismo tiempo.
Enzo sostenía mis caderas con un fuerte agarre mientras lamía y succionaba en distintos puntos sensibles en mí, hundiendo su rostro en mi entrepierna.
_Maldita sea...-Solté ahogadamente desde mi garganta, intentando hacer el menor sonido posible.
Sentí como nuevamente sonrió a través de mi piel mientras que con su lengua hacía juguetones círculos a través de mi clítoris. Antes de que pudiera exigir más, posicionó una de mis piernas arriba de su hombro. Allí empujó su lengua nuevamente en mí, mientras la punta de su nariz acariciaba mi sensibilidad de roce en roce, provocando que me estremeciera ante su tacto. En ningún momento él quitó sus ojos de mí, aún cuando se encontraba haciendo ese trabajo. Sus manos subían y bajaban en forma de masajes desde mis piernas hasta mi trasero, el cuál ocasionalmente estrujaba entre sus manos, mientras en cada intento me presionaba aún más sobre él.
Realmente su boca me estaba devorando como si fuese su última cena.
_No...No pares.
Salió de mis labios como pude, mientras le sentía explorar cada una de mis terminaciones erógenas. Dentro de mí ya sentía recorrer aquella sensación de cosquilleo que anunciaba que mi orgasmo estaba cerca. Rápidamente sentí aquella sensación eléctrica comenzar desde mi estómago hasta el resto de mi cuerpo, en donde casi me fallan las piernas del mismo subidón, en cuanto mi cuerpo intentaba disfrutar cada ola de placer que aquél orgasmo me había otorgado.
Una vez más, Enzo sonrió de lado mientras esperaba a que me recupere, dejando por mis muslos internos unas hileras de suaves y húmedos besos en el camino. Para el momento en el cuál él se puso de pie, aún estaba intentando regular mi respiración.
Estaba agradecida de que había tenido la amabilidad de subir nuevamente mi ropa interior por mi, y en el momento en el cuál observó que mis piernas aún seguían algo temblorosas se inclinó hacia mi rostro, dándome un pequeño beso. Su boca seguía algo recubierta de mis líquidos y me tomó todo el esfuerzo del mundo no gemir ante el pensamiento de lo pecaminoso que se sentía todo aquello.
Mientras seguíamos besándonos, instintivamente mi cadera intentó acercarse a él, sintiendo así la gran erección de su pantalón. Intenté ahora bajar yo en mis rodillas, pero él me sostuvo antes de que pudiera hacerlo, mientras negaba con su cabeza.
_No te preocupes por ello, no tenemos el tiempo suficiente de cualquier forma. Y...tampoco tengo un condón aquí.-Dijo mientras soltaba una pequeña risa.
_Pero...
Mordí mi labio mientras pensaba en que había sido la única que había recibido algo de este encuentro. Se sentía un poco feo, ya que también había estado en el lugar de no obtener ningún orgasmo, y detestaba ser de las personas que reciben y no dan nada a cambio. Sin embargo antes de que pudiera decir algo más un timbre sonó, indicando que nuestro tiempo había acabado. Una ola de desilusión cayó en mi, mientras me daba cuenta de qué tan poco tiempo lo eran siete minutos.
Enzo rió ante el pequeño puchero que hice con mi boca al ver que se había terminado, y con ambas manos sostuvo mi rostro.
_Escucha, yo...
_¡Enzo! ¡Sal de ahí ahora! El tiempo ya se les acabó.
Él rodó sus ojos al oírle, mientras ignoraba los reiterados golpes en la puerta. A pesar de ellos, en ningún momento quitó sus manos de mi rostro.
_Maldita sea.
_¿Estas seguro? Es que...-Comencé a balbucear.
_¡Ya salgan de ahí, tortolitos!-Se oyó nuevamente a través de la puerta.
_Por el amor de dios, Marcus ¡Cierra la maldita boca!-Gritó en respuesta.
Rodó sus ojos nuevamente y dejó un pequeño beso en la comisura de mis labios.
-Enzo...-Dije nuevamente, aún con el mal sabor en mi boca.
_Está todo perfecto. Además, ¿Quieres que te sea honesto?-Se acercó hasta mi oído, susurándome en él.-Sólo quería probar su sabor.
Se alejó con una perversa sonrisa mientras comenzaba a salir del clóset. Estaba casi segura de que antes de salir yo también detrás suya, le vi limpiar sus labios húmedos con su dedo pulgar, para luego meterlo a su boca sin reparo alguno. Como si se tratara de un niño queriendo aprovechar cada pequeño rastro de dulce que quedó en sus manos.
Una vez fuera, se sentía extraño. Por un momento parecía haber olvidado que me encontraba en una fiesta, y mientras oía los aplausos y los abucheos por parte de todos, sólo me podía concentrar en los latidos de mi corazón acelerado, que podía oír incluso detrás de mi oreja.